Maneras extrañas de hacer ejercicio

Un día de  1991, nuestro líder scout nos dice que vamos a subir el Pico Humboldt que es parte de los Andes venezolanos. Yo vivía en Caracas, a por lo menos 12 horas en auto de allí, y aunque estaba acostumbrada a hacer excursiones, ésta iba  a ser una expedición mayor: unas 5 horas en subida, acampar, luego otras 5 hors, acampar, luego unas 4 horas para coronar el pico, (el cual permanentemente tiene un glaciar), y luego todo el camino de regreso.

Yo tenía 16 años, casi 17, pero a pesar de mi edad, mi condición física no daba para tal hazaña, yo sabía que tenía que entrenar. De paso que era una de las pocas mujeres, así que me tenía poner las pilas inmediatamente. Sin embargo, tomemos en cuenta lo siguiente: ya en esa época la delincuencia en Caracas era tal que a mí no me dejaban poner un pie fuera de mi edificio, sola. Así que salir a trotar o caminar, olvídenlo. Tampoco pensé en meterme en un gimnasio, no sé si fue por finanzas familiares, o porque no me podían llevar.

Se me ocurrió entonces ponerme a subir y bajar las escaleras de mi edificio de cuatro pisos. Lo hice varias veces, pero me aburrí. Déjenme en casa de mi abuela, les dije a mis papás, me quedo allí toda la tarde y aprovecho a nadar en la piscina de su edificio. Una vez lo hice, pero me morí de frío en esa piscina cubierta de árboles, a la que no le llegaba ni un rayito de sol. Ok esto no sirve para mí, me pondré a subir y bajar las escaleras de este edificio (el de mi abuela, que era mucho más alto que el nuestro). Así lo hice, y logré estar suficientemente entrenada como para subir el pico, aunque, como pueden ver en la foto de abajo, distaba de ser la que estaba más en forma (yo soy la única con un sweater verde… ¿Qué hacía yo con sweater? Todos los demás estaban con manga corta ¿?).

Después de hacer mis subidas y bajadas de escaleras me quedaba en el apartamento de mi abuela, esperando a que me fueran a buscar. Así descubrí que mi abuela tenía una rutina diaria: se ponía a caminar por su apartamento, mientras rezaba el rosario. En otras palabras, mi abuela, de unos 70 años, caminaba a diario, una media hora o una hora (¿Cuánto dura rezar un rosario?) .

Esto se los comento porque mi abuela tenía unas piernas espectaculares. Se imaginarán que ella no andaba enseñando las piernas por ahí, pero una vez que tuvimos que llevarla a la clínica de emergencia, me di cuenta. No tenía ni una várice, nada de celulitis, ni una mancha, nada. Algún factor hereditario debe haber habido, pero yo me pregunto por cuántos años no habrá ella caminado media hora, o una hora diaria rezando el rosario, y si eso no habrá sido la verdadera razón de sus espectaculares piernas.

Mi abuela – al igual que yo, con la subidera y bajadera de escalera en el edificio- se había inventado una manera de hacer ejercicio que se adaptaba a su personalidad y a su realidad. A veces me imagino la cara de extrañeza que hubiera puesto alguien que me hubiera visto en pleno sube y baja de escaleras, o si alguien hubiera ido a visitar a mi abuela, justo en plena caminadera/rezadera dentro de su apartamento. Hubiera sido muy divertido.

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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2 pensamientos en “Maneras extrañas de hacer ejercicio

  1. Sabes que ayer veia un documental q decia q rezar el rosario era equivalente en la mente a los efectos maravillosos de meditar. Go abuela! Y por cierto, no era ella tambien la q hacia 20 bicicletas en el aire en la cama antes de dormir?

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