Nosotros los introvertidos

Mis hijos me enseñan todo el tiempo. No solo siendo ellos, sino explicándome los temas que les gustan. Ellos mismos investigan  y luego me comentan.

Por ejemplo, S de ocho años, me mostró un video que consiguió sobre la profundidad del océano. También, por supuesto, me cuenta sobre todos los pormenores de Splatoon 2, el juego de Nintendo Switch que le encanta.

R, de trece, me ha mostrado videos sobre animación, por ejemplo, y también me cuenta sobre los libros que lee, como recientemente, que estaba leyendo Percy Jackson.

Uno de los descubrimientos de R en internet que más me ha llamado la atención, ha sido en el ámbito emocional. Ella se autoproclamó introvertida y me pasa los artículos que consigue. Qué maravilla. Yo creo que ni sabía que existía esa palabra hasta que llegué a mis veinte.

Yo también soy introvertida, y así mismo lo es mi hijo. Ser introvertido en una cultura latinoamericana puede ser visto como algo malo y sospechoso. Es más, diciéndolo ahora me siento como saliendo del clóset.

Una persona introvertida no es antisocial necesariamente. Lo que sucede es que tenemos mundos internos muy grandes, por un lado, y por otro, nos agotamos fácilmente cuando socializamos con mucha gente a la vez (al contrario de los extrovertidos, que mas bien se recargan de energía). Los introvertidos nos recargamos cuando estamos solos.

Por eso yo les dejo a mis hijos que estén solos haciendo lo que les provoque gran parte de la tarde, e incluso gran parte de los fines de semana. Lo hago porque yo sé lo que se siente después de estar  con demasiada gente por demasiado tiempo (en el caso de ellos, están siete horas en el colegio). Se siente un agotamiento total y hace falta recargarse de energía. Ellos necesitan su soledad, igual que yo.

Charge Up Your Introvert Voice

Mucha gente piensa que a los introvertidos hay que convertirlos en extrovertidos. Eso es así tan loco como tratar de convertir a un homosexual en heterosexual. No se puede. Lo que sí podemos es actuar “fuera de carácter” (como dice Brian Little, en su charla Who are you really? The puzzle of personality) porque tenemos un proyecto un mente. Por ejemplo, él dice que aunque es introvertido, actúa extrovertidamente cuando da clases, por necesidad. Pero eso es de a ratos. No podemos actuar como extrovertidos todo el tiempo.

Los introvertidos sí somos seres sociales, si nos gusta una fiesta (ok, no siempre). Lo que sucede es que necesitamos mucho más tiempo solos que la gente extrovertida. Después de una fiesta, un extrovertido va a otra, o al día siguiente continúa con todos sus compromisos sociales. Si yo hago eso, sin descanso de por medio, me agoto y hasta me pongo de mal humor.

A mí me gusta como soy, y me gusta como son mis hijos. El mundo necesita extrovertidos e introvertidos, y toda la variedad de gente que somos los millones de personas que vivimos en este planeta. Seamos comprensivos con los demás, que en la diferencia nos nutrimos unos con otros. La clave es  aceptarmos como somos.

Y como dice Brian Little al final de su charla: si ves que voy al baño y me tardo un poco más, no me persigas! Que lo único que necesito es estar sola un ratico.

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Libertad es riesgo

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Esa atractiva mujer con un tatuaje en el tobillo izquierdo, con tres pulseras de cordón en el derecho y otras tantas en las muñecas, de traje de baño negro, lentes de natación  y una gorra blanca, soy yo. Ya dejé de ser La Chica del Panda Tattoo (así se llamaba este blog en sus inicios) para ser La Nadadora del Tatuaje del Infinito (no, mentira no le voy a cambiar el nombre al blog). Ya es hora de enfrentar la realidad de que ya no soy más una chica, a pesar de que literalmente hablando siempre lo seré (mido 1.53 m, casi del tamaño de Lady Gaga). También es hora de enfrentar la realidad de que no tengo a nadie que me diga que soy bonita, o que me diga cualquier otro piropo, así que me toca a mí.

Una vez leí que podíamos entender la necesidad de poner límites a nuestros hijos, si considerábamos el siguiente experimento. En la primera parte, unos niños jugaban en un parque infantil, dentro de una cerca que rodeaba los juegos. En ese caso, muchos de los niños llegaban hasta la cerca y jugaban allí, o corrían desprecupadamente por todas partes, siempre dentro de la cerca. En la segunda parte del experimento, quitaron la cerca. Lo que hacían los niños entonces eran quedarse en los juegos, sin aventurarse a ir a más lejos.

Ahora que estoy separada, me siento como esos niños que siempre habían jugado dentro de la cerca, pero que de repente se la quitaron. Excelente, ahora tengo toda libertad, y hay un infinito de posibilidades. Pero al mismo tiempo no sé qué hay allá afuera, y mi instinto es quedarme cerca de los juegos. Poco a poco estoy haciendo expediciones para ver qué es lo que hay más allá. Me acerco a un árbol, lo analizo, le tomo fotos, ¿Será seguro encaramarse en él? Me regreso a los juegos. Salgo otra vez, me meto en unos arbustos ¿Tendrán espinas? Y  me devuelvo otra vez. Salgo a correr y de repente pienso, “mejor voy más lento, no vaya a ser que aparezca un precipicio que no haya visto y me caiga”.

Justo hoy leí, en un comentario que me dejaron, esta frase: “riesgo es libertad” a lo que yo le contesté, “y viceversa,  libertad es riesgo”. Sé que para muchos que ya han estado jugando allá afuera por mucho tiempo,  no entienden por qué no aprovecho mi recién adquirida libertad para salir a volar o correr. Se les olvida que hubo una época, hace mucho tiempo, cuando tampoco sabían qué había allá afuera, y que les tomó tiempo explorar y saber por dónde era conveniente meterse y por dónde no.

En esas estoy yo ahora, aprendiendo por dónde y hasta dónde puedo llegar. Así como me tengo que inventar nuevos sueños para suplantar los que se me cayeron, también tengo que hacer el papel de ser mis propios padres y averiguar dónde están mis nuevos límites, para así poder aprovechar mi nueva libertad, sin ansiedad.

Balanceando mi caminar

Goal for Today: Keep the Tiny Humans ALIVE Funny Coffee Mug for Mothers Day

Aquí voy, atravesando un precipicio, caminando sobre una cuerda floja (eso se debe a que estoy separada… mejor digamos que es un cable fijo, para no hacerlo tan dramático) y voy aquilibrándome con una gran barra horizontal, en donde de un lado tengo a la Gran Escritora (así le llamo a Dios) y del otro tengo a un niño de ocho años y a una adolescente de trece.

Cuando era niña (y no tan niña) a cado rato me decían que vivía en las nubes. Así que decidí sincerarme conmigo misma y con el universo: sí, me descubrieron, vivo en las nubes, tengo una casa allí y vengo acá al planeta Tierra a pasear de vez en cuando (no es cierto, tampoco es para tanto). La cuestión es que mi casa en las nubes es muy linda, si supieran! Sin embargo, tomando el cliché utilizado por muchas mamás que pasan por tiempos difíciles, lo que me hace poner pies en tierra, la roca que me sujeta a este mundo y me da fuerza, son mis hijos. Por eso me ven funcionando como un ser humano más o menos normal: por ellos.

Ayer, cuando hablé de la Gran Escritora, les di un vistazo de cómo es mi casa en las nubes. Hoy quiero hablarles de mi casa en la Tierra en Querétaro, México. Lo más importante de ella son los dos habitantes que viven comigo allí, y de quienes me encargo de proveer parte de lo que necesitan (a nivel económico, no, sin embargo). ¿Qué necesitamos los seres humanos?

Pirámide de Maslow – Wikipedia

Según la pirámide de Maslow, tenemos que tener las necesidades básicas satisfechas primero, antes de tener las que siguen, en orden ascendente. Las básicas son fisiológicas (alimentación, descanso…), y de seguridad (recursos económicos, seguridad física…). Luego vienen de afiliación (amistad, afecto…), reconocimiento (autoestima y respeto hacia los demás) y al final, autorrealización (creatividad, motivación de crecimiento).

Las necesidades que tenemos son muy variadas y no son solo las básicas, aunque si alguien no tiene sus necesidades básicas satisfechas, no puede satisfacer las demás. Estar consciente de que estas necesidades básicas, aunque estén satisfechas en un momento dado,  pueden dejar de estarlo (dado que la situación puede cambiar y hay que planear para el futuro) es lo que hace que toquemos tierra y bajemos de las nubes (sobre todo cuando tenemos niños a cargo).

Para mí no es fácil tocar tierra. Me gusta mucho mi casa en las nubes. Pero tengo dos hijos que hacen que el esfuerzo de hacerlo tenga sentido. Así como cuando no confío en mí misma, confío en la Gran Escritora, cuando me invade la desmotivación, me recargo de energía pensando en ellos. Así, me balanceo, y me atrevo a caminar un poco más sobre este cable misterioso que no sé a dónde va a llegar.

Abriendo un nuevo capítulo de vida

Me separé de mi esposo y por eso no me habían visto por aquí desde hace bastante tiempo. Se me destrozaron 18 años de esperanzas y sueños, y no tenía ganas de escribir.

Ya hoy, 17 de abril de 2018, he decidido regresar al blog. Voy a continuar hablando sobre creatividad, optimismo, ser padres, minimalismo, sencillez, estilo de vida responsable hacia nuestro planeta y sobre la aventura de ser una nómada terrícola.
 Hasta ahora no he hablado de mi esposo, y voy a continuar sin hacerlo. Lo que sí quisiera dejar claro es que esta separación es para siempre, no hay vuelta atrás. De hecho, recomenzar este blog es la apertura oficial de un nuevo capítulo de mi vida.

Quisiera dar las gracias a mi amiga y artista Luli Trujillo por enviarme este maravilloso video sobre creatividad que quiero compartir con ustedes (al final del post). Según este, solo el 2 – 3 % de los adultos somos creativos. Somos unas privilegiadas Luli!

Mis hijos están bien. Una separación nunca es fácil, pero cuento con los niños más resilientes de la Tierra. Yo me he tenido que inyectar coraje a fuerzas para reemplazar todas las energías que se me han ido de tanto llorar. Pero aquí sigo, vivita y escribiendo!

La vida en esta Tierra es un privilegio y quiero seguir compartiendo en este blog los apuntes que voy tomando de ella. Sin embargo,
 todos necesitamos un empujoncito. Motívenme un poquito dejándome “me gustas” , compartiendo este post y tipeando sus comentarios. Les estaré eternamente agradecida.

Les deseo que tengan un maravilloso día, y si, como yo, ven que sus sueños se desbaratan, tómense un tiempo para recomponerse y comiencen a inventarse otros. La esperanza de un futuro mejor es lo que nos mueve a seguir caminando. Si no la tenemos, hay que inventarla!

“But this is a normal country”

I recently went to the most luxurious kid’s birthday party I’ve ever been. Whisky, wine, waiters, appetizers for grown ups, snacks for kids, themed- oriented-furniture, fluorescent lights, imported candy, a cake “table” the seemed stolen from the scenario of a theater, a trampoline, zip lining (three meters high at least, and more or less thirty meters long), one mini soccer table, two Lego tables, one mini air hockey table, a Jedi, a Clone and Dart Vader himself. A few days before the party, the school were our kids go to (my own kid and the party’s kid) had a special parent’s meeting to approve an increase in tuition fees in order to pay for the new national (mandatory) employee’s food bonus, which ended up being “225 Bs. a day, for 30 days” (1 US dollar in the black market is more or less 800 Bs.). What can you eat with 225 Bs. a day? A Susy package (two wafer cookies, 50 Bs.) and a Flaquito (a chocolate candy that I didn’t know before that’s awesome! 180 Bs.) perhaps?  No… that’s 230 Bs. Two empanadas at 100 Bs. each! And then you have 25 Bs. to splurge. It felt to me like the school was in one planet, and the party was in another one, in a galaxy far, far away.

The other day I was saying to someone: “In a normal country this wouldn’t happen” (“this” could have been so many things, I don’t remember what it was) and the person I was talking to immediately corrected me: “but this is a normal country. What is not normal is the government”. I timidly smiled and tried to explain that what I meant by “normal” was not the US or Europe, that it was more like Mexico or Panama. I don’t think he got it. For him, Venezuela is as normal as any other country. I wonder if it will end up being normal for me too.

@chicadelpanda

Aunque muchas cosas cambian, otras no

 

Punky Brewster :)

“¡Espera!”, le dije a mi “persona normal”. Mi persona normal soy yo, de entre ocho y doce años (hacía unos días S , mi hijo de cinco años, me había dicho que “las personas normales” eran chiquitas e iban al colegio; eran niños, pues). “Quería decirte que te quiero mucho; y que aunque muchas cosas no van a salir como esperabas, lo bueno es que algunas de esas cosas terminan siendo mucho mejor de lo que te imaginabas. También quería decirte que he decidido que voy a cambiar mi color preferido. A partir de hoy, en vez de verde, será blanco (así es, ya hace mucho rato que el color morado no es tu color preferido). Es que, ¿Sabes? Aunque muchas cosas cambian, otras no”.

 

@chicadelpanda

¡Quiero millones!

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Hace poco decidimos comprar un Wii Mini, a insistencia de los niñitos. El acuerdo fue que ellos nos daban el dinero que tenían ahorrado en sus alcancías, y nosotros poníamos lo que faltaba. Yo feliz, ellos felices, magnífico. Hasta ayer…

Como me faltaba comprar algunos útiles escolares, le digo a S, mi hijo de cinco años, que vamos a ir un momentito a la librería, y que después íbamos a la casa. Así que llegamos al sitio, y mientras estoy haciendo una pequeña cola para pagar, S se consigue una moneda de un centavo. Por unos segundos se contentó, pero de la nada se puso a gritarme, mientras empleadas y compradores hacían de público cautivo:

– ¡Yo tenía muchas monedas! ¡Tú me las quitaste!

– Pero, S, vamos a empezar a coleccionarlas de nuevo…

– ¡Yo no quiero una sola moneda! ¡¡Yo quiero millones!! -, e inmediatamente tira al piso el centavito con todas sus fuerzas-, ¡ Yo no quiero una sola moneda ! ¡¡ Yo quiero millones!!

– S, pero ¿Te acuerdas qué hicimos con esas monedas? El Wii…

-¡Yo quiero muuuuchas monedas! ¡¡Quiero millones!! -, y así mini Dr. Jekill desapareció y apareció mini Mr. Hyde, y no iba a desaparecer, hasta que todo lo que tuviera que botar, hubiera sido botado. Being there, done that. Paciencia.

Nos fuimos caminando de regreso, y un par de veces se sentó en el piso de la acera, con brazos y piernas cruzadas, mientras seguía con el grito de guerra “¡Yo no quiero una moneda! ¡¡Quiero millones!!” Como ya sé que no hay  nada que yo pueda hacer para que Mr. Hyde desaparezca, sencillamente no hablé más y me limité a esperarlo mientras él decidía levantarse de nuevo. Por fin, llegamos a la casa, y gracias a Dios, encontró el Ipad, y se transformó de nuevo en menos de cinco minutos en el dulce niño que usualmente es. Lo más irónico es que hacía un par de días yo le había asegurado a una amiga que S ya no tenía berrinches, que ya había superado esa etapa.

Cuando me pasan estas cosas, me entra la duda de si les estoy enseñando algo a mis hijos. A veces siento que, no importa lo que haga, ellos terminan haciendo y pensando lo que les dé la gana, o para ponerlo más bonito, que ellos terminan “agarrando su camino”. Yo con tanto empeño en cultivar que si valores humanos, que si el valor del dinero, qué se yo, y él pegando gritos en la calle diciendo “que quiere millones”.  A veces siento que soy Debra en Everybody Loves Raymond y que Frank y Marie (sus suegros) se  ríen de mí mientras me ven empeñándome en hacer las cosas by the book.

@chicadelpanda