Mi Credo

Av. universidad

Creo en el amor, el pegamento que lo une todo, lo que conocemos y lo que no sabemos que existe.

Creo en Dios, o la Diosa, quien me creó, me cuida, y no tiene sexo.

Creo en la tolerancia, el asidero del respeto.

Creo en la amabilidad, fuente de alegría rutinaria.

Creo que el valor de un ser humano, reside en simplemente serlo.

Creo que lo que define a una persona, son sus principios.

Creo que todos tenemos el derecho de vivir en dónde, y cómo, más nos guste.

Creo que ser mamá, es una vocación.

Creo en el poder infinito de las palabras.

Creo en la simplicidad voluntaria, como la ruta para domar la complejidad de mi mente.

Creo que los humanos somos al mismo tiempo, importantes e insignificantes.

Creo que mientras esté respirando, sigo ganando este gran juego que se llama vida.

Creo que cuando mi cuerpo muera, mi alma seguirá viviendo,

y que cuando eso pase, me enteraré del sentido, de todo lo que hoy no entiendo.

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Little things that are important

white rose

It’s priceless to see my two kids informing proudly to their grandparents that there’s a new white flower. Somehow, the fact that they are witnessing it, makes the whole event theirs, not my mom’s (even though she’s the one who planted it and took care of it). Looking at the happiness in my mom’s face because finally someone could appreciate at length the importance of her plants and flowers, is priceless, too.

Same thing looking at the thrill in my brother-in-law’s eyes when S,  my five-year-old kid, was demanding gnocchi. A second later he was calling his mom to tell her about the emergency, and S got his craving handled, but first, he got a lesson on how to make gnocchi in his grandparents’ kitchen (priceless, too). Needless to say, they were also relieved that someone finally could understand the importance of gnocchi, and pasta in general.

Now, let’s talk about something I’m happy about, maybe not so poetic as flowers or pasta, but something important to me anyway. Today, July 3rd, is International Bag Free Day and the county where I live in Caracas (Alcaldía de Chacao) decided to join efforts with Tierra Viva (an ecological NGO) to promote it. So I’m thrilled to know that some else realizes the importance of some thing that I really care about!

Til’ the next post.

@chicadelpanda

bolsas

Reajustando metas

Cerros Cedro,  Camino del Mono Tití, Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

Cerro Cedro, Camino del Mono Tití, Parque Metropolitano, Ciudad de Panamá

“Cuando era adolescente, me imaginaba a mí misma, en el futuro, subiendo montañas”, le dije una vez a una amiga que acababa de regresar de una expedición en el norte de México. “Pero aun puedes”, me respondió y yo le sonreí. “Quién sabe, a lo mejor sí, a lo mejor no”.

Desde los ocho hasta los dieciocho años fui Guía Scout, y luego formé parte de un club excursionista por un tiempo cuando estaba en la universidad. Entre muchas excursiones, las más demandantes fueron a La Silla, al Hotel Humboldt y al Pico Naiguatá en el entonces Parque Nacional el Ávila (Caracas), así como haber subido el Pico Humboldt (Mérida, Venezuela) dos veces (solo hasta Laguna Verde). La primera vez que subí el Humboldt, nuestros guías eran dos aventureros profesionales, para quienes hacer dicha excursión era como subir a Sabas Nieves (un sitio popular en el Ávila, que se sube después de unos exigentes treinta minutos, si estás en buena forma). Uno de ellos era oficialmente fotógrafo, mientras que el otro era aventurero/ guía/ escritor. Este último una vez nos contó que se había ido a trabajar en un buque  salmonero en Alaska.

Me acordé de él, pues hace poco terminé de leer el libro Into the Wild basado en una historia de la vida real (se podría traducir como Hacia la Naturaleza Salvaje), en la que un joven de 23 años,  Chris Mc Candles, muere en pleno corazón de la naturaleza en Alaska, a mediados de los noventa, después de haber vivido allí, completamente solo, por varios meses. El muchacho venía de una familia muy acomodada, y luego de haberse graduado de una de las universidades más prestigiosas de su país, decidió donar el dinero que tenía y desaparecer por dos años mientras viajaba como vagabundo por Estados Unidos y México. Su historia es muy interesante, y mientras yo leía el libro, pude revisitar imágenes de la película del mismo nombre, así como disfrutar de nuevo, en mis pensamientos, el soundtrack del vocalista de Pearl Jam, Eddie Vedder.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre la película y el libro. En la película se hace énfasis en la rebeldía del muchacho en contra de sus padres, quienes se preocupan por mantener una imagen de perfección que no coincidía con la realidad. En el libro, sin embargo, el autor (el periodista y escritor John Krakauer) hace énfasis en el carácter aventurero del muchacho, quien seguía una pasión interna, una necesidad de hacer lo que tenía que hacer, sin importar las consecuencias. El autor explica que para él fue también un imperativo contar la historia de Mc Candles en un libro (ya había realizado un exitoso reportaje) pues él se sentía identificado con el joven. En su libro cuenta, no solo la historia de Mc Candles, sino también la historia de otros aventureros que tuvieron con destinos trágicos similares. También relata su propia gran aventura en Alaska (siendo él mucho más joven) cuando se fue solo a escalar, por semanas, a una montaña solitaria, llena de cascadas congeladas y glaciares con precipicios. Toda la expedición fue espeluznante, pero jamás olvidaré las astas de cortina que anudó en cruz,  para luego amarrarlas a él mismo, arrastrándolas por la nieve, como precaución si pisaba un glaciar débil que pudiera tener un precipicio abajo (el quedaría colgado de ellas). El hecho de que Mc Candles hubiera muerto y él no, dice Krakauer, era pura suerte (él también, como mi guía aventurero, había viajado en un buque salmonero en Alaska, en donde trabajó para pagar el viaje).

¿Por qué hay que gente arriesga su vida? ¿Por qué sienten que tienen que llegar a la cima de una montaña? ¿Es irresponsabilidad, es pasión, o las dos cosas? ¿Es una cuestión de la juventud?

No sé si algún día suba montañas como lo hice hace años (por cierto, hablo de “subir” caminando, o hiking, nunca llegué a escalar, no soy tan valiente) pero no me siento frustrada (aunque cuando hice el comentario con el que empecé, hace ya unos siete años, sí lo estaba), pues ya he aceptado que no se puede hacer todo en la vida. He cambiado el sueño de grandes montañas por  excursiones cortas a las que he podido ir con mi familia, como la Quebrada Quintero en el Ávila en Caracas, el Cerro San Cristóbal en Chile, o el Cerro Cedro (Parque Metropolitano) en Ciudad de Panamá. En ellos he compartido con mi familia, no solo la alegría de caminar por un sendero natural, sino la vista que se aprecia desde lo alto y la satisfacción de haber llegado a una meta.

Sin embargo, me emociona mucho cuando veo en Facebook que alguien de mis conocidos o amigos ha coronado una montaña, o ha logrado hacer una gran excursión con la que soñaba. Me gustaría que supieran que me transportan dentro de sus fotos hasta los maravillosos paisajes en donde estuvieron y que desde detrás de esta pantalla les estoy aplaudiendo ¡Bravo!

@chicadelpanda

Crecer en el 2015

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-Cuando vayamos a Caracas, alguien nos va a cuidar a R y a mí, y ustedes se van a casar-, me dice S, mi hijo de cuatro años.

-Pero es que papi y yo ya nos casamos-, le respondo, divertida.

– Y yo ¿Dónde estaba?

El tiempo es un misterio para mí, pero cuando S me pregunta este tipo de cosas, recuerdo que es aún más misterioso para él. En otra ocasión, con cara de pensativo, me dijo:

-Cuando yo sea grande, ¿Voy a ser papá, o abuelo?

Más o menos le expliqué los conceptos de papá y abuelo, pero lo más interesante fue darme cuenta que para los niños chiquitos, los adultos son adultos y ya, sin matices. En realidad, ahora que recuerdo, esa concepción de adultos sin edad, también la compartía R, mi hija mayor, hasta hace poco. Una vez me concluyó sorprendida, al darse cuenta de cuántos años tenía yo: “¡Mami, hasta Katy Perry es menor que tú!” (Ese día estuve con una sonrisa estampada que nadie me la podía quitar, por supuesto).

En otra ocasión S me dice, confundido: “Mami, R cumplió diez años… ¡Y no creció!” Algo así también posteaban varias amigas en Facebook en la víspera de Año Nuevo: “Ya aquí llegó llegó 2015 y les tengo malas noticias ¡Está igualito que el 2014!”

Isabel Allende cuenta en una de sus memorias que religiosamente comienza a escribir un libro todos los 7 de enero de cada año, y yo decidí hacer algo parecido. No sé si me salga un libro para este año 2015, pero lo voy a intentar. Para ello debo que escribir todos los días, pues de lo contrario no tendré suficiente material. Aunque la actividad realizada será la misma que en el 2014,  e igual a sus años anteriores, el resultado será diferente. Tengo ganas de que cuando termine este 2015 pueda decirme en el espejo: “Se acabó el 2015… ¡Y sí crecí!”

@chicadelpanda

12 Cuentos Peregrinos

“-Ay, negro, una cosa es ser Piscis con ascendente Piscis, y otra cosa es ser pendejo”.
Gabriel García Márquez, en el cuento Buen Viaje, Señor Presidente, del libro 12 Cuentos Peregrinos

“Tu libro me recuerda los 12 Cuentos Peregrinos de Gabriel García Márquez”, me dice una amiga, quien me lo prestó pues yo no lo había leído. Leyendo el prólogo empecé a tener pistas del por qué de esa comparación: el Gabo había vivido en el exterior por varios años con su familia, y esas experiencias le inspiraron a escribir esos cuentos. Sin embargo, su narrativa no solo es ficción, sino que obviamente se encuentra unas cuentas ligas más arriba que la mía, así que ¿Qué onda? No entendía el comentario, así que había que resolver el misterio.
Poco después de empezar, ya se me había olvidado por qué estaba leyendo. El mundo de estos 12 Cuentos Peregrinos me absorbió, y cuando ya me había preguntado varias veces ¿Será que García Márquez no era genio, sino loco? , y ya me había reído en varias ocasiones (¡Jaja! ¿Pero a quién se le ocurre esto?) , leo esta frase, en el cuento Tramontana: “Ellos, al fin y al cabo, se habían criado entre los terremotos de México y los huracanes del Caribe, y un viento de más o de menos no nos pareció nada para inquietar a nadie”, ¡Igualito a nosotros! Solo que los huracanes eran en Miami y los terremotos eran en Chile. Segundos después, me acuerdo por qué estaba leyendo el libro, y me di cuenta que había resuelto el misterio.

En los 12 Cuentos Peregrinos los personajes son en su mayoría caribeños o colombianos, y todos llevan consigo la carga cultural de la irracionalidad, la cual, en contraste con los países racionales europeos en donde se encuentran, terminan protagonizando historias geniales. El cuento que jamás olvidaré será el último, en donde una muchacha colombiana de alta alcurnia se casa en su país con un tipo peligrosísimo. Ella se va con él de Luna de Miel a París y muere desangrada en dicha ciudad (y no en Colombia, víctima de algún acto de violencia), por haberse pinchado con la espina de un ramo de rosas que le habían regalado bien intencionadamente. ¿Qué nos depara este año 2015? No sabemos. Podemos extrapolar escenarios y visualizar consecuencias lógicas a nuestro presente. Pero la vida a veces se parece a un cuento de García Márquez, y no siempre lo que pasa es lo que tiene mayor probabilidad de pasar.

Recientemente, viendo una serie en Netflix de abogados, me llamó la atención una escena en que los personajes tienen que lidiar con Hugo Chávez (de ficción) y hablan con él por Skype. Mientras están hablando, Chávez dice “¿Y para que tenemos una habilitante, pues? Vamos a cambiar esa ley ya”, a lo que el abogado americano se queda perplejo y luego le comenta a su compañera: “es como estar dentro de una película de Woody Allen”.

Muchos latinoamericanos tenemos esa sensación. Puede que Venezuela sea un caso extremo, pero cualquiera que haya vivido en Panamá o México, sabe que es así también. No es casualidad que mientras más civilizado sea un país, menos creencias supersticiosas tenga, ya que los humanos tienen el control (o por lo menos parece que es así). Pero en “estos países” (como decía un italiano que conocía mi esposo) la gente tiene más conciencia de que el destino de cada quien es una suma de variables, muchas de las cuales están fuera de nuestro control.

Volviendo a la cita que puse al principio sobre Piscis (por si te estás preguntando si creo en esas cosas, ¡Pues claro! En esas, y muchas más, no sería Piscis si no lo hiciera) Cuando la leí, me entró un ataque de risa ¡García Márquez tiene que haber sido Piscis! Nadie que no lo sea puede saber esto. Verificar en Wikipedia… ¡Así es! ¡Ay Gabo! Todavía estoy oyendo al tenor cantando en aquella ventana de Roma mientras le responde el león del zoológico. Muchas gracias por tus cuentos peregrinos.

@chicadelpanda

La victoria del optimismo

Usualmente me desagradan los números de la vida real: los que cuentan dinero, tallas, pesos, fechas, horas… pero hoy es diferente.

Hace poco me di cuenta que el mundo sin números (o casi sin números) sí existe. Es el mundo de mi hijo S de cuatro años, quien por un lado me pregunta si su papá tiene tres mil años, y por otro me afirma que en Panamá hay muchísima gente, como cien personas. Hay varias excepciones a su mundo sin números por supuesto: sabe cuántos años tiene, por ejemplo (aunque no sepa qué quiere decir “años”) y también sabe que hoy es el último número de la última página del calendario que tenemos en su habitación.

Ayer, mientras compraba en el minisúper (abasto) de la esquina, oí a una señora venezolana, muy simpática, desearle feliz año a la señora china que la atendía, quien le respondió “gracias”. Instantáneamente recordé un artículo que leí hace poco en que decían que los trabajadores chinos que producían la mayor parte de la mercadería navideña en el mundo, no sabían qué era la navidad: “a lo mejor es como el Año Nuevo Chino”, decía una entrevistada. Me pregunté si la vendedora  sabría qué significaba el Año Nuevo para nosotros, de dónde había salido ese invento de contar los años de la manera en que lo hacemos, o por qué terminan nuestros calendarios ahora y no en unas semanas, como en China. Mmm… en realidad yo tampoco sé por qué en China celebran el año nuevo cuando lo hacen, ni por qué llevan la cuenta de esa manera.

Los números (como los del calendario) gobiernan nuestras vidas, nuestro inconsciente; pero también nos dan la excusa para imaginarnos en un futuro cercano más acorde a nuestros anhelos, a nuestras ilusiones, a nuestras esperanzas. Hasta el más pesimista se ve arrastrado por la esperanza colectiva de que en el año nuevo las cosas mejorarán, así sea por alguna parte, así sea solo un poco. Creo que la celebración del año nuevo es un invento de los optimistas para que los pesimistas se rindan y bajen sus armas, al menos por una noche. Así, con sus manos libres, se ven obligados a tomar una copa de champaña,  mientras hacen equilibrios para abrazar a la persona que esté al lado. En esos segundos el pesimismo muere súbitamente y la esperanza se declara victoriosa, pone sus brazos en alto y sostiene su trofeo para que el público lo vea; se oyen los fuegos artificiales, y el mundo entero se pone de pie, aplaudiendo en ovación.

@chicadelpanda

 

Detrás de cámaras (de un libro)

“Es muy fácil de leer” es el comentario que más se ha repetido sobre  mi primer libro Siete Maletas, Nuestras Anécdotas en el Exterior. ¡Misión cumplida! Aunque es un libro que cuenta anécdotas de la vida real, hay mucho esfuerzo detrás de cámaras, en donde el adjetivo “fácil” es el último que me viene a la mente.

Decidí escribir sobre el behind the scenes del libro, porque una lectora me pidió consejos sobre cómo escribir y qué temas. Como hay millones de escritores, y ella decidió preguntarme a mí, me siento honrada. Al mismo tiempo, sospecho que en realidad ella quería decir: ¿Cómo alguien que habla como yo, que viene de donde yo vengo, que vive en este mismo tiempo histórico tan impredecible, puede escribir un libro? Respecto a la sugerencia de temas: a mí me encantaría saber sobre la vida de la gente en la Venezuela de hoy 2014. Me gustaría leer un libro que haga que me sienta allí. Pienso que esa es una de las razones por las que la novela de Eduardo Sánchez Rugeles, Liubliana, me llegó tan hondo en el corazón. Porque me hizo estar allí, en Caracas, en este siglo XXI, o en España, e imaginarme la vida de un venezolano en ese país.

R, mi hija de 10 años, es aún fan de My Little Pony. Pero ahora es diferente a cuando tenía cuatro años: busca información en Wikipedia sobre el cómo y quién lo produce, quiénes hacen las voces, etc. Más o menos algo así es lo que quiero hacer ahora, y aprovechando el recuento de cómo se hizo el libro, también voy a escribir algunos tips de lo que he ido aprendiendo.

1- Aprovecha las lágrimas y la frustración, pues son motores de creatividad.

El primer año que pasé fuera de Venezuela (casada, sin hijos, la primera mitad en Morristown New Jersey, y la segunda mitad en Miami) fue un cuento de hadas para mí. En New Jersey no llegué a tener trabajo pues no me había llegado el permiso, pero caminé mucho casi todos los días hacia una laguna rodeada de pinos que teníamos cerca. Medité, leí, hice que nuestro apartamento fuera nuestro castillo encantado. Primer mundo, orden, prosperidad, limpieza, frío ¡Hasta nieve!

Luego nos mudamos a Miami, y yo, ya con el permiso correspondiente, me propuse trabajar de Ipso Facto. A las pocas semanas estaba detrás de la recepción de un gran hotel de la ciudad, y yo feliz, me sentía productiva, y además estaba conociendo personas de muchas nacionalidades. Me embaracé, y cuando se empezó a notar la barriga, las cosas cambiaron en la atmósfera laboral y me despidieron (me pusieron entre la espada y la pared, por lo que tuve que firmar una renuncia). Aquí es donde viene la parte de las lágrimas y la frustración: ¿Quién me iba a dar trabajo embarazada? La impotencia ante la injusticia, etc. A partir de ese evento, comencé a escribir constantemente, y decidí que eso era lo que quería hacer en mi vida. Pasara lo que pasara, iba a escribir (entre ese día y el día de la publicación de Siete Maletas han pasado 10 años).

2- Asume la escritura como parte de tu vida.

Mis escapadas del oficio de mamá de una bebé cuando vivía en Miami, consistían en irme con mi laptop a un café Starbucks a escribir (mi esposo la cuidaba por un par de horas cuando podía). Luego, cuando nos mudamos a Milán y pude dejar a R (quien tenía año y medio) en la guardería, también caminé y escribí mucho. Más adelante, cuando nos mudamos a Guadalajara, tenía un objetivo en mente: conseguir algún curso para aprender a redactar mejor. Durante nuestra primera mañana en esa ciudad, saliendo en coche con mi bebé a explorar las afueras del hotel,  en un instante mágico que aún recuerdo, dirigí la mirada hacia la izquierda de la calle en la que me encontraba (del otro lado de la acera) y leí un cartel en una casa grande, que decía: “Escuela de Escritores, SOGEM”. Alguien que me pellizque por favor, no lo puedo creer. En ese mismo instante crucé la acera y entré a pedir información de los cursos.

3- Edúcate.

Una cosa lleva a la otra. Si te gusta algo, si piensas que es importante, quieres saber más. Yo entré como estudiante en la Sociedad General de Escritores de México, solo con la intención de tomar algún curso de redacción, pero me enganché tanto, que tomé todos los cursos y talleres para el Diplomado en Creación Literaria (me tardé dos años y medio). Allí también me enteré de otro curso que daba una de mis maestras en el Fondo de Cultura Económica sobre Literatura Infantil, y lo tomé también. Escribí mucho durante esos años; me corrigieron mucho, también.

4- Haz que otros te lean.

Cuando comenzaron a leerme mis maestros y compañeros de clase, comencé a tener más confianza en lo que escribía. Luego con mis blogs, mientras vivíamos en Chile, también recibí muchos comentarios. Cada uno de ellos era una tarjetita que decía “lo que escribes, me importa”. Es una sensación maravillosa.

5- Escribe aunque no tengas nada de qué escribir.

Desde que comencé este blog hasta que publiqué Siete Maletas, pasaron cinco años. Tuve a nuestro segundo hijo, y escribir un párrafo coherente era para mí un reto, sobre todo, durante el primer año en que estaba lactando y cuando el bebé se levantaba muchas veces durante la noche. De todas formas, escribía. Eso hizo que mi mente estuviera activa, pero lo más importante fue que “mantuvo el sueño vivo”. Yo quería ser escritora, una escritora escribe, punto. Por otro lado: en la cantidad se llega a la calidad, en la escritura, o en lo que sea.

6- Edita, pero solo después de haber escrito mucho.

Comencé el blog a principios del 2010, pero fue a  finales del 2012, cuando edité formalmente por primera vez. Todo mi esfuerzo anterior a ese momento se enfocaba a escribir, pues sabía que me podía distraer muy fácilmente y abandonarlo. Luego de que ya el hábito de escribir lo tenía bien formado, fue que me atreví a editar (en aquella ocasión estuve editando por un par de meses, pasando a Word los artículos corregidos). La segunda ronda de edición comenzó a principios de este año 2014 y se extendió casi por un año entero, hasta que se publicó el libro el pasado noviembre.  A principios de 2014 tenía más de 620 posts publicados en el blog; luego de borrar los que estaban mal escritos, quedaron unos 500. Para seleccionar los que iban para libro, decidí incluir solo los que tuvieran una gran mayoría de contenido original mío (prescindiendo de aquellos en que la idea central fuera comentar un libro, una película, una noticia, o una charla, por ejemplo).  Los artículos seleccionados también tenían que tener cierta coherencia y continuidad. Así que de esa manera seleccioné 219 (los del libro ya no están en el blog).

7- Sigue escribiendo durante el período de edición.

Cuando edité por primera vez  a finales del 2012, dejé de escribir durante esos meses, y creo que fue un error. Durante este año 2014 no he escrito tanto como antes, pero he continuado haciéndolo, pues lo que no se practica, se olvida. Lo bueno de escribir durante y después de haber editado mucho, es que uno ya conoce cuáles son los errores más frecuentes, y deja de cometerlos.

8- Pide ayuda.

Yo estaba ciega de editar tanto, ya no veía mis errores. Así que solicité lectoras voluntarias en dos grupos de Facebook a los que pertenezco, que quisieran leer el manuscrito para darme sus opiniones. Fue tremenda experiencia, por un lado porque por primera vez personas desconocidas leían el libro entero y me daban su opinión, y por otra, porque conseguieron muchos errores que pude corregir. Les agradezco inmensamente, pues de otra manera el libro hubiera salido con unas metidas de pata horribles.

9- Averigua cómo publicar y hazlo.

Hay un portal de cursos en internet que se llama Udemy.com (ese es el que conozco, pero hay muchos más). Yo tomé uno que se llama How To Be a Best Selling Author in Amazon Kindle, que me gustó mucho. Allí me enteré de la existencia del programa KDP Select (Kindle Direct Publishing Select) en donde puedes publicar tu libro de manera gratuita, simplemente subiendo tu archivo Word en su sistema. Si ya tienes tu escrito listo (digamos, tu tesis de grado, o tu libro) es importante que tengas también: una portada (yo la mandé a hacer, pero también puedes hacerlo tú mismo con una herramienta que ellos tienen), siete key words (palabras clave con las que te encuentren en internet, que pueden ser frases cortas también) , dos categorías de Amazon Kindle (en mi caso, Memorias y Viajes), una descripción larga de tu texto (mientras más palabras uses, mayor posibilidades tienes de que los motores de búsqueda encuentren tu libro), un breve texto sobre el autor, que el índice de tu documento o libro tenga links a los capítulos (que al hacer click en el título del capítulo en el índice, vayas al capítulo en sí), así como una lista de links al final del libro para que tus lectores sigan en contacto contigo (blog, Facebook, Twitter, email, etc). También debes tener una cuenta de banco en alguno de los países indicados (atención con esto, pues son pocos) y que cuando veas tu libro en la vista previa de formato Kindle, lo más probable es que vayas a tener que hacer más ajustes (por ejemplo, los títulos de las anécdotas eran más largos en el documento original, y los reduje para que cupieran en una línea en el formato de Kindle, pues se veía mal tener títulos de dos líneas).

10- Promociona.

El programa de KDP Select te permite escoger dos tipos de promoción y yo opté por el que recomendaban en el curso, que era ofrecer el libro por cinco días gratis. También recomendaban hacer un esfuerzo en las redes sociales para que se hiciera la mayor cantidad de descargas durante esos días, para que así el libro comenzara a ser recomendado y pudiera estar en los top 100 gratis, preferiblemente en los top 20 gratis de tu categoría (pues esos son los libros que salen en la primera página de la búsqueda). La lógica detrás de esto es que, por un lado, así tu libro entra en los rankings, lo cual le da status y visibilidad; y por otro, así corre la voz sobre el libro, lo cual es simportante porque usualmente las personas compran libros porque se los recomiendan.

11- Vende.

Aún está por verse cómo resulta Siete Maletas en ventas pagadas. Yo estoy muy optimista, y planeo concentrar el esfuerzo de promoción en Facebook (para ello es imprescindible tener un página especial, en mi caso es Chica del Panda). También iré aprendiendo en el camino y seguramente encontraré otras maneras para promocionarlo.

 

Esta mañana S, mi hijo menor de cuatro años, me informó que había pasado la página del calendario (primera vez que lo hace, pues acaba de aprender qué es un mes, y hoy es 1 de diciembre). Siete Maletas es una realidad ¡Un sueño cumplido! Pero ahora me toca pasar la página en el calendario a mí también. Diciembre es un nuevo mes, una nueva navidad, un nuevo motivo para ser feliz.  Me siento muy feliz por tener una meta alcanzada. Ahora a buscar otras más.

Michelle L. Hardy

@chicadelpanda