Diferencias al echar un cuento entre un chileno y un venezolano

Ya van dos veces que oigo en la  radio, aquí en Santiago, Chile, lo siguiente (es parte de un comercial):

– Típico de un chileno, que está echando un cuento, y a la mitad del cuento, ¡Se le olvida lo que estaba contando!

– Sí – dice otra persona – ¡Parece que nos hubieran alimentado a todos con la misma leche de amnesia ! ¡Jajaja!

Bueno… ¿qué es lo que les estaba contando? Jajaja, soy venezolana, no chilena, y admito que, aunque a veces me pasa eso cuando me distraigo con otra cosa…  definitivamente no me pasa, así de la nada.

En el caso de un venezolano sería:

Típico del venezolano que si se le olvida lo que estaba contando, cambia la conversación para que nadie se dé cuenta:  ¡Epa, y no me contaste cómo te fue ayer! Por otro lado, si se le olvida algo del cuento, lo inventa. Esto pasa porque  la idea de echar un cuento  no es informar, sino entretenerse. Así que si se le olvida, hace uso de su exacerbada imaginación: “Y el pana Javier del bar, que lo conozco porque voy a cada rato a echarme palos, por cierto, yo creo que ese tipo es medio malandro”. Luego, si ve que está aburriendo a la otra persona, empieza a exagerar: ¡Qué te cuento, fueron como 30 birras que nos echamos Luis y yo, y casi la mitad la brindó Javier!  Además, si ve que está perdiendo la atención de sus oyentes, empieza a hacer lo mismo que los canales de televisión durante las propagandas: empieza a subir el volumen (¡Ah, por eso los venezolanos gritan tanto! Sí, por eso). El venezolano también mueve las manos – y todo el cuerpo si hace falta- e imita al protagonista del cuento  para que entiendas lo divertido – o trágico – de la situación.

Ahora imagínense un venezolano y un chileno que tratan de conversar sin tomar en cuenta las diferencias culturales: el venezolano se aburre o se desespera, y el chileno se espanta con la efusividad del venezolano (sobre todo si se ríe demasiado o alza la voz). Pero si ambos están conscientes de las diferencias, la experiencia cambia por completo, y hasta el venezolano puede llegar a bajar las revoluciones y dejar que el chileno hable sin interrumpirlo, y hasta el chileno puede que le regale una sonrisa en recompensa.

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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