Unas palabras sobre las tiendas de todo por un dólar

Jajaja, todo esto es culpa de las tiendas de todo por un dólar, me dijo una vez un amigo cuando vivíamos en Miami. Estábamos en el garaje de él, buscando algo. No era el típico garaje americano atestado de cosas. Al contrario, estaba muy ordenado, pero, como muchas veces pasa, el mismo se estaba convirtiendo en el depósito de todas las cosas que no se usan.

La cuestión es que su comentario me dio justo en el corazón. Las fulanas tiendas de todo por un dólar se habían convertido en un vicio para mí, a pesar de que apenas había puesto un pie en suelo americano, yo me había jurado que no me iba a convertir en un consumista, que no me iba a gastar la plata comprando cosas. Pero mi cabeza logró darle la vuela y conseguir la excusa, con el maravilloso descubrimiento de las tiendas de todo por un dólar. Ningún problema si me volvía loca comprando cosas, total, si me compraba 20 cosas, eran 20 dólares, no es nada. Algo así como la viciosa de las apuestas que decide decir no- absoluto- más- nunca- jamás a los casinos, pero consigue unas maquinitas de monedas en el mall, y respira aliviada, mientras piensa, listo, esto en verdad no es un casino, y si pierdo el control, solo son unas moneditas.

Un tiempo más tarde, cuando nos mudamos a Guadalajara, México, me encontré de nuevo con las tiendas de todo por un dólar. Esta vez retomé el vicio, pero hasta peor, porque estuvimos como cuatro meses sin que nos llegara la mudanza, mientras vivíamos en una casa temporal. Durante ese tiempo, las tiendas ésas eran lo máximo porque podía comprar un montón de cosas y darme la ilusión de un hogar que no tenía. Por ejemplo, llegó navidad, y luego de comprar un arbolito y un nacimiento bien baratos, me fui a la tiendita de todo por un dólar a comprar  las decoraciones. Mi hija merece la ilusión de navidad, pensaba, y así, encontraba una excusa para cualquier cosa.

Sin embargo, pensemos. Así como nuestro auto disminuye un 10% de su valor en el momento que lo sacas de la agencia, lo mismo pasa con la cosas que compramos para la casa. ¿Han tratado de vender algo usado alguna vez en la vida? Yo sí, muchas veces, por tantas mudanzas que he tenido. El valor en que las puedo vender la mayoría de las veces (después de solo unos pocos años de uso) no pasa de la mitad del precio de compra original. Muchas veces no se venden y punto, como por ejemplo dos sofás que tuvimos que regalar en Miami antes de irnos a Italia.  Imagínense las cosas que se compran en esas tiendas baratas. ¿Cuál es el valor de esas cosas en tu casa, si en la tienda ya costaban solo 1 dólar? Estamos pagando por cosas que serán desechadas más pronto que temprano. En otras palabras, estamos comprando basura.

También está el tema de la procedencia de esas cosas. Si fueron hechas en China, por ejemplo, y luego fueron transportadas desde tan lejos  hasta nuestro país.  ¿Qué salario de esclavo habrá ganado la persona que trabajaba en esa fábrica, si lo que hizo se vende por un dólar? ¿Cuántas compañías que están pagando un salario decente a sus trabajadores tienen que cerrar sus puertas porque no tienen quien les compre sus productos? ¿Cuánto CO2 se habrá generado en la producción y transporte de esas cosas? ¿Qué tipo de supervisión me dice que esos productos no son tóxicos? ¿Cuánta basura innecesaria estoy generando con esa compra, no solo con el producto en sí, sino con su empaque?

Uno nunca gasta un dólar en las tiendas de todo por un dólar. La cuenta de una compra impulsiva, más otra, más otra,  sí impacta el bolsillo.  ¿No hay algo mejor que uno pueda hacer con esa plata? Y más importante aún que el dinero: ¿No podría estar haciendo algo mejor con mi tiempo, que es el recurso del  que todos los adultos carecemos más?

Hay una tiendita en la estación de metro cerca de mi casa en Santiago, que dice Todo a 300 pesos (algo así como 60 centavos de dólar). Cuando paso por ahí, volteo para otro lado a propósito, pero si me doy cuenta que inconscientemente estoy caminando para allá, como una mosca atraída por el dulce, con pensamientos tipo seguro hay unas colitas para mi hija, hago un acto de fuerza de voluntad, y si ya estoy poniendo el pie adentro, empiezo a hablar conmigo misma y me digo: No, no, no, no. Cierro los ojos por una micra de segundo, me doy vuelta y me voy.

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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