De manzanas, cebollas y alcachofas

Es otoño en Santiago, Chile. Hace como una semana llovió durante toda la noche y luego bajó la temperatura por varios días. Ayer, volvió a subir. Así estaremos un tiempito hasta que en mayo ya caiga el invierno en full, con el frío y el color gris- marrón en toda la ciudad. Pareciera que la naturaleza estuviera lanzando sus últimos colores como diciendo ¡Aprovechen!

El sábado pasado fui en bicicleta al mercado orgánico que se pone en la Av. Escribá Balaguer … ¡Ah! De esto es lo que hablaba Pablo Neruda en su Oda a la Cebolla, o en su  Oda a la Alcachofa. Definitivamente. Ni de casualidad le hubiera escrito una Oda a una de esas cebollas gigantes, producidas en masa que venden en los grandes supermercados. En mi caso, mis favoritas del mercado orgánico son las manzanas. Hoy no me siento muy poética (ni mucho menos pretendo poner aquí una Oda a la Manzana por M. L. Hardy después de haber nombrado a Neruda) pero díganme si no se ven bellas. Son deliciosas y lo mejor de todo es que son chiquiticas, por lo que te puedes comer una entera de una sola vez.

No encontré alcachofas el sábado, pero aquí les dejo un link , Oda a la alcachofa  (mi vegetal preferido) por si se sienten poéticos. Neruda dice en ese poema:  María con su cesto escoge una alcachofa… y no María con su bolsa plástica escoge una alcachofa ¿hubiera sido un poco corta-nota no?

Por Michelle Lorena Hardy   –   Chicadelpanda.com

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Diferencias al echar un cuento entre un chileno y un venezolano

Ya van dos veces que oigo en la  radio, aquí en Santiago, Chile, lo siguiente (es parte de un comercial):

– Típico de un chileno, que está echando un cuento, y a la mitad del cuento, ¡Se le olvida lo que estaba contando!

– Sí – dice otra persona – ¡Parece que nos hubieran alimentado a todos con la misma leche de amnesia ! ¡Jajaja!

Bueno… ¿qué es lo que les estaba contando? Jajaja, soy venezolana, no chilena, y admito que, aunque a veces me pasa eso cuando me distraigo con otra cosa…  definitivamente no me pasa, así de la nada.

En el caso de un venezolano sería:

Típico del venezolano que si se le olvida lo que estaba contando, cambia la conversación para que nadie se dé cuenta:  ¡Epa, y no me contaste cómo te fue ayer! Por otro lado, si se le olvida algo del cuento, lo inventa. Esto pasa porque  la idea de echar un cuento  no es informar, sino entretenerse. Así que si se le olvida, hace uso de su exacerbada imaginación: “Y el pana Javier del bar, que lo conozco porque voy a cada rato a echarme palos, por cierto, yo creo que ese tipo es medio malandro”. Luego, si ve que está aburriendo a la otra persona, empieza a exagerar: ¡Qué te cuento, fueron como 30 birras que nos echamos Luis y yo, y casi la mitad la brindó Javier!  Además, si ve que está perdiendo la atención de sus oyentes, empieza a hacer lo mismo que los canales de televisión durante las propagandas: empieza a subir el volumen (¡Ah, por eso los venezolanos gritan tanto! Sí, por eso). El venezolano también mueve las manos – y todo el cuerpo si hace falta- e imita al protagonista del cuento  para que entiendas lo divertido – o trágico – de la situación.

Ahora imagínense un venezolano y un chileno que tratan de conversar sin tomar en cuenta las diferencias culturales: el venezolano se aburre o se desespera, y el chileno se espanta con la efusividad del venezolano (sobre todo si se ríe demasiado o alza la voz). Pero si ambos están conscientes de las diferencias, la experiencia cambia por completo, y hasta el venezolano puede llegar a bajar las revoluciones y dejar que el chileno hable sin interrumpirlo, y hasta el chileno puede que le regale una sonrisa en recompensa.

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El colegio de mi hija y su célebre exalumna

Es verano aquí en Santiago, Chile y la gente empieza a ser más amable, uno se da permiso para relajarse, los días comienzan  a las 6 am y terminan a las 9 pm (o 21 hrs, como se dice aquí), todo es verde claro y yo me siento más en casa, más pez en el agua. Como si más bien  yo, el loro, decidiera quitarse el smoking y mis vecinos pingüinos decidieran disfrazarse de loros. Un buen cambio para mí.

El calor me pone de buen humor y me ha recordado una de las cosas que me gustan de Santiago y de la cual me siento muy agradecida. Es el colegio La Maisonnette de mi hija. Cuando estábamos buscando colegio para ella, queríamos que fuera bilingüe, mixto y que no fuera de monjas ni curas. Sin embargo, nos encontramos con que no hay bilingües (sino full time english, con una materia de español), y los pocos colegios mixtos que se encontraban cerca no nos gustaron. Lo que sí conseguimos fue el tercer requerimiento, un colegio que no fuera de monjas ni curas (aunque sí era católico, con una clase de religión).

Para mi gusto, La Maisonnette era demasiado femenino, todo niñas -rosado – rojo, me daba miedo que cayera en machismo. Así y todo, la inscribimos y hasta ahora ha sido una de las decisiones más felices que hemos hecho. El colegio es famoso por sus programas de arte y talleres, que ellos llaman academias y, aunque no sé qué tan bueno sea para una niña con ganas de jugar fútbol,  para mi hija, que le encanta pintar y bailar, ha sido maravilloso. Académicamente hablando, estamos muy satisfechos también.

Y además (no puedo dejar de presumir, ya que llevo como dos semanas pensando si  pongo esto,  o no, en el blog, pero me disculpan, va más allá de mí les tengo que contar). Hace unos días me enteré que ¡Isabel Allende estudió allí! Resulta que en un periódico de Santiago publicaron la lista de las 100 mujeres líderes de Chile, y  como veo que hay algunas egresadas de la Maisonnette, me  meto en la página web  a averiguar quiénes son… ¡Sorpresa! Dice en la página del colegio, muy humildemente, que Isabel Allende “dio sus primeros pasos de educación formal en el colegio”.  Me hizo sentir más cerquita de mi adorada escritora y muy orgullosa de mí, claro,  por mi buen sexto sentido escogiendo el colegio, jajaja.

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Alzar la voz en los blogs

Hace unos días conversaba con una chilena, quien me decía que había tenido unos compañeros de clases venezolanos, que eran muy gozadores.

– Sí, los venezolanos somos muy escandalosos – respondo yo.

– Es que al lado de los chilenos, que son tan callados, cualquiera es escandoloso. Pero están empezando a usar su voz. Fíjate en lo de Hidroaysén- me dice ella.

El problema de Hidroaysén es una represa que quieren hacer en el sur de Chile, que ha provocado una gran oposición, con marchas y todo. Yo agregaría también -al asunto de que los chilenos están usando su voz-  los paros estudiantiles que se han llevado a cabo estos días. La Revolución Pingüina 2.0, la llaman (no es invento mío, ni ganas de echar broma, en serio así se llama) , pues la 1.0 , sería una que hubo en el 2006.

Todo este asunto de hablar o no, me recuerda la película del Discurso del Rey, pues hay una parte en que el maestro le pregunta al rey que para qué se preocupa tanto, si no tiene un poder verdadero. “Because I have a voice! ” (porque tengo una voz), responde el Rey.  Así es, por eso también los blogueros escribimos blogs, because we have a voice! 

@chicadelpanda

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Reciclaje cool

Algunas de las situaciones que surgen cuando se es una mamá que se queda en casa, es que para no perecer víctima de la locura, uno empieza a inventar cosas. Como la creatividad no se me da mucho en las áreas tradicionales – como la cocina, por ejemplo – pues me ha dado por ver cómo hago para que mis actividades diarias reduzcan su impacto ambiental.

Hay cosas que para mí son divertidas, como reciclar, y que además entusiasman a mi hija (o ella me entusiasmó a mí, no me acuerdo). Aquí en Vitacura – la comuna en que vivo en Santiago, Chile – tienen un Punto Limpio que es un sitio especialmente designado para prácticamente todo lo que tengas que reciclar. Cada vez que voy, sobre todo los domingos, que es cuando va más gente, no puedo dejar de pensar que si hubiera un sitio así en Caracas, todo el mundo reciclaría…¡Y es que si vieras la pinta de la gente que va a reciclar!  Es muy cómico ver a las señoras encopetadas con guantes, los hombres jóvenes con los potes de plástico sacados de sus 4 x 4 , las mamás con lentes oscuros y traje, o las muchachas en pinta deportiva. Si ese Punto estuviera en Caracas, todo el mundo iría para ver y ser visto. Aquí, la verdad, creo que yo soy la única que se fija en cómo está vestida la gente … lamentablemente, porque la más cool de todas soy yo.

Por  Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

Paseando entre muchas uvas

Anoche regresamos de una escapada de fin de semana al Valle de Colchagua, Chile,  famoso por…

 yes, you guessed it,

por sus viñedos.

 En la posada donde nos quedamos – en el pueblo de Santa Cruz- nos recomendaron la viña Lapostolle, y para allá fuimos.

 Tremenda sorpresa, no sólo por las vistas espectaculares, sino por lo moderno de la infraestructura que aloja los gigantescos barriles de vino. Desde afuera incluso parece una casa super moderna, ni se imagina uno lo que hay dentro.

Sin embargo, el personal, amabílisimamente, nos dijo que no podíamos pasar con niños y para compensar, llamaron a la Viña Santa Cruz, más conveniente para los más pequeños.

Para allá fuimos también, no sin antes comprar una botella de vino blanco que, según los vendedores, se sirvió en la boda de Kate y William el pasado viernes (“Casa”, Lapostolle, Sauvignon Blanc 2010 )

  La Viña Santa Cruz resultó perfecta para ir con niños: tiene un teleférico, y una muestra de las principales culturas indígenas de Chile. Un exquisito y saludable respiro, entre el fin de una semana y el comienzo de otra.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

El acto soñado de gimnasia

Hoy mi esposo y yo fuimos a ver a nuestra hija de seis años a su acto de gimnasia artística. La emoción, la alegría, se pueden imaginar. Solo teníamos ojos para ella. Después del show, nos encontramos con otros papás y mamás, y decidimos invitarlos a la casa a celebrar. Nada del otro mundo, como saben, los venezolanos inventamos fiestas out of thin air, o de la nada, pues.  Todo normal…

Hasta que uno de los papás empezó a brindar y a decirnos que “había que soñar” . Ok, ya, esto me pareció raro, por el hecho de que el papá es chileno, y los chilenos no tienen la costumbre de expresarse como los venezolanos, que ni pensamos lo que decimos y dejamos traslucir nuestras emociones sin complicaciones. No, los chilenos no son así, usualmente miden lo que dicen, no hablan por hablar. Y este papá de verdad estaba feliz, de  verdad estaba festejando.

Entonces empiezo a conectar los puntos en mi mente y a repasar el show de la niñitas.  Aunque sólo había  tenido ojos para mi hija, de repente caí en cuenta que nadie se había  equivocado, nadie había descoordinado, nadie había dado un paso en falso. Y de repente me vino un recuerdo -como de película- de la esposa del papá que brindaba, contándome que cuando su hija había nacido, la bebé no tenía tono  muscular y que no tenían ni idea de lo que les esperaba, ni siquiera sabían si iba a caminar. Hoy, 6 años después, ella bailó, coordinada y preciosa,  igual que las demás niñitas.

Me atrevo a decir que por eso nuestro amigo, y compañero en este  oficio de ser  padre, brindó diciendo “hay que soñar”. No por hablar tonterías, no por decir palabras vacías que suenan bonitas. Sino porque sabía que era cierto.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com