“Tenemos el poder de cambiar el menú”

“Yo no compro plástico nuevo. Esa es una afirmación muy fuerte y es casi verdadera. El americano promedio produce 100 libras (aprox. 45 kl) de plástico al año, y yo llevo menos de 2 libras (menos de 1 kilo)”. Así empieza la charla de Beth Terry, quien en el 2007, después de haber vivido toda su vida comprando botellas de agua y botándolas en la basura, escogiendo dobles empaques a propósito, y viviendo de barritas de cereal y comida congelada, se encontró con un artículo y una foto que la hicieron cambiar. El artículo hablaba de la contaminación de los océanos, específicamente, del Great Pacific Garbage Patch y la foto fue tomada por Chris Jordan en una islita en el medio del Pacífico, llamada Midway Island :

Era una foto de un albatros muerto y  lleno de las cosas que usaba todos los días. De repente, hizo la conexión: estaba haciéndole daño a una criatura que hasta ese momento ni siquiera sabía que existía, y tenía que parar, así de sencillo. Se puso a guardar el plástico que usaba, y como es contadora, creó una manera de medir la basura plástica que producía y la puso en un blog ( My plastic free life)

Mucha gente le preguntaba, ¿Qué diferencia puede hacer una sola persona que viva sin plástico? Pero ella respondía que los cambios de una persona pueden hacer una gran diferencia. Estas son sus razones:

– Dejar de hacer daño.

– Proteger la salud. Todos los plásticos contienen aditivos y  nadie sabe si son saludables o no, pues las compañías no tienen obligación de revelar qué contienen los plásticos que producen.

-Apoyar negocios éticos.

-Desarrollar nuestra propia ingenuidad y confianza en nosotros mismos.

– Examinar nuestros valores, ¿Qué tan importantes son ciertas cosas en nuestra vida?

– Pedir  lo que queremos. Ella pone el ejemplo de una compañía de detergentes que cambió sus empaques solo porque ella se los pidió, y el de los Brita Filters, que empezaron a reciclarlos luego de liderar una petición de miles de firmas y de haber recolectado cientos de filtros.

– Motivación para trabajar por el cambio sistémico. (Ir a votar, hacer peticiones para que cambien las leyes)

– Dar el ejemplo a otros.

Beth comienza su charla diciendo que su meta no es pedirle a la gente que eliminen el plástico de sus vidas, sino mas bien ser un ejemplo para que vean que sí es posible. También termina la charla con el mismo mensaje:

“Sepan que tenemos alternativas, que nuestras acciones personales importan, que podemos rechazar todos los plásticos que se usan solo una vez y no solo éso, podemos rechazar comprar las cosas que la publicidad nos dice que necesitamos. Tenemos el poder de cambiar el menú que nos está siendo ofrecido. Tenemos el poder de cambiar el mundo”.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

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