Más feliz apretando el freno

Si uno pudiera ir más despacio, si uno se detuviera un momento antes de tomar decisiones (cualquiera de las miles de decisiones que uno toma cada día) en vez de ir por la vida en automático, en un default mode, uno iría más consciente, más despierto, y por tanto, más vivo.

Cuando voy al supermercado con mis hijos (una bomba a punto de explotar) con una lista larguísima, voy por los pasillos con el tick tack en la cabeza, y escojo casi sin detenerme (si lo hago, seguro el más pequeño se quiere bajar del carrito, o empieza a gritar) tomo la primera marca que tengo a mano, y repito este proceso por el número de productos que tengo en la lista… así  que siempre llego a la caja con una sensación de agotamiento pero también de relief. ¡Se acabó!

Eso mismo se repite en cualquier otra situación. En vez de detenerme a escoger qué  quiero hacer, la decisión automática es hacer lo que ahorre más tiempo. Así que empecé a imaginarme alternativas: en vez de comprar la primera marca – y así ir más rápido – escoger la que sea más amigable con el ambiente, pero que a la vez se ajuste al presupuesto y que sea de buena calidad; o  analizar la parte de arriba y la de abajo de los estantes, no sólo los productos que están en frente (y que están allí porque las compañías pagan más para que los veamos primero).

Yo les comenté en una entrada hace unos meses que había reencontrado mis ganas de ir a hacer compras de comida y víveres, cuando empecé a ir a los mercados de la calle (ferias o tianguis). Es cierto que eso me ayudó por un período, lo que pasa es que allí puedo hacer un 30% de mis compras, nada más.

Necesitaba hacer otro cambio, ya que el asunto de ir al mercado se me estaba volviendo una pesadilla otra vez. Entonces  decidí cambiar el modus operandi: me puse un límite en dinero de lo que podía gastar en el mercado cada día, y ahora voy todos los días al supermercado (algunas veces con mis hijos, otras no) y hago una compra que cabe una o dos bolsas de tela. Es tan poco, que no tengo miedo a que los chamos se salgan de control, puedo pensar con calma qué estoy comprando, ahorro, y  ahora hasta espero con ganas el momento de ir al mercado. Convertí en un juego el asunto: si no me paso del límite ¡Gané! y les digo que tener una victoria al día, así sea pequeñita te puede alegrar el día.

Piensen en este relato como una metáfora, pues no creo que ir al mercado todos los días sea buena idea para todo el mundo. Yo puedo ir en bicicleta o a pie, y por eso lo hago, si tuviera que ir en carro no lo haría, y probablemente tampoco lo haría si mi situación familiar, laboral, etc, fuera otra. Lo que quiero que vean es que, aunque ahora soy menos eficiente, soy mucho más feliz porque ahora cada vez que compro algo,  sé que estoy poniendo un granito de arena para mejorar las finanzas familiares (me doy tiempo de comparar precios) , para mejorar la salud familiar (puedo comparar ingredientes) y para mejorar el ambiente (comparo empaques e ingredientes). Imagínense que el otro día hasta me di cuenta que me estaban cobrando de más y me devolvieron plata, ¿qué tal?  El punto es que de vez en cuando vale la pena pisar el freno, ir más lento, y pensar.

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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