Yo maté a Sherezade, de Joumana Haddad

J Haddad

Extractos del libro Yo maté a Sherezade, confesiones de una mujer árabe furiosa de Joumana Haddad:

Verá, en nuestra cultura Sherezade es enzalzada como una mujer con estudios que tuvo los recursos, la imaginación y la inteligencia para poder escapar de la muerte sobornando “al hombre” con sus historias infinitas. Pero a mí nunca me ha gustado mucho esta trama de “soborno al hombre” , porque creo que transmite a las mujeres el mensaje equivocado : “Convence a los hombres, dales las cosas que tienes y que ellos quieren , y ellos te salvarán la vida”. Corríjame si me equivoco, pero resulta obvio que este sistema coloca al hombre en una posición omnipotente y a la mujer en una comprometida y de inferioridad. No enseña resistencia y rebelión a las mujeres, tal como se insinúa  al discutir y analizar al personaje de Sherezade. En realidad, les enseña a hacer concesiones y a negociar sus DERECHOS fundamentales. Las convence de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo o lo que sea, es el modo de “abrirse paso” en la vida.

Yo maté a Sherezade. La estrangulé con mis manos.

A decir verdad, no resultó tan difícil cometer ese crimen. Porque en lugar de defenderse, en vez de dar patadas, arañar y morder, como se supone que debería hacer cualquier personaje de ficción valiente, esa estúpida ¡se limitó ofrecerme una historia a cambio de su vida!

Maté a Sherezade con las manos de todos los hombres que han intentado, de diversas maneras y bajo máscaras distintas, cortarme la garganta.

Maté a Sherezade con las manos de todas las mujeres que han intentado , de diversas maneras y bajo máscaras distintas, hacerme creer que es correcto que un hombre me corte la garganta.

Maté a Sherezade  con las manos de todos los hombres y mujeres que han querido que yo renunciara a una parte de mí misma para que no me cortaran la garaganta.

Maté a Sherezade con las manos de muchos conservadores encorsetados que he conocido en mi vida, los cuales me han permitido ver la diferencia entre la ética humana imperecedera y los valores fútiles.

Maté a Sherezade con las manos de las modelos de Calvin Klein, de las chicas Bond y de todas las mujeres que son tratadas como apetitosos trozos de carne en revistas, películas, en las pantallas de televisión y en la vida real.

Maté a Sherezade con las manos de todos los hombres que han sido objeto de burla por parte de sus amigos machotes neandertales por tratar a las mujeres con consideración.

Maté a Sherezade con las manos de mi profesor de matemáticas de cuarto, que quería convencerme de que los niños eran buenos en los números y las niñas, en la cocina.

Maté a Sherezade con las manos de todas las muñecas Barbie  que contaminan la mente de todas las niñas pequeñas de todo el mundo.

Maté a Sherezade con las manos de todos los gritos que no me atreví a proferir, y con todos los “NO” que – todavía- no me he atrevido a decir.

Y, aunque por último no menos importante, maté a Sherezade con las manos de Lilith: mi semilla, mi raíz, mi tierra y mi verdad.

Así es. Yo maté a Sherezade.

Porque una mujer árabe furiosa anda suelta. Con historias propias “no negociables”, con una libertad y una vida propias “no concedidas por nadie”.

Transcrito por  Michelle Lorena Hardy

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

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