Escoger mis pensamientos cada mañana

pensar

Llevo ya unos años dando pasos para tener una vida más simple y más plena; en donde el tiempo invertido en carpintería sea menor y el invertido en arte sea mayor. En español sencillo: en hacer menos diligencias y rutinas tediosas y más actividades creativas que me hagan sentir que estoy viva. Ha funcionado, y el espacio mental y de tiempo que tengo para escribir este blog, me llena de alegría. Es una varita mágica con la que puedo cambiar mi mal humor a buen humor, mi negativismo en positivismo, mi desesperación en calma. Este espacio de silencio y de introspección es la base del resto del día. Sin él me siento un poco a la deriva. Es curioso, porque he oído comentarios parecidos de atletas que hacen ejercicio a diario o de religiosos respecto a la oración. No creo que sea casualidad.

La parte más mágica de estar sola por un rato es que luego aprecio mucho más mi tiempo de conexión con el mundo. Es como que en vez de tomar cualquier par de antojos que tenga a mano en la mañana por estar apurada, decido tomarme el tiempo de escoger el que más me conviene ese día. Sí, me imagino que esta práctica de escoger mis pensamientos cada mañana se parece al hábito de escoger la ropa. A mucha gente le preocuparía salir vestidos con lo primero que tengan a mano, al tomar algo del closet, medio dormidos,  con la luz apagada. Así mismo me siento yo cuando no he podido escoger mis pensamientos en la mañana por estar apurada o por tener otras cosas urgentes que hacer.

Este espacio de arte, en que escojo y adorno mis pensamientos con palabras, desahoga mis ansias de creatividad. Entonces luego puedo entrar en el mundo de la carpintería diaria, con ilusión, dándome cuenta que éste es también precioso. De hecho, sin esa carpintería jamás lograría salir adelante con mi arte (es decir, la alegría que me da escribir este blog). Entonces me dedico a esa carpintería, no como algo irremediable, sino más bien como si fuera la medicina a mis males del alma. ¿No es la medicina a veces amarga? Pero qué maravilla es luego sentirse bien. Es imposible eliminar todas las rutinas tediosas diarias y llega un momento, después de haberlas reducido todo lo que se puede, que no vale la pena intentar reducirlas más, porque entonces se elimina también el efecto terapéutico que tienen. Es más conveniente entonces aceptarlas con buen humor , y ya.

Por  Michelle Lorena Hardy –   Chicadelpanda.com

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