Dos terceras partes del sueldo mínimo de un día en dos productos

A precio REGULADO (solo los dos días de la semana que te tocan, y la cantidad que te toca, y si tienes suerte, como yo ayer, que el supermercado tenga estos productos, es decir, que por casualidad los tenga porque hayan llegado ese mismo día y hora al super, ya que usualmente después de pocas horas se acaban) un paquete de galletas de soda de 300 gr. cuesta 300 Bs. y un litro de leche descremada 290 Bs. El sueldo mínimo es 9648 (aunque al final cobran 16000 es decir, Bs. 800 al día, sumando los cestatickets, q es un bono de alimentación, el dólar a 859 Bs, es menos de 1 dólar al día). Saquen sus propias cuentas y conclusiones.

La mayoría de los productos q yo compro son no regulados o bachaqueados (a.k.a., mercado negro, léase, incomprables por alguien con sueldo mínimo) y ayer compré esos productos por la vía “normal” porq por pura suerte no había cola para comprarlos y era el día de mi número de cédula. Pero el caso del 73% por ciento del país (q es considerado estadísticamente pobre y puede ganar más del sueldo mínimo) es q dependen de estos productos regulados por el gobierno para comer. A una mamá con cinco hijos le toca lo mismo a que si no tuviera hijos (a los menores de edad no les toca nada) y a los enfermos, discapacitados o viejitos q no se pueden mover de su casa u hospital tampoco, porq tienes q poner tu huella digital cuando compras. Qué desgracia.

Twitter: @otramaleta (anteriormente @chicadelpanda)

Michelle L. Hardy es venezolana y vive con su esposo, sus dos hijos y una gata, en Caracas desde junio 2015. Desde junio 2003, hasta junio 2015 vivió en New Jersey, Miami, Milán, Guadalajara (México), Santiago de Chile y Ciudad de Panamá. Cuando se fue de su país hace doce años, éste era aun capitalista (aunque ya estaba activa la “revolución bolivariana” o chavista). Cuando llegó, después de doce años, se encontró con un país socialista. Caracas es ahora otra ciudad: como si se hubiera ido en otoño y hubiera llegado en pleno invierno. Volver es como regresar al punto de partida, pero al mismo tiempo es como haber llegado a una octava ciudad.

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