Si The Beatles no hubiera existido…

Si The Beatles no hubiera existido, mis hijos no serían bilingües hoy;

tampoco tendría yo mi nombre;

y pues… el mundo entero no sería el mismo.

El video de Paul Mc Cartney en The Late Show se ha hecho muy popular, pero apenas lo vi hoy.

Lloré. No sé si porque estoy muy sensible últimamente, pero la historia de dónde salió la canción de Let it be, me conmovió mucho.

Cuando tenía unos catorce años, teniendo a disposición todos los discos LPs de mi papá, comencé a aprenderme las canciones de Los Beatles, con las letras que venían anexas, impresas en papel. Así, cantando sus canciones, fue como poco a poco empecé a enseñarme a hablar inglés. O mejor dicho, así fue como Los Beatles me empezaron a enseñar a hablar inglés. Más tarde seguí aprendiendo por mi cuenta, y cuando me convertí en mamá, les hablé en inglés a mis hijos desde bebés, por lo que ahora son bilingües. Pero mi encanto por la lengua comenzó muchísimo tiempo antes, con las canciones de The Beatles.

Aprenderse las letras de sus canciones, también era un hobbie particular que compartí con mi novio de adolescencia. Él era otro weirdo que al igual que yo, le daba por oír canciones de los 60’s a finales de los 80’s.

También lloré al final del video, cuando Paul McCartney canta a un público reducido, en donde la acogida fue muy emocionante. Me sentí parte de ese público. Seguramente ellos cantaban de emoción, no solo por oír y ver a Paul, sino también por haber revivido repentinamente tantos recuerdos que marcaron sus vidas.

Aquí les dejo el video.

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Sin bolsa por favor

Quisiera invitarte al grupo Chao Bolsas Plásticas de Facebook!

Acabo de publicar allí un link de la página web Treehugger en que hace referencia a la campaña a largo plazo que National Geographic lanzó en Mayo de este año 2018, con una bolsa de plástico en la portada, simulando un iceberg, con el sugestivo título “Planet or Plastic?”

Aquí en Querétaro supuestamente iban a prohibir las bolsas plásticas que entregan los supermercados, tienditas y mercados populares, en abril de este año, pero luego se echaron para atrás, no sé por qué.

Sin embargo, en unos cuantos sitios sí he visto que, o ya no entregan bolsas desechables, o tienen un cartel que te pide que traigas tus propias bolsas. También he visto con agrado que muchos cajeros de supermercados te dan las gracias por traer la bolsa y te dicen que ojalá todo el mundo las trajera.

Una vez le comenté a una de ellas en una tienda de conveniencia, que aquí no vendían bolsas reusables prácticas que fueran fácilmente transportables como las que yo tenía (que se doblaban pequeñitas) y ella me respondió un poco sarcásticamente: “pero si andan con mochilas, ahí pueden meter lo que compren”, y le respondí que tenía razón. En realidad son las ganas de hacer las cosas.

Hasta el próximo post!

En el Acuario de Ciudad de México

La semana pasada fuimos a Ciudad de México por un par de días para hacer unas diligencias consulares, así que aprovechamos a ir a conocer el Acuario Inbursa y el Laboratorio Acuático Blau (los dos, incluidos en un solo precio). Tomamos un autobús de lujo en la terminal de Querétaro y llegamos a la de México Norte en CDMX.

La terminal de Querétaro casi parece un aeropuerto y los autobuses de ETN Turistar casi parecen aviones (hasta con pantallas interactivas con películas, música y videojuegos; aunque yo solo oí música porque me mareo muy fácilmente).

S, mi hijo de ocho años ha sido fanático de los tiburones desde los tres años y ésta iba a ser la primera vez que iba a verlos en la vida real. No sé quien estaba más emocionada, si él o yo.

Él asumió su papel de guía inmediatamente, y me señaló los tiburones de punta negra. Luego seguimos encontrándonos con gran variedad de animales marinos, desde tortugas, pasando por serpientes, langostas y demás. Hasta R, mi hija de trece años estaba de lo más entretenida.

Sin embargo, lo que más nos gustó a los tres fue la exhibición de los pingüinos (a S también le gustan mucho, aunque no tanto como los tiburones). Parecían sacados de la película Happy Feet, todos caminando en grupo como si fueran personitas.

Cuando íbamos a salir, cayó un diluvio y tuvimos que esperar como una hora en la tiendita de souvenirs. Cuando por fin amainó, fuimos al Laboratorio Acuático Blau, el cual tenía más especies marinas vivas, pero sobretodo, tenía una función más educativa.

En un infográfico hacían mención de la contaminación por plástico en el mar, aunque se les olvidó decir que todo lo que botamos a la basura, que creemos que va 100% al vertedero, en realidad puede llegar muy fácilmente al océano. En otras palabras, se les olvidó aclarar que esa basura no solo viene de gente que lanza basura al mar, ni de gente inconsciente que deja basura en la playa, sino que también viene de nuestras casas (y que por eso hay reducir el consumo de plástico, en general, en todos los ámbitos de nuestra vida, especialmente los desechables).

La pasamos muy bien y los recomiendo. Cinco estrellas Trip Advisor!

La vaca que no es azul

“Porque si ves una vaca, no le haces caso, pero si la vaca es azul, eso sí es interesante…”

Algo así leí una vez, y mi primer pensamiento fue: “pero y por qué no le vas a prestar atención a la vaca blanca?” y me acordé de una vez, saliendo de Querétaro, que de repente salieron una vacas en un campo al lado de la carretera, y yo gritándole a los niñitos: “Vaacaaaas!!!” Miren las vaaacas!”.

Casi siempre he vivido en grandes ciudades; unas vacas que salen de la nada, no importa el color que sean, son muy interesantes para mí.

Esta mañana, manejando a unos pocos minutos de mi casa, también vi una vaca. Y caballos (cabaaaaallos!!). Me parece divertidísimo que El Pueblito (así se llama donde vivo) sea realmente un pueblito, con animales y todo. Una vez un rebaño de ovejas se perdió, y apareció en el portón del conjunto residencial donde vivimos, qué tal?

Hoy también probé una fruta bien rara, se llama lichi. Es como un mamón más dulce, más carnoso, y rojo por fuera. Delicioso. Se los compré a un tipo que los vendía en la calle.

En Venezuela, cuando alguien hace algo para divertirse espontáneamente, le dicen: “tú sí te diviertes barato”. En mi caso, sería, “tú si te alegras barato”.

Todos los humanos tenemos derecho a divertirnos y alegrarnos, a ser felices, siempre y cuando no hagamos infelices a los demás.

Pero hay ciertas personas que son infelices si uno es feliz. Les molesta de sobremanera que uno sea feliz.

En ese caso, ese tipo de infelicidad ajena, la que aparece porque uno es feliz, no es nuestra responsabilidad y se llama envidia.

Cuando uno ve que otra persona se molesta porque uno es feliz, hay que lavarse las manos como Poncio Pilato: eso no es mi problema.

Uno se voltea, se aleja, y se pone a buscar otras vacas que no sean azules… y nada más.

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Lichi

Mamón

Nadando soy feliz

Hace un poco más de año y medio, comencé a nadar en las mañanas. Eso me ayudó a bajar unos kilos extra que tenía encima y me motivó a mantenerme en forma.

Sin embargo, luego de varios meses, tuve que suspender la natación por un tiempo porque tuve un esguince en un tobillo.

Luego la retomé, y ya llevo 10 meses nadando de lunes a viernes.

La natación se ha convertido poco a poco en una parte muy importante de mi vida. Ya no son solo las ganas de estar en forma físicamente. Ahora son las ganas de estar psicológicamente en forma también. La natación se ha convertido en mi terapia, en mi antiansiolítico, en mi antidepresivo, y en mi pastilla para dormir.

Al principio hacía tímidamente veinte minutos. Luego media hora. Un día me atreví a hacer una piscina en estilo mariposa. Luego me extendí a nadar una hora entera, bien despacito (no me fuera a cansar demasiado y terminara desmotivándome). Luego un día hice dos piscinas enteras estilo mariposa.

De repente hoy, sin darme mucha cuenta, hice una hora entera, no despacito, sino a buena marcha, y también, como para ver qué pasaba, hice tres piscinas estilo mariposa (el cual es más difícil y agotador que los otros tres estilos, que son los que hago usualmente).

Puede que mis avances no parezcan gran cosa, pero para mí son enormes. Todavía recuerdo lo cansada que me sentía después de veinte minutos de natación, hace apenas unos pocos meses. Es realmente increíble. La verdad que nadando, me siento muy feliz.

Corazonadas

A veces algo sucede, como un evento o comentario inesperado, y se me acelera el corazón. Me cambia el humor, y me encuentro con un torbellino de emociones incómodas.

En el pasado, mi primera respuesta era ignorar lo que estaba pasando y seguir con mi día, ya que no le encontraba una razón lógica a todo aquello. Como no había manera de explicar lo que me pasaba racionalmente, lo ignoraba, dejando que el cerebro tomara las decisiones.

Yo no lo sabía, pero esa taquicardia, ese dolor en el pecho, era mi corazón reaccionando a algo que no le gustaba.

Era una corazonada.

Fue un error no prestarle atención.

Ahora me detengo, tan pronto como pueda, en lo que sea que esté haciendo, para escuchar a mi corazón. Qué me dice? Cómo se siente? Es irracional?

Usualmente la respuesta es sí, es irracional. En el pasado, como no lo entendía, me “tragaba” el sentimiento y lo hacía desaparecer.

Lo que yo no sabía es que los sentimientos tragados no desaparecen. Lo único que se hace es pasarlos de un lugar consciente a otro inconsciente. Lo único que uno hace es moverlos de un lugar a otro.

Ya no me trago más mis sentimientos. Ahora lo que hago es callar a mi cerebro por un rato para dejar que mi corazón hable…

Ilógicamente. Estúpidamente. Débilmente. Cobardemente.

Sea lo que sea que tenga que decir, así sea que a mi cerebro no le guste, lo oigo.

Los sentimientos no tienen lógica.

A veces no entiendo a mi corazón, pero aun así, lo escucho y le hago caso. Prestarle atención a mi corazón, es lo mismo que prestarme atención a mí misma… y vaya que me hace falta.

En bikini en mi casa

En un grupo de Whatsapp dejaron un mensaje esta mañana:

Que tengas un excelente día.

Mmmm… a ver cómo le hago porque …

ya no tengo señora de servicio!!

… y ya hay que limpiar porque ya no puedo seguir caminando por la casa tapándome los ojos para no ver, porque un día de estos me tropiezo y me caigo. Y la técnica de apagar la luz de la cocina para que desaparezca mágicamente el desastre, así como la de cerrar los cuartos de los niñitos para imaginarme que adentro todo está ordenado, ya no está sirviendo tampoco.

Hay que limpiar y además tengo que tener un excelente día. He aquí el problema.

Así que me puse un bikini, le eché agua a esos baños como una loca, me puse oír un libro que me recomendó una amiga mientras limpiaba, y les dejé un mensaje sorpresa a los niñitos para cuando entraran al baño.

Misión lograda! Porque sí tuve un excelente día, ya que después estuve de buen humor hasta la noche, recordándome de la loquera de limpiar en bikini.

Ahora a ver qué hago con el dolor de espalda y de rodillas que me quedó. Menos mal que tengo ibuprofen.

Hasta el próximo post!