Anécdota del libro The Legacy of Luna

Legacy of Luna: The Story of a Tree, a Woman and the Struggle to Save the Redwoods

Me compré el libro The Legacy of Luna de Julia Butterfly Hill y comencé a leerlo. Todavía me cuesta creer que alguien, que nació unos días antes que yo, hubiera vivido por dos años, sin bajarse, en una plataforma en lo alto de un sequoia de más de mil años, a una altura de más de veinte pisos.

La estadía de Julia en el Redwood no fue idílica. En las primeras semanas los leñadores de la Pacific Lumber Company trataron de bajarlos (en ese época había otro muchacho con ella), incluso tumbando otros árboles alrededor que cayeron en las ramas del sequoia en que estaban ellos. Cortaban y cortaban árboles gigantescos – que habían estado allí mucho antes que la época de la colonia – con el objetivo de amedrentarlos. Ellos  habían tratado de razonar con los leñadores, y nada. El odio y la rabia comenzó a dar paso.

Pero Julia se dio cuenta que si dejaba que esos sentimientos la invadieran, ella iba a perder. Comenzó a rezar (su papá había sido un predicador evangelista) pidiéndole al Espíritu Universal – así lo llama en el libro – que le hiciera cambiar. Así pasó y comenzó a conectarse en un nivel más emocional con lo que la rodeaba. “No puedo llegar a los leñadores por medio de la ciencia o la razón, me tengo que acercar desde el punto de vista humano”, pensaba. Así comenzó a hacer avances en la relación con los leñadores, y un día se le ocurrió hacer algo diferente.

“Ellos tienen una preconcepción de mí. Me gritan, como un insulto, palabras como activista, ambientalista, hippie, etc. Tienen que darse cuenta que soy un ser humano como ellos”. Entonces buscó una foto que tenía entre sus cosas en la plataforma, la sacó, y la pegó a una bolsita con granola. Descendió todo lo que pudo y les lanzó el paquete.

En la foto ella aparecía en tacones, con un vestido de seda, maquillada. Era una de las mejores fotos que le habían tomado, en una fiesta de una amiga hacía unos meses. La idea era tumbar la preconcepción que tenían de ella los leñadores.

“¿Esa eres tú? No es posible”, se sorprendieron los leñadores. “¿Entonces qué haces allá arriba?” Los leñadores empezaron a bromear, diciendo que ella estaba allá arriba porque todavía no había encontrado un hombre. Que si ellos le conseguían un hombre, se les acababan los problemas. De allí en adelante la relación cambió, y Julia pudo defender el milenario Redwood.

 

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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