¿Gritar? Los adultos no, los niños sí

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“You are not obligated to respect adults

if they do not respect you”

(Encontrado en Pinterest; guardado en 1.1 K boards.

“No estás obligado a respetar a los adultos si ellos no te respetan”)

Imagina a una niña que está a punto de ser víctima de abuso sexual. Tomemos en cuenta que el abuso sexual en niños, o incluso en adolescentes, usualmente no incluye violencia, ya  que en la mayoría de los casos, el crimen es perpetrado por un adulto de confianza (familiar, maestro, cuidador, sacerdote, etc) que sabe que tiene control sobre el menor, y que lo puede manipular, ya sea con amenazas, o peor, convenciéndolo de que lo que van a hacer está bien.

Dicha niña sabe que tiene que respetar a los adultos, a como de lugar. Ha sido enseñada a ser una niña buena. Cuando en su casa algo le disgusta, y se le ocurre reclamar a sus padres, es inmediatamente callada. Lo mismo en la escuela. ¿Gritar a sus padres porque piensa que le están haciendo una injusticia? Si ella hiciera eso, la castigarían. Ella sabe que jamás una niña decente le grita a un adulto, ya sea un familiar, maestro, cuidador, sacerdote, etc.

Sus padres le han educado en prevención de abuso sexual. Le han puesto videos muy apropiados al tema, en donde le explican que si alguien le hace algo que no le gusta, o le pide hacer algo que no le gusta, debe “GRITAR, decir no, y pedir ayuda”.

Pero esa niña una vez, hace tiempo, le gritó a un adulto. Como respuesta, tuvo más gritos, regaños, reprimendas y castigos. El adulto le gritó de vuelta, culpándola por exactamente lo mismo que ella reclamaba con sus gritos. Ella aprendió que los adultos siempre saben más que los niños, pues ya están crecidos; que los niños no saben, pues apenas están aprendiendo.

Si mis hijos piensan que estoy siendo injusta con ellos, o que les estoy faltando el respeto de alguna forma, tienen todo el derecho de gritarme. Yo no soy infalible por el hecho de ser adulto. También es posible que si me gritan, no tengan la razón. O que se deba simplemente a que tuvieron un mal día, y que estén gritando inapropiadamente. Igual los dejo, porque tienen el derecho de cometer errores. Lo que sí estoy segura es que quiero que ellos sepan que tienen que exigir respeto siempre, no importa que sea de su mismísima mamá.

Pero, si mis hijos me gritan, me estarían faltando el respeto, ¿no?

Así es. Pero ¿es que sí me van a respetar, si yo no les permito gritar, gritándoles castigos y amenazas como respuesta?

No. Lo que van a hacer es tenerme miedo, no me van a respetar.

Sin embargo, si me controlo, y les hablo de manera firme, puede que si lo hagan.

(Me viene a la mente una imagen de Trump y otra de Obama ¿Quién quiero ser?)

Para mí es importante que mis hijos sepan, que si para protegerse, ellos deben faltarme el respeto a mí, o a cualquier otro adulto, que tienen todo el derecho de hacerlo. En otras palabras, que pueden gritarme. El adulto siempre estará en una posición de ventaja, simplemente por ser adulto, y los niños tienen derecho a defenderse con las únicas armas que tienen: gritar, decir no, y pedir ayuda.

Si hay personas que no debemos gritar, ni en el hogar, ni en ninguna otra parte (a menos que estemos en una marcha, un concierto, o a punto de ser víctimas de agresión sexual o física) somos los adultos. Nosotros somos los crecidos, los que debemos saber controlar nuestras emociones.

Por otro lado, pienso que muchos problemas de depresión, ansiedad, transtornos alimenticios y adicciones, se hubieran podido evitar si a esas personas les hubieran permitido expresarse en su casa libremente, cuando eran niños o adolescentes. Si hubieran podido hablar, sin temor a ser juzgados, burlados, callados, o castigados. Los niños y adolescentes sienten una gran impotencia cuando no se toman en cuenta sus opiniones o sus sentimientos, y a veces el grito es lo primero que se les ocurre para llamar nuestra atención. A lo mejor, si hubieran podido gritarles a sus padres, no habrían tenido que callar sus gritos con adicciones, reorientar su agresividad hacia ellos mismos (o hacia los demás), o llamar la atención por medio de mal comportamiento.

Los adultos de la casa, son los padres. Los que tenemos infinidad de recursos y libertades para lidiar con nuestras rabias, somos los adultos. Nosotros somos los que debemos controlarnos, los que no debemos gritar. Nuestros hijos no tienen nuestros recursos: no tienen la madurez para evaluar una situación que causa stress, no pueden ir a un psicólogo por cuenta propia, no pueden ponerse a hacer un curso de yoga o meditación si así lo desean, no pueden o no saben cómo expresarse apropiadamente, no tienen dinero a su disposición, sus vidas dependen casi completamente de las decisiones de sus padres, en fin, el control que tienen sobre su vida es muy limitado, y a veces lo único que pueden hacer, o que se les ocurre hacer, es gritar. Nosotros, los adultos, tenemos muchas otras opciones.

Así que en mi casa, mis hijos pueden gritarme. La que no puede, o no debe gritar, soy yo. Esta afirmación no es un reflejo de mi vida, pues lamentablemente, he gritado mucho. Sin embargo, sí es mi propósito: cero gritos de mi parte, y cuando ellos griten, infinita paciencia, zen mode, y averiguar qué es lo que está pasando, sin gritar de vuelta. Si hay alguien que debe comportarse de manera madura, soy yo.

Video de prevención de abuso sexual: El libro de Tere  https://www.youtube.com/watch?v=d6jlo2OFKXQ

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Lo que la chica que no se bajó de un árbol por 2 años tiene que decir

Julia Butterfly Hill (nacida el 18 de febrero 1974 como Julia Lorraine Hill) es una activista y ambientalista  americana. Hill es mejor conocida por haber vivido en un Sequoya de California (California Redwood) de 55 m de alto, de aproximadamente 1500 años (edad basada en el conteo de los anillos de un sequoya un poco más pequeño  que había sido cortado cerca de allí) por 738 días entre el 10 de Diciembre de 1997 y el 18 de  Diciembre de 1999. Hill vivió en el árbol, conocido  afectuosamente como Luna, para evitar que los leñadores de la compañía  Pacific Lumber lo cortaran. Es la autora del libro The Legacy of Luna (El legado de Luna) y es co-autora de One Makes the Difference (Uno hace la diferencia) . Traducido de Wikipedia

Julia Butterfly Hill’s dio una maravillosa charla en  2010, aquí les traduzco algunas de sus frases y pensamientos:

Cada escogencia (o decision) cambia el mundo.

Es imposible no hacer una diferencia.

Cada uno de nosotros somos ancestros del futuro.

La desconexión es una enfermedad. Si estamos desconectados de la Tierra, podemos destruirla y no darnos cuenta que estamos destruyéndonos a nosotros mismos… si estamos desconectados de la gente, podemos lanzarles bombas y llamarlos estadísticas. A menos que seamos concientes de ella, esa enfermedad se manifiesta una y otra vez.

La gente viene y me dice “Julia , gracias por haber vivido en ese árbol por dos años y 8 días. Yo nunca lo hubiera podido hacer. Y siempre les respondo: yo tampoco lo hubiera podido hacer.  Yo no planeé vivir en un árbol por 2 años y 8 días.  Si yo hubiera visto lo que venía, nunca lo hubiera hecho. Me hubiera dado demasiado miedo, porque mi cabeza hubiera dicho: “eso no es posible”.

Estoy comprometida a vivir enamorada, de una manera completa y en el presente.

Cada decisión tiene un hilo que está conectado antes y después. Si tuviéramos que estar presentes a cada cosa que compramos o que botamos, ¿Dónde está ese hilo?  ¿A quién está impactando? Si tuviéramos que caminar el impacto de cada decisión  que hacemos cada día, pienso que nuestras acciones empezarían a cambiar. Porque el amor nos llamaría a hacer una escogencia diferente. ¿Qué escogería el amor en este momento? 

Charla de  Julia Butterfly Hill (en inglés, no la conseguí en español) :

Divine mirrors

 parte 1

The Gift of Breath

Ancestors of the future

Power of Love

Manifesting Heaven on Earth

Reduce, reuse, recycle, rejoice, rethink !

Espero que obtengan toda esa inspiración que obtuve de ella

¡Que tengan un maravilloso día!

Por Michelle Lorena Hardy  –   Chicadelpanda.com