Casi cuarenta y cinco años

Hace más o menos un año, cuando ya llevaba unos seis meses separada, se me metió en la cabeza que cuando cumpliera cuarenta y cinco años, iba a estar en la mejor forma que haya estado en mi vida.

Mi cumpleaños va a ser en una semana más o menos, y ya cumplí mi meta. En teoría me iba a tomar una foto en bikini, pero todavía no estoy tan valiente, jaja.

Ayer una amiga me pidió la receta y le mandé un mensajito con la carita que tiene los dientes tensos, que decía: “Divorciarse”.

También podría añadir: montar bicicleta, yoga, caminar, nadar, hacer senderismo, correr, escalar, bailar… Qué me falta? El clima de México para estar al aire libre sin problemas, así como unas ganas desesperadas de salir de la casa y ser libre.

Este fin de semana por fin subí hasta las antenas del Parque Nacional Cimatario de Querétaro (llevaba tiempo queriendo hacerlo) y uno de los guías del parque me ofreció bajarme en su cuatrimoto. Le dije que sí (porque me encantan las cuatrimotos, y porque así protegía mis rodillas) y me monté detrás de él, mientras leía un poco escéptica, una calcomanía que decía que no debía subirse nadie como pasajero. Pero decidí hacerle caso omiso, porque cuando había empezado a subir, había visto a un señor de la tercera edad bajando del cerro montado como pasajero en una cuatrimoto también, así que me dije “si él se atreve, yo también” (aunque para ser honesta, no tener casco me tenía un poquitín preocupada).

Apenas me subí, recordé lo divertido que lo pasé en California el año pasado, haciendo lo mismo, pero manejando yo. El señor, como si me hubiera leído el pensamiento, me preguntó que si quería manejar, y le dije “es que no me atrevo”, mientras me reía para mis adentros, oyendo una vocecita imaginaria que decía, “mentirosa!” Lo que pasa es que no me encantaba la idea de que el guía me estuviera abrazando por detrás para sujetarse mientras yo manejaba.

Al día siguiente fui a Comonfort, un pueblito mágico que queda a una hora de aquí, con la intención de tomarme la foto histórica de mis cuarenta y cinco años. Caminé un rato por el centro, y le pedí a un par de personas que me tomaran unas fotos. Misión cumplida! Y regresé a mi casa, manejando feliz, por las autopistas Guanajuato.

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Las Personas Altamente Sensibles

Hace poco compartí un post en Facebook que dio mucha risa. Así decía:

Hay gente q no soporta cierta ropa, zapatos, etc. Debo admitir q sabía q me estaba mintiendo, pero es que… yo soy igualita 🙈😬😅

Yo, esta mañana: “S. hoy tienes q ir de gala, ponte el chaleco”

Él: « No mami, yo le pregunté a la profesora y me aseguró q no hacía falta ».

Sucesivamente puse una foto en donde se veían todos los alumnos de tercer y segundo grado, con sus chalecos azules, y en el medio, como un lunar, se veía un niño de blanco, sin chaleco (se imaginan quién era).

A todo el mundo le dio risa, menos a una persona, quien me dijo que ella también tenía un hijo así y me pidió que le diera tips.

Ese día me reí con la foto en cuestión, pero la realidad es que la mayoría de las veces no ha sido así. Mi hijo S y yo somos Personas Altamente Sensibles, lo cual no es un nombre que me acabo de inventar para justificar una malcriadez. Ser una Persona Altamente Sensible es real.

Conseguí un artículo muy bueno que explica qué es ser una PAS (link al final). Quisiera citar de allí lo siguiente:

Quizás lo más importante es saber que, como se trata de un rasgo, no se puede hablar de una cura. La alta sensibildad por lo tanto, no es algo que se puede curar. 

Se puede encauzar, pero no se puede curar, repito, no es que a fuerzas, obligando al niño, lo vas a curar.

Les cuento mi experiencia. Hasta el sol de hoy, mis padres cuentan de aquella vez cuando yo tenía cuatro años, en la que me quedé sin ir a un paseo a los bomberos porque no soportaba unas medias. La opción era “o te pones la medias o no vas”.

Lo que recuerdan mis papás es que me dieron una lección, mientras lo que yo recuerdo fue haber evitado toda una mañana de tortura, así como un alivio inmenso, cuando me dejaron en la casa.

Volviendo al caso de mi hijo. Yo sabía que me estaba mintiendo, pero si lo obligaba a ponerse el chaleco se iba a sentir mal de repente, lo cual usualmente es que le duele la barriga o le empieza a picar la garganta, se angustia, y empieza a decir que no puede respirar bien.

Yo sé que él ya estaba haciendo un esfuerzo enorme en ir al evento en cuestión, pues tampoco los soporta, imagino que por lo alto que suenan los micrófonos cuando la gente habla, o cuando tocan el himno. En otras ocasiones, en que en el colegio hay celebraciones especiales, a las que él no ha querido ir, pero a las que yo lo he obligado asistir, terminan llamándome del colegio porque S se siente mal. Es posible que haya habido algo de actuación en el asunto, pero sé, porque lo he visto en otros sitios en que hay demasiado desorden de gente, que su angustia y sufrimiento es real.

Cuando lo busqué al colegio el día del acto cívico, le dije que tenía una foto que demostraba que sí necesitaba el chaleco. Él empezó a mentir de nuevo (esta vez cambió el cuento, y en vez de decir que era la profesora, dijo que había hablado con la directora) y lo corté en seco. “S, yo no te voy a obligar a que te pongas nada. Tú escoge lo que te vayas a poner, si te regañan o te castigan, tú enfrentas las consecuencias; pero no me vuelvas a mentir”. Se quedó tranquilo.

Ser una PAS quiere decir que oyes cosas que más nadie oye, hueles cosas que más nadie huele, etc. Por ejemplo, si yo entro a un Starbucks sin música, tengo que hacer un esfuerzo para calmarme hasta que compro el café y huyo a la parte de afuera, o hasta que le pido gentilmente al personal que por favor (por piedad, en realidad) enciendan la música. Por qué? Porque oigo TODO: las licuadoras encendidas, las bebidas que sirven, el vapor de la máquina de café, las conversaciones de cada una de las personas, las puertas que abren y cierran, la gente abriendo los sobrecitos de azúcar y Splenda …

En realidad eso sucede cuando estoy acompañada. Cuando estoy sola, y no hay música, me pongo mis audífonos, y solo me los quito para pedir mi bebida. Así me evito la ansiedad que me causa tener que oír todo.

Otra cosa que oigo es a la gente comer, así sea que estén con la boca cerrada. Por mucho tiempo me decía a mí misma: “Es una tontería, no le hagas caso y ya”. Resultado? El “no le hagas caso y ya” se transformaba en un mal humor terrible que no sabía de dónde venía. Ahora que ya sé que no soy la única y que hay gente como yo, lo que hago es que SIEMPRE pongo música de fondo en cada comida que se hace en mi casa y ya. Yo feliz, y todos felices.

Una de las desventajas de tener un sentido de la audición tan agudo es que me despierto por cualquier cosa. Sin embargo, en raras ocasiones esto puede ser una ventaja. En el terremoto de Chile de 2010, el cual fue en la madrugada, yo me desperté al comienzo del mismo porque oí un juguete en la habitación de mi hija que se había encendido repentinamente al caerse. Fue por eso que nos dio tiempo de buscar a nuestros hijos antes de la peor parte del terremoto, la cual pasamos mi ex y yo, con nuestros hijos en brazos (si nos hubiéramos levantado unos segundos más tarde, no hubiéramos podido llegar a ellos, pues no se podía caminar, dada la intensidad del terremoto que iba en incremento).

Mis sentidos del gusto y del olfato son más agudos de lo normal, pero los de mi hijo son increíbles. Si le preparas algo ligeramente diferente, él se da cuenta (es por eso que tratar de engañarlo para que coma, diciéndole que X cosa es otra, jamás ha servido). Él come una variedad muy pequeña de alimentos y eso no me hace la vida fácil. Pero el lado bueno es que se da cuenta cuando algo está en mal estado, evitándonos posteriores dolores gástricos por comer algo dañado, por ejemplo (más de una vez me ha señalado que tal cosa no está buena, y cuando leo la fecha de expiración, me doy cuenta que el producto ya se había vencido).

El hecho de que uno no pueda sentir (tanto en tacto como en gusto) oír, oler o ver algo, no quiere decir que no exista. Yo lo que le puedo decir a los padres de niños altamente sensibles es que les crean. No están inventando.

Uno siente el mundo de manera intensa, para bien, o para mal, y si ellos les dicen que tal estímulo hace que se sientan mal, ansiosos, o incómodos, créanles. Mi hijo se puso a inventar “que la profesora dijo” porque sabía que era más probable que yo creyera eso, a la verdad, que era que él iba a sufrir si tenía que ponerse ese chaleco por la hora entera que duraba el acto.

Como con cualquier otro aspecto de la vida, la aceptación de las diferencias de los otros, nos hace mejores seres humanos. En realidad nosotros, las Personas Altamente Sensibles, aceptamos las diferencias de los demás todos los días. Solo esperamos que hagan lo mismo con nosotros.

—-

Link de la cita:

https://www.personasaltamentesensibles.com/alta-sensibilidad/

1983

A esta niñita que ven en la foto (que soy yo como a los nueve años), le encantaba estar narrando todo lo que pasaba a su alrededor (solo en su mente, escuchándose a ella misma). Lo hacía de manera simultánea a cómo sucedían las cosas, mientras la demás gente iba por la vida actuando de manera normal. A veces también lo hacía en tiempo pasado o en tiempo futuro, o incluso con personajes ficticios. Era como si estuviera leyendo o escribiendo un libro de manera paralela a su vida real.

Quizás por eso, si le hacían una pregunta inesperada, la sacaban de onda, y tenían que repetírsela (porque obviamente, si estás escribiendo, y un personaje de tu historia de repente te habla, te sorprendes).

Unos treinta y cinco años después, ella sigue con la misma costumbre, con la diferencia de que ahora sí se pone escribir en su smartphone todo su relato, para que otras personas puedan “escuchar” lo que pasa por su cabeza.

Con la edad también ha aprendido a no estarse echando cuentos mientras está socializando con otra gente, sino a hacerlo solo cuando se sienta a escribir el blog (ok, así es en la teoría, en la práctica a veces se me va el rollo y me pongo a narrar mientras estoy con otras personas, lo cual a veces se manifiesta como “falta de atención” pero que en verdad es demasiada atención en otra cosa en la que no se supone que uno debería estar pensando).

Aun recuerdo la alegría, a esa edad, de ver una hoja escrita en una máquina manual (no era eléctrica, aunque ya existían en esa época; en mi casa había una, pero no nos la dejaban usar). Haber pasado de allí, a redactar un blog en el ciberespacio, es como haber pasado de moverme en carro, a teletransportarme a otra galaxia. Pero aunque sea así de maravilloso, cuando veo una máquina de escribir manual, aun se me revuelve el corazoncito…

Mmm, me acabo de dar cuenta quién escogió, desde mi inconsciente, el cuadro de una máquina de escribir que tengo en mi cuarto. De hecho, la máquina de escribir que teníamos era muy parecida a la del cuadro.

Qué curioso cómo mi niña interna sigue aun tomando decisiones sin que me de cuenta.

Gracias por leerme! Hasta el próximo post.

Acotación desde el más allá

Estaba el otro día echada en un banco, en un rinconcito de árboles, paz, y flores, echándole mis cuentos a mi amiga Mónica, quien se murió hace varios años, cuando ella me dice, con su sonrisota de oreja a oreja, como siempre:

“Ah! Pero estás viva!”

… y me entra un ataque de risa.

Inmediatamente se me salen las lágrimas, y se me queda viendo con cara de “ajá, te lo dije”.

“Qué?” Le respondo, con una sonrisa, mientras aun no se me secan las lágrimas.

… y vuelve a responder:

“Que estás viva!”

y las dos nos echamos a reír.

Exacto.

Muchas gracias, Monique.

Aquí estoy, sin temor a volver a cero

Así que hoy mi ex esposo firmó el convenio de divorcio.

Bien, bien!

Explicación: en realidad está muy mal, esto no es PARA NADA de acuerdo a lo planeado. Nada que ver; con eso de que el 50 % de los matrimonios terminan en divorcio, uno siempre piensa que es del 50 % que NO se divorcia.

“Nunca jamás” se transformó en “cinco de febrero de 2019”. Mi amiga Luz Catalina, quien me hizo probar la cerveza por primera vez a los doce años, citando al uruguayo Mario Benedetti, me recuerda:

“Qué bonita la gente que no teme volver a cero. A pesar de los daños, a pesar de los daños”.

Somos gente bonita Luz. Muy bonita.

Sin bolsa por favor

Quisiera invitarte al grupo Chao Bolsas Plásticas de Facebook!

Acabo de publicar allí un link de la página web Treehugger en que hace referencia a la campaña a largo plazo que National Geographic lanzó en Mayo de este año 2018, con una bolsa de plástico en la portada, simulando un iceberg, con el sugestivo título “Planet or Plastic?”

Aquí en Querétaro supuestamente iban a prohibir las bolsas plásticas que entregan los supermercados, tienditas y mercados populares, en abril de este año, pero luego se echaron para atrás, no sé por qué.

Sin embargo, en unos cuantos sitios sí he visto que, o ya no entregan bolsas desechables, o tienen un cartel que te pide que traigas tus propias bolsas. También he visto con agrado que muchos cajeros de supermercados te dan las gracias por traer la bolsa y te dicen que ojalá todo el mundo las trajera.

Una vez le comenté a una de ellas en una tienda de conveniencia, que aquí no vendían bolsas reusables prácticas que fueran fácilmente transportables como las que yo tenía (que se doblaban pequeñitas) y ella me respondió un poco sarcásticamente: “pero si andan con mochilas, ahí pueden meter lo que compren”, y le respondí que tenía razón. En realidad son las ganas de hacer las cosas.

Hasta el próximo post!

Échaselo al león

En algún libro de psicología que leí, decían que cuando uno se ve acosado por un pensamiento negativo, uno debía imaginarse que lo botaba en la basura.

Así que yo, muy diligentemente, he hecho eso muchas veces. Meto al pensamiento negativo en una bolsa de la cocina, la anudo, abro la puerta de mi apartamento y la saco al bote de basura del edificio. Me sacudo las manos, y vuelvo a mi casa imaginaria.

Hoy sin embargo, me enteré de una técnica más eficiente. Según me dicen, en algunas partes del norte de México, si uno empieza a hablar sobre algo negativo, por ejemplo, algo que alguien comentó o hizo, que nos causó rabia, y uno se pone a quejarse, te dicen: “Ay ya! Échaselo al león”.

Mira pues, y yo tan oficiosa, metiendo al pensamiento en la basura y sacándola … de haber sabido que podía habérselo echado al león … y ya!