The Hunger Games y la contaminación mental

Vi la película The Hunger Games. Así es como se ve la gente que vive en The Capitol:

Y así es como se ve la gente del Distrito 12, que son mayoritariamente mineros de carbón:

Para que no se rebelen de nuevo en contra de The Capitol, se  realizan los Hunger Games, Juegos de Hambre, en donde un muchacho y una muchacha participan en un juego televisivo tipo reality show,  en donde la naturaleza está genéticamente modificada y controlada por nanotecnología, en donde solo debe sobrevivir una persona. Pero se manipula las mentes de todos: los de The Capitol están embobados frente a los televisores, entretenidos y totalmente ajenos a la realidad de los distritos; y la gente de los distritos, que literalmente pasa hambre y no tiene nada que perder rebelándose, son manipulados al instigar odio entre los distritos (divide y vencerás) y al darles un poco de esperanza al cambiar las reglas y hacer que “triunfe el amor” (cerca del final, cambian las reglas para que ganen dos personas de un solo distrito).

Esta película es fuerte: ver a un puñado de muchachos entre 14 y 18 años matándose entre ellos mientras el público sigue la “realidad” por televisión no es agradable, uno se indigna, por supuesto. Pero ahora pongamos una cámara enorme allá en el espacio para que nos vean los marcianos ¿Qué van a a ver? ¿No verán también un montón de gente pegada a la televisión asimilando información manipulada? ¿No verán un montón de gente siendo manipulada para que trabaje mucho y luego compre mucho, con la falsa esperanza de la felicidad ? ¿O para que vote por tal o cual?

Claro que ése no es el único twist que tiene esta historia. Por decir algo, en nuestro mundo, al igual que en la película, los que mueren por explosiones relacionadas con la industria de la energía, no son los que están mandando desde la capital. Son los que se ponen sus cascos y se meten en las minas de cobre o en las refinerías de petróleo. Pero al igual que en la película, la capacidad de manipulación de masas a través de los medios de comunicación es muy eficiente, y cualquier indignación o rebeldía es rápidamente acallada, haciendo que la atención de la gente se desvíe hacia otra “realidad”.

Hace un tiempito me di cuenta que muchos de mis pensamientos, de mis creencias del día a día, eran simplemente una repetición de lo que le había oído a alguien más. O en la televisión. O en la publicidad. Eso es terrible, más terrible si quieres escribir cosas originales. Así que para saber qué parte de mis pensamientos eran propios, y qué parte eran simples repeticiones, dejé de ver televisión y comencé a  bloquear de todos mis sentidos toda la publicidad que pude. Veo noticias, pero hago un esfuerzo en buscar diversas fuentes. También  comencé a pasar más tiempo sola,  sin ningún tipo de estímulo, por lo menos una vez durante el día. Ciertamente, no se puede eliminar en un 100% la contaminación mental, pero sí se  puede  Reducir.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

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De golpes en la cabeza en Millenium

“La reunión duraba ya cuarenta minutos y Bublanski sintió un intenso deseo de alargar la mano y coger ese ejemplar de la Ley del Reino de Suecia que estaba sobre la mesa de Ekström y darle un golpe en la cabeza con él. Se preguntó tranquilamente qué ocurriría si lo hiciera”.

 La reina en el palacio de las corrientes de aire, Stieg Larsson

¡Que levante la mano el que haya pasado por esa situación!  Vuelve a leer el párrafo pero sustituye lo que haga falta, por ejemplo :

La reunión duraba ya  ————— minutos y  —TU NOMBRE  –sintió un intenso deseo de alargar la mano y coger ese ejemplar de ——————- que estaba sobre la mesa de —NOMBRE DE LA OTRA PERSONA— y darle un golpe en la cabeza con él. Se preguntó tranquilamente qué ocurriría si lo hiciera.

Tocar estos botones sensibles que tenemos casi todos los humanos, ya seamos de Suecia, de Venezuela o de cualquier otro rincón del globo, es uno de los factores  que hace que el público devore estas novelas. Y ¿cómo no?  Es adictivo leer a alguien que, sospechosamente, describe una situación igualita a la que uno ha vivido …

¿Cómo lo supo?

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Lisbeth Salander y el tráfico humano

Anoche terminé de leer el segundo libro de la Trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson (1954 – 2004).

El espacio de tiempo entre la noche del martes y el miércoles, es el que tengo para recuperarme del susto, encender el carro y salir  volando a la biblioteca a sacar el tercero, y último libro. Espero llegar a tiempo ; )

Esta trilogía es ficción, pero no es fantasía. La protagonista es joven, pero esto no es la serie Crepúsculo, ni Harry Potter.  Los temas son duros, y me recuerda un poco a The Silence of the Lambs.

Me pregunto si habrá alguna relación entre que el human trafficking sea un tema sonado en las noticias (en CNN internacional, por lo menos), con el  best selling de esta trilogía. Quién sabe. En mi caso, me ha abierto los ojos.

Recuerdo lo descarado de la industria de la prostitución en Guadalajara,México, con el famoso Men’s Club en medio de la ciudad, casi como si fuera un parque de atracciones. Me pregunto cuántas de esas mujeres del Este de Europa (o del mismo México, o de donde sea) no habrán sido traficadas y  siguen esclavizadas en plena luz del día, como si fuera algo normal. Lo mismo pasa en otras ciudades, lo que pasa es que en Guadalajara las “teiboleras” eran un tema del que se hablaba abiertamente cuando yo vivía allí, mientras acababas de terminar de hablar de las clases de natación de los hijos y antes de hablar de la falda que te compraste ayer.

El título de este post es el nombre de la protagonista de la novela. Pocas veces se encuentra uno con personajes tan interesantes, tan bien logrados. Sin ella,  Millenium sería otro best seller más.  La foto de arriba corresponde al personaje en la primera película, que vi justo después de leer el libro. La película es buena,  pero es imposible saborear el libro con ella, sobre todo porque cambian bastante la trama.

Por Michelle Lorena Hardy –  Chicadelpanda.com

Drácula y los nuevos vampiros de Stephenie Meyer

Ya que estoy enganchada con Crepúsculo, me puse a leer Drácula, para ver que había de similar, y qué no, entre el vampiro más famoso del mundo y los de la saga.

En realidad no leí nada sorprendente, ya que es más o menos lo que todos sabemos por cultura popular. Drácula sólo actúa de noche, descansa de día en una sarcófago que está dentro de su castillo, se convierte en murciélago y en lobo, tiene una fase física y otra fantasmal y es fuerte “como veinte hombres”.  En cambio, los vampiros de Crepúsculo no se convierten en nada, no tienen esa fase fantasmal, no duermen nunca, y actúan en la noche, o bajo las nubes, porque el sol hace que su piel brille como si estuviera cubierta de diamantes; pero sus poderes, la fuerza sobrehumana, la rapidez, etc, permanecen. Tampoco tienen los famosos colmillos, no los ahuyenta el ajo y no viven en un castillo (auque tremenda casa que se gastan).

Sin embargo, la principal diferencia es que Meyer le quita a los vampiros toda esa parte ridícula, inverosímil y hasta desagradable que tiene que ver con el Diablo y con Dios. Drácula  es un ser demoníaco, malo, evil como dirían los gringos, y una ostia consagrada o  un crucifijo, son armas que  lo ahuyentan. Meyer arranca a los vampiros de la mitología cristiana y los hace formar parte de una mitología universal, más acorde con los tiempos que estamos viviendo. Así, sus vampiros no son seres demoníacos, aunque ella haya incluído el asunto de que no se sabe si los vampiros tienen alma, pero lo hizo de una manera tan light, que recuerda más bien al debate de si los animales tienen alma o no. Ella trata a los vampiros como otra especie diferente a los humanos, eso es todo (aunque sí utiliza la palabra monstruo, pero a quién se le ocurre que Edward Cullen sea un monstruo…, con monstruos así, no quiero príncipes).  Así, aunque su alimento instintivo es la sangre humana, te deja bien claro en la primera novela que los humanos no son tan diferentes a ellos,  puesto que se alimentan de animales, o de animales muertos, como diría mi hija de cinco años que recién se acaba de dar cuenta de esta realidad.

Yo nunca me había sentido atraída por las novelas góticas (las de terror del siglo XIX) y después de haber leído la novela de Bram Stoker, debo admitir que confirmé que no me gustan nada. Es admirable que Meyer se haya inspirado en esos repulsivos personajes antiguos  para inventar los personajes que yo y tantas otras millones de personas amamos. Me quito el sombrero, Stephenie Meyer, eres una gran autora.

Por Michelle Lorena Hardy  – Chicadelpanda.com

El arte de leer cuentos

Cuando uno habla de cuentos para adultos, sucede a menudo que la persona se imagina algo categoría XXX o algo de muchísima violencia; y si uno dice cuento, automáticamente se asocia a cuento infantil. Sin embargo, esas suposiciones no son ciertas. Es genial leer cuentos para adultos, (sobre todo si son fantásticos, añadiría a modo personal). Si se entusiaman  a leer cuentos y no quieren salir a comprar un libro, vayan a: http://www.lashistorias.com.mx  , donde podrán encontrar cuentos geniales de todo el mundo, junto con la correspondiente orientación o comentario. En ese sitio encontré El extraño caso de Benjamín Button, el cuento original que dio origen a la película protagonizada por Brad Pitt. El autor, F. Scott Fitzgerald, fue publicado por primera vez en una revista en 1921. La narración es genial, con un toque humorístico que no se ve en la película. En mi opinión, el cuento es tan diferente que bien podría considerarse como otra historia. Sin embargo, al igual que la película, trata el tema de envejecimiento (o rejuvenecimiento, en este caso) y del paso del tiempo.

Casi todos los que somos padres estamos empeñados en leerles un cuento a nuestro hijos en las noches, pero nos privamos de este placer. Raro, ¿no? Generalmente ni pensamos en el asunto, somos autómatas con el programa en la cabeza “hay que leerle un cuento antes de dormir al niño” y vamos, ejecutamos la orden y no nos ponemos a pensar que nosotros también podríamos salir beneficiados si lo hiciéramos… de repente eso pasa porque no creemos que los cuentos para adultos puedan ser entretenidos.  ¡Error! Pues sí lo son.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com