Día de las Madres

Mi hijo de ocho años me dio una carta de Feliz Día de las Madres ayer (en México es el 10 de Mayo) que dice:

Te quiero porque:

Eres la mejor.

Me ayudas con cosas.

Me cuidas.

Eres la mejor mamá.

Me enseñas cosas.

También me regaló una taza en la que imprimieron un dibujo suyo, y mi hija mayor, quien ya está en secundaria, me regaló un llavero hecho por ella. En el colegio no hubo celebración, pues hacen una sola en junio, familiar.

Así que ayer no hice nada más que estar en pijama todo el día, viendo Netflix (y preparando comida, etc, el “no hacer nada de las mamás” nunca es literal). Me relajé y compartí con mis hijos.

Hoy, todavía estoy con la sonrisa que apareció en mi cara ayer, después de leer que soy la mejor mamá. Sí soy la mejor mamá! (En que parte del curriculum se pone eso?)

Que tengas un lindo día!

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Depende de la hora del día

Mentiría si digo que hoy es un día triste, pero también mentiría si digo que no lo es.

Hoy ha sido un día extremo, de entre los días tipo “Michelle, separada”. Baja y baja el carrito de las emociones por su montaña rusa y de la nada, una vuelta violenta de 90 grados en horizontal para alinearse y comenzar otra vez, sube, sube… y luego otra vuelta, un pequeño círculo horizontal, para luego, repentinamente bajar a cientos de kilómetros por hora…

Mi día empezó llorando y al mediodía estaba riendo.

Me han preguntado, cuando la gente se entera que estoy separada, “y cómo estás?” y yo respondo “depende de la hora del día”.

Son las 6:24 pm y tengo agua en los ojos, pero las lágrimas no se deciden a caer.

Ya hace un año que …

la nave en que viajaba dejó de funcionar.

Empezó a echar humo, todas las alarmas se dispararon, mayday, mayday…

Crash.

Desorientada, salí de ella. Todavía no entiendo bien donde estoy.

Como Buzz Light Year, cuando se dio cuenta que no era un Space Ranger… “all those years of academy training wasted!” (todos esos años de entrenamiento de academia, desperdiciados!) así estoy yo.

Y así, como él, recuerdo que hay dos niños que me quieren más que nadie.

Y trato de repararme, busco el brazo que se me cayó, me lo vuelvo a poner, y comienzo la odisea de llegar a ellos.

Cuando lo hago, me ven, y dicen: “Oh, look, I found her. She was here all along” (Oh, mira, la encontré. Ella estuvo aquí todo el tiempo), sin saber que su mamá, en realidad, estuvo muy lejos.

A pesar de todo, de alguna manera siempre logro regresar a ellos.

Siempre. No se cómo, no hay explicación. A mí me gusta pensar que es un milagro, el milagro de ser mamá.

Mi Credo

Av. universidad

Creo en el amor, el pegamento que lo une todo, lo que conocemos y lo que no sabemos que existe.

Creo en Dios, o la Diosa, quien me creó, me cuida, y no tiene sexo.

Creo en la tolerancia, el asidero del respeto.

Creo en la amabilidad, fuente de alegría rutinaria.

Creo que el valor de un ser humano, reside en simplemente serlo.

Creo que lo que define a una persona, son sus principios.

Creo que todos tenemos el derecho de vivir en dónde, y cómo, más nos guste.

Creo que ser mamá, es una vocación.

Creo en el poder infinito de las palabras.

Creo en la simplicidad voluntaria, como la ruta para domar la complejidad de mi mente.

Creo que los humanos somos al mismo tiempo, importantes e insignificantes.

Creo que mientras esté respirando, sigo ganando este gran juego que se llama vida.

Creo que cuando mi cuerpo muera, mi alma seguirá viviendo,

y que cuando eso pase, me enteraré del sentido, de todo lo que hoy no entiendo.

Nuestro lado oscuro, digo, morado

Esta mañana le digo a S, mi hijo de cuatro años: “aquí te dejo el uniforme, para que te lo pongas. Sé que sí sabes, porque cuando papi te lleva al colegio, te vistes solo”, a lo que él responde: “y papi no está aquí”.

El otro día R, mi hija de nueve años, me dice: “Fulanita me dijo que ella se porta mal en el colegio, porque se porta bien en su casa; yo soy al revés”. Por supuesto, al igual que con el caso de S, la línea de razonamiento lo deja a uno rascándose la cabeza, preguntándose pero ¿por qué?   ¿O será que como humanos tenemos que portarnos mal en algún momento, solo que los niños son más descarados y lo admiten, mientras que nosotros los adultos, no?

Cada vez me convenzo más de que todos, toditos, tenemos un minion morado latente. Por más que queramos mostrar al mundo lo contrario, por alguna parte sale. Se puede ocultar por años y años, pero eso no quiere decir que no esté allí. Los adultos, como los niños, tenemos también nuestro lado morado. Cuando criticamos a otros y nos sentimos superiores, es un síntoma de que, o no conocemos nuestros propios minions morados aún, o se nos ha olvidado su existencia.

A veces (ok, muchas veces) se les sale el minion morado a mis hijos. Yo sé que también son el minion amarillo, y por eso no me desbalanceo  (ok, no siempre, pero casi). Sé que el minion amarillo vuelve. Ese sentimiento, esa paciencia, o ese ver más allá de las apariencias, es lo que es el verdadero amor. Es muy fácil amar a un minion amarillo, pero eso no es profundo. El amor esencial es el que sale cuando aparece el minion morado, ya sea, el de mis hijos, el de alguno de mis seres queridos, y sobre todo, cuando aparece el mío mismo.

Michelle L. Hardy

chicadelpanda.com

@chicadelpanda

Oídos prestados

 

 

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De repente ayer, un día como cualquier otro, me traen el café más bello de mi vida, y además, con la imagen de un oso (si esto no es una señal del destino, no sé qué es, jeje). Así que  me tocó escribir. No he estado posteando con regularidad porque estoy  editando un libro con lo mejor de este blog, y como he estado blogueando desde el 2010, me está tomando una buena tajada de tiempo; pero estoy feliz pues ya por fin se le está viendo forma.

He estado trabajando en cafés, en mi casa, en la biblioteca, e incluso en gran parte de las dos semanas de vacaciones de mamá que estuve en Caracas (fui  a visitar a mis papás, sin mis hijos). Sin embargo,  en los cafés aquí en Ciudad de Panamá, aunque he hecho todo lo posible en concentrarme en lo mío, no  he podido dejar de prestar atención a las entrevistas de trabajo, o de agentes de bienes raíces, a venezolanos que, según he podido oír sin querer-queriendo, acaban de llegar. Algunas parecen legítimas, pero en otras me provoca voltearme y decirles “¡Huye por la derecha!” Ya se verá  en qué terminará este experimento social en que tanta gente preparada llega a un país tan pequeño, en tan poco tiempo (no son solo venezolanos, por cierto, también están llegando, pero en menor cantidad, argentinos, españoles e italianos).

Volviendo a lo del libro, espero tenerlo listo pronto y que lo disfruten, para que vean, oigan y sientan con los ojos, oídos y piel, no solo míos, sino de mis hijos también, ya que los mundos de otros enriquecen los propios. Por ejemplo  anteayer S (mi hijo menor de cuatro años) me dijo, mientras ordenaba su cuarto: “mami escuché una ballena” y yo sorprendida y maravillada a la vez, pues hacía unos pocos minutos había terminado la práctica de una banda marcial colegial que tenemos cerca, la cual me estaba volviendo loca. Es decir, yo malhumorada por  el estruendo, y él escuchando  ballenas, desde el mismo apartamento y casi al mismo tiempo (él las “oyó” después de que terminara el ruido) “¿De verdad?” le pregunto, y me dice “sí, estaba ahí en el mar”, y señala hacia el Océano Pacífico, el cual se ve desde su habitación. “¿Y yo la puedo oír?” le pregunté y me dijo sin mirarme, mientras seguía ordenando sus juguetes, “sí”. Sonreí, mientras pensaba, gracias S por prestarme tus oídos para oír ballenas. Te quiero.

 

Tratando de enfocarme

Intento del golpe de estado del 27 de noviembre de 1992

¿Dónde están los aviones que rompieron la barrera del sonido … los que en uno de los dos golpes de Estado fallidos que tuvimos en 1992 pasaron por los cielos caraqueños, haciendo un ruido tan infernal y ensordecedor, que yo, habiendo estado cerca de la ventana de la casa de mis padres, salí corriendo lo más lejos posible hacia el interior, esperando a que los vidrios estallaran, pues estaba segura que había caído una bomba en el jardín? Hubiera sido más sincero, más real, a lo que pasó ayer: un burdo “gobernar por decreto” que no es sino un golpe de estado calladito.

Lo que me ha ayudado a concentrarme para escribir este pequeño párrafo es una joya musical que descubrí hoy. Se la dedico a todos aquellos que se consideran ciudadanos del mundo:  espero que esta navidad sea muy feliz para ustedes, y que sea la excusa para recordar a nuestros amores y decirles que los queremos.

Gracias por leerme…

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

Cree

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Llego a la caja justo a tiempo para oír al señor mayor que está delante de mí, decir triunfante: ¡Feliz de estar vivo!  La cajera me dice que el señor va todos los días al supermercado, y que todos los días está con el mismo buen humor.

En el Parque Omar un señor muy, pero muy mayor está hablando con una de las guardias. Está paseando un perrito. La guardia me cuenta que el señor tiene más de noventa años y que todos los días va al parque a pasear su perro que está ciego.

Hoy estoy feliz de estar viva también. Y quería contarles una cosa: anteayer me sorprendí oyéndome decir que este asunto de vivir de manera ecológica era algo en lo que creía y que era muy chévere vivir según lo que creía. Es decir, usé la palabra creer, una palabra que se usa en las religiones. ¿Estoy en peligro de caer en una secta ecológica? ¡Tanta caminadera  y servilleticas de tela! Esto se está poniendo sospechoso. ¡Cuidado! Mmmm. Sí. Ya me mandaron un email alertándome de las sectas, no crean.

El asunto de desenchufarse de lo que se espera de mí, de los comerciales, etc, libera. Es dejar de buscar la vida que me venden todos los días, de tener más, estar más cómoda y tener más dinero, por la vida que me provoca vivir. Esta vida tiene más que ver con conectarse con los demás seres vivos – empezando con los seres humanos que quiero – e incluso con los no vivos (o que se me han adelantado en este viaje). Tiene que ver con conectarse con los otros seres que apoyan mi propia existencia, sin los cuales mi propia vida sería imposible. Tiene que ver con conectarse con todo lo que una máquina no puede hacer por mí. ¿Y saben qué? ¡Me gusta!

 

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com