Nadando soy feliz

Hace un poco más de año y medio, comencé a nadar en las mañanas. Eso me ayudó a bajar unos kilos extra que tenía encima y me motivó a mantenerme en forma.

Sin embargo, luego de varios meses, tuve que suspender la natación por un tiempo porque tuve un esguince en un tobillo.

Luego la retomé, y ya llevo 10 meses nadando de lunes a viernes.

La natación se ha convertido poco a poco en una parte muy importante de mi vida. Ya no son solo las ganas de estar en forma físicamente. Ahora son las ganas de estar psicológicamente en forma también. La natación se ha convertido en mi terapia, en mi antiansiolítico, en mi antidepresivo, y en mi pastilla para dormir.

Al principio hacía tímidamente veinte minutos. Luego media hora. Un día me atreví a hacer una piscina en estilo mariposa. Luego me extendí a nadar una hora entera, bien despacito (no me fuera a cansar demasiado y terminara desmotivándome). Luego un día hice dos piscinas enteras estilo mariposa.

De repente hoy, sin darme mucha cuenta, hice una hora entera, no despacito, sino a buena marcha, y también, como para ver qué pasaba, hice tres piscinas estilo mariposa (el cual es más difícil y agotador que los otros tres estilos, que son los que hago usualmente).

Puede que mis avances no parezcan gran cosa, pero para mí son enormes. Todavía recuerdo lo cansada que me sentía después de veinte minutos de natación, hace apenas unos pocos meses. Es realmente increíble. La verdad es que nadando, me siento muy feliz.

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