Michelle’s Secret

Una mamá, que vino a comprarme un estante desarmable de colores, me dice, a modo de confesión: tengo un balcón un poco más grande que el tuyo y lo remodelé como cuarto de juego para las niñitas, para que incluso lo puedan usar en invierno. Pero me quedé sin plata y todavía tengo que organizarles los juguetes, así que por eso me puse a buscar en Mercado Libre”.

Ayer vi una charla en Ted.com sobre una página web, http://www.postsecret.com , “un proyecto artístico y  comunidad dinámica en la que la gente envía por correo sus secretos de manera anónima, en un lado de una postal echa en casa” (traducción mía). Han acumulado más de 500 mil postales a través de los años, y todos los domingos ponen las que les han llegado recientemente. Imagínense, hay secretos de cualquier tipo, conmovedores, divertidos, de horror… la gente que quiera contarle su secreto a alguien solo tiene que escribirlo y enviarlo a la dirección que indican.

La iniciativa me parece estupenda. Es como hacer un decluttering mental, sacar algo de tu cabeza que necesita ser sacado, pero que estás consciente que no puede ser echado en cualquier parte. Sin embargo, yo decidí que quiero compartir un secreto mío con ustedes. Aquí, en este blog.

Acerquen el oído, ¿Nadie por ahí? Ok:

Si no se toman en cuenta zapatos, calcetines, ropa íntima y de dormir, el 80 o 90% de mi ropa es… usada.

Todo comenzó en Miami, cuando descubrí las tiendas Goodwill y descubrí que podía conseguir el mismo bluejean que vendían en 48 dólares en las tiendas, a 8 US$ en la tienda de ropa de usada. Luego, cada vez que me he mudado de país, le he seguido la pista a la “ropa americana” como le dicen aquí en Chile. La gente de Goodwill – así como otras empresas similares en USA – tiene tanta ropa, que hasta le venden al tercer mundo. Así que, para mí es aún mejor comprar usado por estos lares, pues si un blue jean costaba 48 US$ en USA, ni se quieren imaginar en México, en donde usualmente es 50% más que en USA , o en Chile, que usualmente es como 100% más.

Una vez estaba yo manejando en el auto – todavía cuando vivía en Miami – dirigiéndome hacia el Baby Shower de una gran amiga, cuando el bichito de la inconformidad empezó a picarme. No me gusta la pinta que llevo. Esto no me queda nada bien. ¿Qué tal si… me bajo un momentico en la tienda de Goodwill que queda en el camino, y veo si encuentro algo? Así que eso mismo hice, me probé varios vestidos y conseguí uno que me encantó. Le dije a la cajera que el vestido que tenía puesto era el que estaba comprando, pagué y me fui. Of course, nunca dije nada en la fiesta. Aquí me pueden ver con todas las demás mujeres invitadas, ¿No me veía estupenda ? Jajajaja (yo soy la que está en el vestido verde, al lado de la embarazada).

Años después, fue que caí en cuenta  que comprar cualquier cosa usada es una costumbre muy ecológica, pues demandamos menos recursos de la Tierra y generamos menos basura. Pero todo empezó por querer ahorrar plata y por complacer un poco a mi propia vanidad.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Link de la charla: Frank Warren – Half a million secrets

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Unas palabras sobre las tiendas de todo por un dólar

Jajaja, todo esto es culpa de las tiendas de todo por un dólar, me dijo una vez un amigo cuando vivíamos en Miami. Estábamos en el garaje de él, buscando algo. No era el típico garaje americano atestado de cosas. Al contrario, estaba muy ordenado, pero, como muchas veces pasa, el mismo se estaba convirtiendo en el depósito de todas las cosas que no se usan.

La cuestión es que su comentario me dio justo en el corazón. Las fulanas tiendas de todo por un dólar se habían convertido en un vicio para mí, a pesar de que apenas había puesto un pie en suelo americano, yo me había jurado que no me iba a convertir en un consumista, que no me iba a gastar la plata comprando cosas. Pero mi cabeza logró darle la vuela y conseguir la excusa, con el maravilloso descubrimiento de las tiendas de todo por un dólar. Ningún problema si me volvía loca comprando cosas, total, si me compraba 20 cosas, eran 20 dólares, no es nada. Algo así como la viciosa de las apuestas que decide decir no- absoluto- más- nunca- jamás a los casinos, pero consigue unas maquinitas de monedas en el mall, y respira aliviada, mientras piensa, listo, esto en verdad no es un casino, y si pierdo el control, solo son unas moneditas.

Un tiempo más tarde, cuando nos mudamos a Guadalajara, México, me encontré de nuevo con las tiendas de todo por un dólar. Esta vez retomé el vicio, pero hasta peor, porque estuvimos como cuatro meses sin que nos llegara la mudanza, mientras vivíamos en una casa temporal. Durante ese tiempo, las tiendas ésas eran lo máximo porque podía comprar un montón de cosas y darme la ilusión de un hogar que no tenía. Por ejemplo, llegó navidad, y luego de comprar un arbolito y un nacimiento bien baratos, me fui a la tiendita de todo por un dólar a comprar  las decoraciones. Mi hija merece la ilusión de navidad, pensaba, y así, encontraba una excusa para cualquier cosa.

Sin embargo, pensemos. Así como nuestro auto disminuye un 10% de su valor en el momento que lo sacas de la agencia, lo mismo pasa con la cosas que compramos para la casa. ¿Han tratado de vender algo usado alguna vez en la vida? Yo sí, muchas veces, por tantas mudanzas que he tenido. El valor en que las puedo vender la mayoría de las veces (después de solo unos pocos años de uso) no pasa de la mitad del precio de compra original. Muchas veces no se venden y punto, como por ejemplo dos sofás que tuvimos que regalar en Miami antes de irnos a Italia.  Imagínense las cosas que se compran en esas tiendas baratas. ¿Cuál es el valor de esas cosas en tu casa, si en la tienda ya costaban solo 1 dólar? Estamos pagando por cosas que serán desechadas más pronto que temprano. En otras palabras, estamos comprando basura.

También está el tema de la procedencia de esas cosas. Si fueron hechas en China, por ejemplo, y luego fueron transportadas desde tan lejos  hasta nuestro país.  ¿Qué salario de esclavo habrá ganado la persona que trabajaba en esa fábrica, si lo que hizo se vende por un dólar? ¿Cuántas compañías que están pagando un salario decente a sus trabajadores tienen que cerrar sus puertas porque no tienen quien les compre sus productos? ¿Cuánto CO2 se habrá generado en la producción y transporte de esas cosas? ¿Qué tipo de supervisión me dice que esos productos no son tóxicos? ¿Cuánta basura innecesaria estoy generando con esa compra, no solo con el producto en sí, sino con su empaque?

Uno nunca gasta un dólar en las tiendas de todo por un dólar. La cuenta de una compra impulsiva, más otra, más otra,  sí impacta el bolsillo.  ¿No hay algo mejor que uno pueda hacer con esa plata? Y más importante aún que el dinero: ¿No podría estar haciendo algo mejor con mi tiempo, que es el recurso del  que todos los adultos carecemos más?

Hay una tiendita en la estación de metro cerca de mi casa en Santiago, que dice Todo a 300 pesos (algo así como 60 centavos de dólar). Cuando paso por ahí, volteo para otro lado a propósito, pero si me doy cuenta que inconscientemente estoy caminando para allá, como una mosca atraída por el dulce, con pensamientos tipo seguro hay unas colitas para mi hija, hago un acto de fuerza de voluntad, y si ya estoy poniendo el pie adentro, empiezo a hablar conmigo misma y me digo: No, no, no, no. Cierro los ojos por una micra de segundo, me doy vuelta y me voy.

@chicadelpanda

chicadelpanda.com

Buenos hábitos ecológicos de los países en que he vivido

A veces hace falta que venga alguien de afuera para que vea con otro lente la realidad de una ciudad, o un país. Cuando uno lleva mucho tiempo viviendo en un sitio, ciertas cosas pasan a ser tan obvias que uno se olvida de su existencia.

Como he vivido en varias ciudades, quisiera compartir con ustedes algunas buenas costumbres o maneras de pensar, que he ido recogiendo en el camino. Bueno en este caso se refiere a que es respetuoso con el ambiente.

Caracas, Venezuela

De esto no me di cuenta yo, que viví en mi ciudad natal hasta los 29 años. Se dio cuenta un amigo rumano de mi hermana, quien comentó algo así:  ustedes viven en mayor contacto con la naturaleza que en ninguna otra parte que yo haya visto. Hay jardines adentro, no solo afuera, de las casas. Ciertamente, algunas casas tienen jardines adentro, pero yo nunca he visitado una casa en Caracas que no tenga matas. Por otro lado, usualmente no hay aire acondicionado en donde uno vive, sólo en oficinas o en lugares públicos (mucho menos calefacción). La última vez que fui a Caracas – ya estaba viviendo en Santiago, Chile ciudad que aunque es muy bonita, ni de cerca tiene la vegetación de Caracas-  recuerdo que le dije felizmente a mis compadres, viendo su jardín: me siento en la selva.

Tener matas y no depender de un sistema de climatización, disminuye la producción de gases de invernadero (que empeoran el calentamiento global) .

New Jersey, Estados Unidos

Morris County tenía una biblioteca central gigantesca, acompañada de pequeñas bibliotecas locales. Creo que es lo mismo en todo Estados Unidos, pues en Miami, aunque el sistema de bibliotecas no era tan espectacular, era muy bueno también.

Esto es respetuoso con la naturaleza porque permite a los comedores de libros reducir su consumo. Se salvan árboles, se evita la producción de gases de invernadero en el transporte, y  se disminuye la basura.

Miami, Estados Unidos

Una sola palabra: Goodwill. Cuando empecé a donar artículos de mi casa para simplificar mi vida, me di cuenta que en el camión que las recibían había cosas maravillosas: juguetes prácticamente nuevos, ropa, libros, etc, ¿Qué hacen con todo eso? Le pregunté a la persona que estaba en el camión. Se llevan a las tiendas Goodwill y allí se venden. El dinero va a la organización, que ayuda a personas que tengan alguna discapacidad.  Así que hice que me hice clienta. A veces compraba las cosas y las volvía a donar (por ejemplo una serie de VHS de los Muppets).

Lo respetuoso con el ambiente se refiere a que se reúsan las cosas por un lado (no terminan en el basurero ) y por otro, no se usan recursos para fabricar cosas que ya existen.

Milán, Italia

No se compra en cantidades, sino en calidad. Primero: a nadie le importa que le vean a uno 80 veces la misma ropa, eso es lo normal. El secreto: esa ropa es de calidad, no hace falta tener el closet repleto de ropa barata. Segundo: todo el mundo recicla, porque en cada edificio hay un pote para cada material.  Tercero: la gente anda a pie, en bicicleta, en metro o en tram; el que anda en auto usualmente anda en un minicooper  o algún  otro carrito pequeño. Cuarto: nadie usa ni microondas ni muchos menos, pecado mortal, secadora (la cual además de gastar mucha electricidad, echa a perder más rápido la ropa).  Quinto: existen los huevos de gallinas felices que viven en un corral, al aire libre (en contraste con los que se venden en todas partes, que vienen de gallinas deprimidas y estresadas que viven en jaulas sin moverse, y sin ver la luz del sol, en una fábrica).

Pero lo más importante es que todos los italianos que conocí tienen este credo: la comida que se hace en casa es mejor que la de cualquier restaurant. Desde cero, por supuesto, no estamos hablando de la pizza que se descongela. Comer en casa siempre será más respetuoso con la naturaleza que comer afuera, sobretodo en el caso de la comida rápida, o en donde se usan artículos desechables (servilletas, manteles, vasos, cubiertos, bolsitas de azúcar, etc).

Guadalajara, México

Como en Caracas, la mayoría de la gente no tiene aire acondicionado, y tampoco usan calefacción. También es muy común secar la ropa al aire libre. Como en Italia, les gusta cocinar en casa. Estar orgulloso de la propia cocina, como en México o Italia, es bueno para el ambiente.

Santiago, Chile

Transportarse en bicicleta.  Mucha gente anda en bicicleta porque hay vías especiales para éstas, las aceras para caminar están en buen estado – y además son anchas – los autos no se estacionan en ellas, hay rampas, hay estacionamientos de bicicletas, y hay semáforos de peatones (a veces incluso de bicicletas) por todas partes.

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Este resumen se refiere a lo que yo aprendí, pero estoy segura que si le preguntan a otra persona, va a responder algo diferente. A veces las cosas que a uno le parecen una locura son totalmente normales en otro país. Algunos hábitos se pueden aplicar en todas partes, otras no. Pero es bueno saber qué hacen en otros países, porque a lo mejor nos sirve, así como  también es bueno saber qué estamos haciendo bien y aplaudirnos por eso.

Por Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

Ruidos de verano en Santiago y Milán

Es verano aquí en Santiago, y se oyen más ruidos que en invierno, tanto de la naturaleza animal, como de la humana. Hace unos días -como a las 11 o 12 de la noche- oigo el bochinche típico de una fiesta, y me vienen recuerdos de cuando vivíamos en Milán.

Llevábamos pocos días de haber llegado con nuestra bebé de año y medio, directo desde Doral en Miami (o Doralzuela como a los venezolanos les encanta decir) donde vivíamos antes. Buscábamos cultura, la Europa, el viejo continente, Italia…y llegamos al único edificio en todo Milán que tenía un bar en la planta baja … ¡de reggae! Al principio no se oía casi nada desde nuestro apartamento, pero a medida que avanzaba el verano, ponían la música más fuerte y la gente hablaba más alto en consecuencia.

Una vez se lo comenté a mi cuñado -quien vivía en el edificio de al lado- ya que algún vecino había tomado la iniciativa de dejar un letrero amenazante, dirigido a la gente del bar en la entrada del edificio (y el cual no voy a transcribir aquí porque incluía groserías).  Esto fue lo que me respondió mi cuñado: “pero si los pobres llevan todo el invierno sin salir, es verano, tienen que divertirse”.

Total que aquí estoy -tan lejos que en casi todo el mundo es invierno, mientras nosotros estamos en verano- y aun así, me toca al lado de un edificio en donde hay unos venezolanos escandalosos. Que ¿cómo sé que son venezolanos? Ok, no lo sé a ciencia cierta. Lo que pasa es que otros venezolanos que viven en este edificio, nos juraron por su mamá que había unos compatriotas en el otro edificio porque los habían oído desde su apartamento. Y, pues… yo  asumo que son los mismos.

Por Michelle Lorena Hardy  –   Chicadelpanda.com

Shocks culturales navideños de una venezolana

Para los no venezolanos, solo una pequeña nota informativa: la navidad es para un venezolano cualquiera, la época más importante, la más alegre, la más festiva, la más emocionante, la más venezolana. Es cuando Venezuela llega a su máximo esplendor cultural: la música, la comida, los amigos, las fiestas, las parrandas, las decoraciones, los nacimientos, los bailes, las competencias musicales, los festivales, los bazares, etc. La navidad es para Venezuela, como el carnaval es para Brasil: mucha gente empieza a practicar aguinaldos y gaitas  a mediados de año, se empiezan a preparar hallacas y panes de jamón desde noviembre y sobre todo, es mucha fiesta, mucha música, mucho ruido. Por supuesto, también se va a misa y se reza.

Dicho esto, comencemos: no quiero hacer un listado de todas las diferencias entre las maneras de celebrar la navidad en diferentes países, sino solo comentar  lo que más sorprendió de cada una, o en otras palabras, mis mayores shocks culturales navideños.

El primero fue en Miami, el 24 en la noche. Siendo Miami tan latino, me imaginaba un poco más de aire festivo, pero no se oía nada, ni de mis vecinos, ni en la calle, nada, ni siquiera una musiquita con un volumen más alto.

El segundo fue en Guadalajara, México. Estando en Jalisco, con una tradición musical tan internacionalmente famosa, me esperaba una tradición musical navideña extensa también. No es así: tienen como tres canciones que repiten todo el tiempo y Blanca Navidad de Luis Miguel (bueno estoy exagerando un poco, pero digamos que son muy pocas). Idem con la comida, siendo tan compleja, me esperaba comidas tradicionales navideñas mexicanas, pero prácticamente no hay.

El tercero fue en Santiago, Chile, cuando le pregunto a una chilena que por qué casi no celebran la navidad. Su respuesta: “es que eso es una costumbre del Norte, de Estados Unidos” . Y aquí va otro comentario de otra chilena: “es que a mí no me gusta eso de celebrar la llegada del año nuevo, y tener que abrazar a la gente, me hace sentir incómoda”.

Así que me inventé mi “Evaluación navideña”, en que le pongo un número a la intensidad de la celebración navideña de los sitios en que he vivido, del 1 al 10, siendo 1 el que menos y el 10 el que más:

10   Caracas, Venezuela

7     Guadalajara, México

5      Miami,  Estados Unidos

2     Santiago, Chile (porque cero sería un país no cristiano )

Eso es todo por hoy.

@chicadelpanda

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P.D. Panamá,  donde me mudé en 2012, sería 5, como en Miami

 

¿Por qué escribir?

Rosa Montero

Estoy haciendo limpieza de mi computadora o mejor dicho, voy a usar esa palabra en inglés que me encanta: estoy decluttering it. En realidad llevo como dos meses en esto, siendo uno de los productos más importantes de dicha operación, la creación del blog Rayos de Colores, Poesía para conjugar el verbo amar, y el otro, el  reencuentro con muchas anécdotas y reflexiones, unas muy interesantes, otras no tanto. También mucha porquería, por lo que es muy rico ir haciendo  delete, delete.

Cada vez que alguien me ha preguntado sobre mi escritura en los últimos años, siempre he dicho que empecé a hacerlo de manera continua cuando mi hija mayor tenía ocho meses. Hoy, releyendo algunas cosas, me doy cuenta que no es cierto, que había empezado a hacerlo mucho antes, cuando estaba embarazada, a raíz de que me habían botado de un trabajo en Miami. Fue un despido injustificado que “casualmente” se dio cuando mi barriga empezó a notarse, pero – según leo  – fue la motivación para comenzar esta aventura que aún sigo y que quién sabe a dónde me llevará.  A veces cuando se cierra una puerta no se abren otras ventanas, como dice el refrán, sino que uno tiene que fabricar ventanas nuevas.

Lo otro que me llamó la atención de lo que escribí cuando me despidieron, fue que lamentaba no haber podido decir adiós, o aclarar malentendidos con mis compañeros. Me sentía muerta para todos ellos, pues lo más probable era que no los iba a volver a ver. Hacía también un paralelismo de la situación laboral con la vida: ésta también es así, de repente un día vives y de repente un día no, y puede que no te dé tiempo de decir tantas cosas.

La autora Rosa Montero (foto) en el libro La loca de la casa – en el que reflexiona sobre los escritores en general, y en su caso en particular – decía que todos los escritores le tenían un miedo terrible a la muerte. ¿Será por eso que uno escribe, por esa angustia de quedarse sin decir todo lo que tiene uno en la cabeza? Quizás, quizás.

@chicadelpanda

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