Medio dormida

I'm working. Don't come any closer unless you have #coffee. I need this poster-sized for my cubicle!

Una amiga muy sinceramente me dijo “por lo que más te felicito respecto a tu libro es que hayas tenido la voluntad de escribirlo todas las noches”. “Gracias” , le dije , mientras pensaba, ésta es una de las mejores felicitaciones que me han dado (¿O se lo dije? No me acuerdo). Esta amiga es una colega mamá, reconoce el esfuerzo. Da las felicitaciones con conocimiento, con experiencia.

Lo que no le admití ese día fue que yo casi nunca escribo en las noches. Es más, no sé cómo hay personas, mamás sobre todo, que logran hacer algo en la noche. No sé si sea una cuestión de ciclos circadianos, de si uno es morning person  o no, o qué; pero yo en la noche usualmente estoy tan agotada que me duermo a la misma hora que los niñitos. En mi caso, el hecho de que casi siempre escriba en las mañanas se debe a que sigo medio dormida cuando empiezo a escribir.

Cuando pasé de 4to a 5to grado de bachillerato, pasé un mes de “verano” internada en una escuela militar. No, no era un castigo, sino una recompensa, ya que había sido escogida, junto con otros 120 muchachos en todo el país, para hacer un curso de preselección para unas becas en las que podríamos  cursar toda la carrera en el extranjero. La cuestión es que parte de la rutina diaria era que venía la banda marcial  a la ventana de nuestro “dormitorio”, la cual hacía que me temblara toda la cama y del susto, temblando todavía, caminaba hasta las duchas, abría una,  y me metía debajo del agua helada, mentando la madre, pero demasiado dormida como para hacer otra cosa. Todos los días hacía lo mismo, y todos los días yo era la primera en ducharme (de la “habitación” de como veinte mujeres en la que dormía yo). ¿Por qué la obsesión de salir disparada de la cama a la ducha apenas escuchaba la diana? Porque estaba convencida de que era la única manera de que me duchara todos los días. A esa hora, medio dormida todavía, iba como zombi al baño; pero más tarde, despierta, con mi cerebro funcionando, a sabiendas de que me esperaba el horror de esa agua fría, estaba segura de que iba a pasar un mes sin bañarme.

Así me pasa ahora: usualmente, si no escribo a primera hora, cuando estoy todavía medio dormida, no lo hago, ya que más tarde empieza la vocecita de la racionalidad: “no, no escribas de eso porque, X, Y o Z”, y termino no escribiendo nada. Ya se me acabó el café… así que hasta aquí llegué (por hoy, solo por hoy).

@chicadelpanda

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