Minimalismo versus escasez

Cuando vivía en Chile, hace siete años, comencé a bloguear. También empecé a  tener una vida más sencilla. Años más tarde, cuando nos mudamos de Panamá a Venezuela en el 2015, corroboré que la simplicidad voluntaria es solo válida, cuando es, pues… voluntaria. Si la sencillez es obligada, se llama socialismo, y si los que te la imponen son corruptos (ejm, el gobierno de Venezuela) terminas siendo pobre, o actuando como pobre.

Cuando viví en Caracas, (emigré en el 2003, pero volví a mi ciudad natal en junio de 2015, quedándome por un año) un día me di cuenta que se me iba a acabar el champú. Afortunadamente, alguien que vive en otro país, me lo consiguió. Una sola vez, en un año, encontré jabón en una farmacia. Hilo dental, jaja. Toallas sanitarias, una vez, con contactos (el famoso mercado negro, el cual no es una red de criminales, sino  un puñado de conocidos que te ayudan con datos, es decir, la amiga de una amiga, por ejemplo, que te dice dónde y quien te puede vender algo, o individuos que venden en la calle o en mercados no regulados). ¿Antimosquitos? (Zika o dengue, anyone?) ¿Antiparasitarios? Jaja. ¿Papel higiénico? Un par de veces conseguí pacas por debajo de cuerda. Y así un largo etcétera de productos alimenticios, de limpieza, medicinas y hasta ropa. Escasez de todo, incluso agua y electricidad. ¡Hasta gasolina! Los venezolanos nos habíamos convertido en  pingüinos con escasez de hielo.

Venezuela, debido al estilo de vida de su gente, es un país ecológico ¿No? (Ya que ha reducido el consumo de absolutamente todo).

No. Porque el objetivo final de ser ecológico es el bienestar de toda la naturaleza, de la cual  los humanos somos parte fundamental . Lo que está sucediendo es diametralmente opuesto. Se supone que en el socialismo la riqueza de una nación está mejor distribuida. ¿Qué riqueza, perdón? Para eso debe existir riqueza primero. La única que queda es la que tienen los enchufados que están en el poder.

Una cosa es que yo decida disminuir el consumo de agua y electricidad en mi casa. Otra bien distinta es que corten el agua sin aviso, o que solo la tenga disponible tres horas al día.

Una cosa es donar plata a quien lo necesita. Otra cosa es que te roben.

Una cosa es ser sencillo. Otra cosa es ser pobre.

Una cosa es ser minimalista. Otra cosa es sufrir escasez.

En los primeros casos uno decide. En los segundos casos, no. Una cosa es que decida comprar solo la ropa que necesita mi familia. Otra cosa es necesitar comprarle ropa a mis hijos y que no pueda porque, o está ridículamente cara, o no hay talla, o no ha llegado ropa aun (prácticamente todo es importado en Venezuela), o cerraron el negocio porque quebró o lo expropiaron… o, mi favorita, tengo la ropa en frente de mí, pero la vendedora no quiere que se la compre, porque está esperando a que suba el dólar, y así venderla más cara.

Ese ejemplo de la ropa es superficial. Pero imagínate que en vez de ropa, es insulina porque tu hijo tiene diábetes. O leche, o pañales, y tienes un bebé. O sencillamente, que pasaste horas de cola y que cuando llegaste no había comida, así que no tienes nada que darle a tus hijos. O que no llega la famosa bolsa CLAP a tu casa (la cual usa el gobierno para dominar a la gente por medio del hambre). Esos no fueron mis casos, ya que yo era parte del pequeño porcentaje de la población “privilegiada” que no estaba pasando hambre. Pero sí son los casos de la mayoría de las personas que viven en Venezuela.

A los pocos meses de regresar, ya me había dado cuenta que la sencillez voluntaria/ ecología no tenía sentido en Caracas 2015. No me quedó otra que cambiar el chip anterior y reemplazarlo por el de sálvese quien pueda. ¿Conseguía harina? No compraba un kilo, sino veinte. ¿Leche? Dame todo lo que puedas venderme. El socialismo obligado, en vez de hacerme tener una vida sencilla, me la complicó. En vez de despreocuparme por las necesidades básicas, lo único que hizo fue tenerme angustiada permanentemente.

Cuando el año pasado nos mudamos a Querétaro, me recordé a mí misma que ya no hacía falta estar almacenando grandes cantidades de productos. Que ya podía volver a mi antiguo estilo de vida.

Mentiras totales.  Era como si, luego de haber pasado un año de hambre, pretendiera hacer dieta en un banquete. Yeah, right. Me cayó el veinte, como dicen en México, cuando un día me puse a contar la cantidad de champús que había en la casa: que si el de niños, el de hombres, el enorme de Costco, el de la oferta buenísima, el del práctico envase, el anticaspa, el caro pero maravilloso, el natural, el de todos los días, el clásico, el de restauración, el que olía a frutas del bosque… en fin. La escasez que viví en Venezuela había cambiado mi inconsciente.

El minimalismo es un estilo de vida que trae bienestar y mantiene mis necesidades básicas satisfechas. La escasez, por el contrario, no trae bienestar y nunca satisface totalmente las necesidades básicas de nadie.

Estoy feliz de tener la libertad de ser minimalista de nuevo.  Yo puedo escoger ser minimalista. Nadie escoge sufrir por escasez.

 

Michelle L. Hardy

 

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A new meaning for simple pleasures

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“In the west, the daisy is a symbol of simplicity”.

It’s funny how I once  thought that “the West” meant actually the whole West, all the countries in the Americas, Europe and Africa. Sometime in the past, probably at the university, I realized that “the West” is just USA, Canada, Europe, and sometimes, Australia and New Zealand.The East would be Asia and the islands of the Pacific (sometimes known as Oceania) and the South would be the rest: Latin America and Africa. I also realized a long time ago, that in most political or economic articles from the West, the South doesn’t exist, it’s just West and East, and the rest is an addendum.

Anyway (F.Y.I. I’m writing from a city from that addendum, a city called Caracas) it’s a good thing that I changed my life style to a more simple one some time ago, given my present situation. It’s very convenient that I stopped freaking out if my house didn’t look as the picture that I had in my head, and that I stopped obsessing about having a perfectly designed solution for every need in my life. It’s a good thing, too, that we don’t have as many stuff as we used to have, because we’re comfortable now in our small apartment. So in many ways, living in this city fits my life style.

But in many others it doesn’t. This new mind set of having to buy anything basic that you see at any given moment, is driving me crazy. What am I talking about? Well, in Venezuela there’s a shortage of almost every basic item that you can imagine. What’s a basic item? Something that can make your life hard if you don’t have it. For example: soap, detergent, shampoo, deodorant, toilet paper; milk, chicken, fish (in my case, since my kids don’t like meat), eggs, salt, oil, sugar, butter, flour, etc. So what everybody does is that if you find one of these products with the regulated prices of the government, you buy it. It doesn’t matter that you already have lots of the stuff at home. Sometimes you share it with friends and family.

For example, my brother-in-law, looking at my impressed face when I saw that he was bringing yet another 3 kl pack of detergent, felt the need to explain himself: “Now we can find it, but then, Caracas could be months without detergent ; and what do you do if you can’t wash your clothes?” He also bought a shampoo for my sister-in-law, since she was running out of it, and more tooth paste for us.  I’ve been here for almost two weeks and I already feel like we’re preparing for a war. I told my mom, regarding all the milk that we’ve stocked at home: “But what do I do with so much milk? Please, give some to Jane Doe”, “No, no ” she said, “keep it, you have kids and we don’t know what’s coming”.

Anyway, so far, in these 13 days that we’ve been living here, we’ve had everything. Well, not everything, I had to drink my coffee without cinnamon for 11 days!  But I finally found it two days ago! Yeah!  So, in spite of having to hoard a lot of stuff in my house ( which is not minimalistic at all), I get very happy by the simple pleasures of life, like drinking coffee with cinnamon!  Not that bad for someone that wants a simple, minimalist, life style.

Til’ the next post.

@chicadelpanda

Una simple taza de café

“De verdad, algunas cosas son difíciles de hacer sin plástico;  hacer una taza de café no lo es”.

Annie Leonard

Soy de las que se sale de su camino para pedir café en una taza de verdad, pero no siempre fue así. La primera vez que vi a alguien que tuviera esa costumbre fue en Caracas, en la pastelería Danubio. Me encontraba con una amiga, y ella tenía el empeño de que el café se sirviera en una taza. A mí me pareció muy interesante; tomar café debería ser como tomar té en Inglaterra, o en Japón, un momento importante en que detenemos el mundo para disfrutar (tomar el café en un vasito, con una tapa que no te deja ni olerlo, va en contra de ese propósito).

Ahora, si lo que quieres es llevarte el café para otro lado, puedes llevar tu propio vaso de acero inoxidable con tapa (lo cual tampoco es complicado); y si eres fan de Starbucks, y se te olvidó llevar tu vaso reusable, puedes pedir que te lo sirvan en un mug o taza grande (yo lo hice muchas veces y nunca tuve problemas).  Aquí en Panamá, mi sitio favorito para tomar café es Athanasiou: siempre me lo sirven rico, y por supuesto, en tazas de verdad.

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@chicadelpanda

¿Cuántos libros tendría tu biblioteca?

Walker Library, Minneapolis, Minnesota, Usa

Hace unos años abrí una cuenta en Goodreads y luego la cerré. Pero a finales de 2014, debido a la publicación de Siete Maletas, decidí abrirla de nuevo. Esta vez añadí las reseñas de libros que he realizado a través  de los años, y tuve  un resultado sorpresa: por ahora, soy la #1 Top Reviewer en Panamá. Es como si por fin hubiera encontrado el jueguito on line en el que soy buena.

Para mí, que me he despedido de casi todos mis libros, ya sea por minimalismo o por mudanza, tener todas sus portadas en una biblioteca virtual es como tener un álbum de fotos: cada uno de ellos me trae recuerdos. Por otro lado, hay muchos libros que he sacado de bibliotecas públicas, o que han llegado a mí en formato digital, y que nunca hubieran estado en una biblioteca física de mi propiedad, así que tenerlos todos en un solo sitio, me encanta. Además… yo siempre he querido, o trabajar en una biblioteca, o tener una librería, así que es genial estar en Goodreads, porque es como vivir el sueño de manera virtual.

En Goodreads cada quien tiene una biblioteca general  (My books), la cual tiene tres “estantes” (shelves) básicos: Read (leídos) , Reading (leyendo) y Want to read (quiero leer), pero además puedes añadir los estantes que quieras, es decir, tú puedes crear tus propias categorías. Yo añadí, (en el estante de libros leídos), uno que se llama Picture Books (libros con ilustraciones) en donde incluyo desde comics hasta libros álbum. Este estante es muy especial para mí, porque me trae recuerdos de risas y sonrisas, no solo de cuando era niña o adolescente, sino también de los momentos compartidos con mis hijos leyéndoles libros para dormir.

Se pueden hacer muchas cosas en Goodreads: seguir a autores favoritos, ponerles estrellas  a los libros, recibir recomendaciones (basadas en esas estrellas), enterarse de eventos y promociones, etc. Pero lo mejor es compartir con amigos, leer sus opiniones, las citas que les gustan, los libros que les interesan. Hace tiempo, la gente decía que con ver los libros de la biblioteca de la casa de alguien, te podías hacer una idea de quién vivía allí. Ahora, con la llegada de los libros electrónicos, esa suposición no aplica, y en mi caso,  con tantos amigos que tengo desperdigados por el mundo, lo más probable es que no llegue a conocer sus casas, y aún si lo hiciera, es muy probable que muchos de ellos hayan dejado atrás sus bibliotecas, al igual que yo.

Si eres amante de los libros, aquí te dejo un tutorial corto y facilito, para que tengas tu propia biblioteca virtual. ¿Cuántos libros tendría tu biblioteca? ¿No te gustaría saber?

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle! Gratis por 5 días

Con mucha felicidad les anuncio que

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle Amazon!

Estará gratis del 22 al 26 de noviembre

para que lo bajen y compartan con sus amigos

(mientras más downloads tenga el libro, mayor será su ranking).

¡Que tengan un día espectacular!

Para bajar la aplicación gratis de Kindle haz click aquí: http://amzn.to/1tQtMr

Para bajar el libro haz click en la imagen. ¡Gracias infinitas por tu apoyo!

 

Qué esperar cuando estás esperando un libro – bebé

Qué pena con mi vecina. Me turno con ella para llevar a los niñitos al colegio, y no hay manera que abra la puerta de mi casa cuando ella los viene a traer, sin que vea hacia adentro de mi casa. Miren esta foto y cambien los personajes de Winnie the Pooh por Angry Birds, y en vez de juguetes de bebés, son Minions y Equestria Girls. Así más o menos ha estado mi casa los últimos días. El otro día le dije “tú imagínate que nunca viste esto” y ella me responde “sí, como en Men in Black, me imagino que me estás apuntando la pistolita que  le borra la memoria a la gente” y yo “¡exacto!” y me río con ella. Menos mal que hablamos el mismo idioma.

Lo que sucede es que he estado trabajando en el libro y ya ¡por fin hoy lo envié a Amazon! Dicen que se tardan entre 12  y 48 horas para que lo aprueben y esté disponible a la venta (cruzar los dedos por favor). Es entonces cuando seleccionaré la opción de promoción que hará que el libro salga gratis por cinco días.

En Kindle me piden que haga una descripción del libro. Lo que hice fue hacerla, y además, añadir el prólogo de Maria Sofia Hernández Calanche +  unas palabras bonitas que escribí sobre mí :  )  . Aquí les copio lo que envié a Amazon, para que tengan una idea de lo que trae el libro y de quién es la que teclea desde Panamá.

Puedes bajar la aplicación de lectura de libros de Amazon Kindle completamente gratis  (la cual puedes utilizar desde tu computadora, Ipad o Iphone) en este link: Kindle Download

 

 

 

“Este libro será un gran apoyo para todos los que decidan emprender una aventura,

sea emigrar, casarse, tener familia, o simplemente, vivir”.

Prólogo de Maria Sofía Hernández Calanche:
Leer Siete Maletas fue como tener una ventana al hogar de la autora, poder sentirme parte de cada una de sus experiencias y vivir un pedacito de cada una. Es hermoso, muy completo, con anécdotas que revelan las dificultades y maravillas de ser madre y esposa. Leerlo es como descubrir un milagro nuevo a cada instante; hace sentir que los hijos son capaces de crear universos increíbles solo con una pregunta o un pensamiento, y te lleva a ser tolerante con las diferentes nacionalidades y sucesos acontecidos en cada país. Estoy segura que será un gran apoyo para todos los que decidan emprender una aventura, sea emigrar, casarse, tener familia, o simplemente, vivir.

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Descripción:
Siete Maletas, Nuestras Anécdotas en el Exterior, de Michelle L. Hardy, es un libro de memorias que entre risas y lágrimas narra las experiencias de la familia de la autora en cinco países, durante un período de once años, desde 2003 hasta 2014. Comienza con el inicio de su blog personal, poco después del fuerte terremoto de Chile en febrero de 2010, mientras vivía en su cuarto país en el extranjero. Buscando encontrar un sentido a lo que ha vivido, la autora relata sus experiencias presentes y pasadas. Recuerda por ejemplo, el apagón del Noreste de Estados Unidos cuando vivía en New Jersey, los huracanes en Miami, el Cerro Ávila en Caracas, Venezuela, los paseos en Milán, Italia, las jacarandas en Guadalajara, México y los picos nevados de la majestuosa Cordillera Andina en Santiago, Chile. Sin embargo, el sol sobre el cual giran sus planetas son sus dos hijos, y por ello el libro está salpicado, tanto de anécdotas infantiles divertidas, como de las suyas como mamá, a veces haciendo las cosas bien, a veces haciendo las cosas mal.
Posteriormente la escritora se acuerda de su tatuaje, y retoma su significado, para darle un rumbo diferente, tanto a su quehacer diario, como a sus escritos. Comienza así un proceso de cambio de hábitos para tener un estilo de vida más simple (simplicidad voluntaria), amigable con la naturaleza (más verde, o ecológico) y minimalista (reduciendo la cantidad de bienes materiales). Luego deciden mudarse a Panamá solo con las maletas, por lo que pasan varios meses desprendiéndose de sus cosas y obteniendo insospechadas enseñanzas.
Llegan a Panamá en 2012, en donde, a pesar de ser un país tropical muy similar a su país de origen, se llevan shocks culturales de todo tipo. Más adelante, la proximidad de los cuarenta años, y luego la superación de esa fecha, la obligan a reflexionar sobre el paso del tiempo.
Siete Maletas también habla de la fragilidad de la vida y de los diferentes duelos por los que se atraviesan como ser humano en general (los personales) y como emigrante en particular, (el correspondiente a haber dejado un país que aún se ama instintivamente, así como los relacionados con otros países que se ha aprendido amar). Siete maletas es un libro muy humano, que te encantará leer.

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Sobre la autora: Michelle L. Hardy

Es venezolana y vive con su esposo, sus dos hijos y una gata, en una gran torre con vista al océano y sonidos de tambores, en Ciudad Panamá. Hace mucho tiempo se graduó en Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela, y hace no tanto tiempo, obtuvo un Diplomado en Creación Literaria en la Sociedad General de Escritores de México. Actualmente escribe los blogs Chica del Panda y Rayos de Colores, así como colabora con Inspirulina. Le encantan las palabras y le gustaría aprender muchas más, por eso agradece tanto las que le regalas cuando comentas lo que escribe.

http://www.chicadelpanda.com
@chicadelpanda

Venezolanos casados y sin anillo

 

Estábamos conversando en casa de unos amigos venezolanos que llevan poco tiempo viviendo en Panamá, cuando me doy cuenta que el que está hablando no tiene anillo. “¡Ajá! No tienes anillo” le digo, como quien acaba de descubrir a un niño haciendo una travesura. En el acto su esposa sale a defenderlo, y yo no entiendo nada. Entonces interviene otro de mis amigos venezolanos y dice: “mi esposa por fin entendió por qué yo no quería usar el anillo de matrimonio, cuando a ella misma se lo robaron”. Lo dijo sonriendo, pero serio. No estábamos hablando de una travesura.

Pocos días después, conozco a otra venezolana que también lleva poco tiempo aquí, y me dice que está casada. Habiendo olvidado lo que me habían dicho mis amigos, le digo confundida: “pero no tienes anillo”. “¡Ah!” me responde, “Es que un día saliendo al trabajo en la mañana, me asaltaron y me lo robaron. A mi esposo se lo robaron dos veces. La primera vez, se lo volvió a mandar a hacer. Pero cuando se lo robaron por segunda vez, lo dejó así”. De repente me doy cuenta que el asunto de que las personas casadas en Venezuela (o venezolanos recién emigrados) estén sin anillo no es un asunto aislado, es un patrón. Esto no es normal, pienso tontamente. Mi recién conocida venezolana continúa: “todo esto de los robos ha hecho que sienta menos apego a las cosas. Ya no me complico,  y me lo tomo con calma”. Me quedo impresionada, aun cuando ese pensamiento ya lo hubiera oído muchas veces de parte de  otros venezolanos. Fue como si de repente entendiera la profundidad de lo que ella estaba diciendo.

En el 2010, pasamos la experiencia  del gran terremoto de ese año en Chile. A raíz de eso, me hice más consciente de que la vida se  podía acabar en cualquier momento, pero también caí en cuenta que no era yo sola la que había tenido esa experiencia. Todo un país, millones de personas al mismo tiempo, habían pasado por lo mismo, habían descubierto, o recordado, lo mismo. Ese sentimiento de que se ha pasado por una experiencia similar, ese identificarse en el otro, contribuye a la identidad de un país. Con el asunto de los anillos, me di cuenta de que en Venezuela la gente ha vivido, y sigue viviendo, una experiencia común, que es una combinación de inseguridad física y escasez material, de la cual yo no he sido parte  (pues hace once años, cuando emigramos, ni la inseguridad, ni la escasez, habían llegado a los niveles en que se encuentran ahora).

La venezolana con la que estaba hablando me dijo: “ahora soy mucho más consciente de lo que consumo, no solo porque no sé si luego lo voy a conseguir, sino porque no sé si otra persona lo va a necesitar. Por ejemplo, con las bolsas plásticas desechables. Yo había disminuido mucho su consumo, no por conciencia ecológica, sino porque estaban escasas y no quería dejar sin bolsa a alguien que las necesitara”. Yo estaba tan impresionada con lo que me decía, que casi no me lo creía. Le dije “no era conciencia ecológica, pero sí era otro tipo de conciencia”,  mucho más profunda, me faltó agregar.

Es diferente que uno decida prescindir de algo por voluntad propia, a hacerlo por imposición externa. En el primer caso uno está en control, en el segundo, no. En el primer caso uno se siente con poder sobre la propia vida, en el segundo caso uno se siente vulnerable. Pienso que es en el segundo caso, cuando uno tiene que prescindir de algo por imposición externa, en donde la transformación es más profunda. Jamás pensé que el estar “casada y con anillo” sería algo que marcara la diferencia.

 

@chicadelpanda