El paquete del presente

Febrero 2018

Mayo 2018

El concepto del tiempo en ficción siempre me ha fascinado porque es símbolo de lo que es el tiempo en la realidad.

Como en la historia de Momo, de Michael Ende, en que los hombres grises quieren que la gente ahorre tiempo en sus bancos, o como en la película In Time, en donde los millonarios viven casi para siempre, mientras los obreros siempre tienen que trabajar para ganar tiempo.

O como en la película The Time Traveler’s Wife, en la que el hombre de la pareja desaparece repentinamente y sin control, para reaparecer en el pasado o futuro, por lo que la esposa siempre tiene que relacionarse con un mismo esposo, pero de diferente edad, dependiendo de la época en la vida en la que él reaparezca. O como en la fenomenal película The Curious Case of Benjamin Button, en que el protagonista, en vez de envejecer, se hace más joven (mientras que el resto de la gente sigue envejeciendo).

Tendemos inconscientemente a pensar que nuestra actual situación es permanente, a pesar de tener toda la experiencia que dice lo contrario. A veces desaprovechamos oportunidades, pensando que estarán allí siempre, y a veces nos dejamos llevar por sentimientos negativos, en la creencia de que una mala situación por la que pasamos, durará para siempre.

Pero todo cambia, para bien o para mal.

Y además, toda situación presente, viene empaquetada con otras situaciones, como un paquete de frutas que compras, en donde casi todas las manzanas están en su punto, pero hay un par podridas…. y viceversa (un paquete en que muchas manzanas están podridas, pero hay un par buenas).

Todo viene en paquete. Cuando uno acepta un cambio, digamos, mudarse de país, uno acepta la emoción de empezar en un nuevo lugar, pero también la nostalgia del sitio anterior.

Cuando uno le da la bienvenida a un cambio, hay que aceptar que aunque el paquete se vea hermoso, va a haber algunas manzanas que no nos gusten.

Perderle el miedo a la parte negativa del paquete es la única manera que tenemos de comenzar algo nuevo.

Al fin y al cabo, todo cambia, sencillamente porque el tiempo existe. No es mejor que uno sea el que escoge el paquete que uno quiere, en vez de dejar que la vida, por inercia, decida por uno?

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La Gran Escritora

A veces no creo en mí misma. Leo y oigo toda esas frases que dicen “cree en ti mismo” (creo que incluso yo misma las he escrito) y pienso, “no. Es que no”.

Es muy fácil creer en uno mismo cuando todo está bien. Pero cuando no, hay que agarrarse de algo más.

A mí no me ha quedado otra alternativa que creer en algo más grande que yo. Es ese Algo que todos sabemos de qué se trata, y al que le hemos puesto muchos nombres.

Cuando vi la película Happy Feet, quedé fascinada con el hecho de que los pingüinos tenían su propia religión, y que Dios era llamado “El Gran Pingüino”. Genial. Yo también necesitaba a un Dios a mi imagen y semejanza. Así que desde hace rato llamo a Dios, cuando rezo, “La Gran Escritora”.

La Gran Escritora, como se imaginarán, va escribiendo mi vida, y yo voy hablando con ella mientras tanto, opinando dónde tenemos que darle más fuerza a la narrativa, cuándo deberíamos poner más acción, dónde hay reforzar el misterio, cuándo dejamos que la historia se ponga triste, etc. Pero además, la Gran Escritora también ME LEE.

Cualquier lector de ficción sabe cuáles son las implicaciones de lo que quiero decir, pero aclaro, por si no eres de ese tipo de gente. Cuando uno lee de verdad, uno siente todo lo que el protagonista siente, vive todo lo que él hace, llora cuando le pasan tragedias y hasta grita de alegría. Eso no sucede con todos los libros, pero cuando nos enganchamos con uno que nos encanta, vivimos a través de los personajes, como Bastián, cuando leía la historia de Atreyu, en la Historia Sin Fin.

Pues así mismo la Gran Escritora vive todo lo que yo vivo: llora cuando yo lloro, ríe cuando yo río. Por eso, aunque he tenido muchos momentos en que me he sentido sola, en las noches, antes de dormir, usualemente me acuerdo de que no lo estoy. Hay alguien allá arriba, leyéndome, acompañándome. Nunca estoy sola.

Así que cuando no creo en mí, creo en la Gran Escritora. En realidad, siempre creo en ella, porque ya tengo bastantes años vividos como para saber que aunque me sienta en la cúspide de la vida, todo  lo que sube baja, así que es mejor creer en algo que siempre sea constante (ya sea que en un momento específico crea en mí, o no).

Por cierto, la Gran Escritora se ve como Emma Thompson en la película Stranger than Fiction, en la que uno de sus personajes es real y la busca para convencerla de que no lo mate.

Hoy la Gran Escritora tenía ganas de bromear conmigo. Me vine a un parque que está cerca de la casa, me quité las sandalias, y me senté en el pasto a oír música y a terminar este texto.

Un hombre como en sus veintes se acercó a mí y me preguntó que si podía hablar conmigo. Nos ponemos a conversar y me cuenta que trabaja y estudia … en comercio internacional (lo que estudió y en lo que trabaja mi esposo).

De verdad Gran Escritora? Te estás riendo?! Te quedó muy divertido, jaja.

Pues sí me hiciste reír. Gracias.

El documental “El lado oscuro del chocolate”

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“Un niño de Burkina Faso puede ser comprado por 230 Euros, y eso sin regatear; el precio incluye el transporte y el uso indefinido del niño. A la mayoría de los niños jamás se les paga”.

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Muchos niños son comprados para trabajar como esclavos en las plantaciones de Costa Marfil y producir el cacao que luego se convierte en el chocolate que comemos. “Los niños no se compran” le dije una vez a mi hija, cuando ella tenía como cuatro años. Legalmente no, pero ilegalmente sí.  Aunque ¿qué importa que sea ilegal o no, si compañías legales como Nestlé, Hershey’s, Mars, Kraft  o Cargill (por nombrar solo algunas) siguen comprando el cacao  de las plantaciones en donde trabajan estos niños esclavos?

No sabemos nada ¿O es que no queremos saber nada? En caso de que sí quieras saber, aquí te dejo el documental “El lado oscuro del chocolate”.

@chicadelpanda

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Los niños pobres de USA , documental de BBC

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En USA

16 millones de niños son pobres

1 en 12 americanos están desempleados

Más de 1.5 millones de niños no tienen casa (homeless)

49 millones de personas  están por debajo de la línea de pobreza

El documental de la BBC muestra la cara infantil de la recesión, del desempleo y de todos los hogares que han tenido que ser abandonados por haber sido reposeídos por los bancos  (foreclosed). Aquí les dejo el video completo:

This World: America’s Poor Kids BBC Documentary

Para más información, ir al reportaje de The Telegraph, This World: America’s Poor Kids BBC

 @chicadelpanda

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El tiempo en la película In Time

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La película de ciencia ficción In Time (2011) , por esas casualidades de la vida, tiene que ver con el libro Inferno de Dan Brown que me acabo de leer, ya que ambos tocan el tema del transhumanismo. La novela de Dan Brown es en el presente, pero uno de sus personajes principales es un científico transhumanista (no digo más, para no arruinarles la lectura). En el caso de la película futurista de In Time, la raza humana ya ha sido modificada genéticamente.

Recomiendo la película, recomiendo el libro, ambos me dejaron pensando. Pero en el caso de la película, el sacudón fue mayor, a lo mejor porque trata el tema del tiempo.

En la  película, la gente está programada genéticamente para dejar de envejecer a los 25 años y tiene un reloj que es parte de su cuerpo. El dinero es el tiempo: un café, cuesta 5 minutos, por ejemplo, y en teoría, la gente puede vivir para siempre, así como en nuestro mundo, en teoría, todos pudiéramos ser millonarios.

A partir de los 25 años las personas tienen que ganarse su tiempo, y el protagonista (Justin Timberlake) siempre ha tenido menos horas en su reloj de lo que tiene el día. Si no trabaja un día, no gana tiempo y muere. Los millonarios, al contrario, son inmortales.

¿Qué tan ricos en tiempo somos? ¿Cuántas veces decimos que no tenemos tiempo? En algunos artículos que he leído sobre la felicidad, y sobre investigaciones que se han hecho en este respecto, dicen que después de cubrir las necesidades básicas, (en cuyo caso, más dinero sí quiere decir más felicidad)  más dinero no quiere decir más felicidad. ¿Será que más tiempo sí da felicidad? Sí, pero tampoco demasiado: los millonarios inmortales de la película no estaban particularmente  felices tampoco.

¿Y entonces qué? Se me ocurre pensar que uno podría analizar el asunto del tiempo, como si fuera dinero:  después de tener cubiertas nuestras necesidades básicas de tiempo (en donde más tiempo sí es más felicidad) , más tiempo, no quiere decir más felicidad.

 

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com

Porque sí

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Hace poco vi una película llamada El Exótico Hotel Marigold, en donde un grupo de jubilados ingleses se va a vivir a la India. Hay un hombre del grupo que destaca por lo bien que pudo adaptarse, mientras que una de las mujeres destaca porque no pudo adaptarse para nada. Ella le pregunta: ¿Cómo puedes soportar este país? ¿Qué ves que yo no veo? Y el le responde: La luz, los colores, me enseñan algo. Y la manera en que la gente ve la vida como un privilegio y no como un derecho.

En estos días aprecio más mi vida. Aprecio más esos minutos que tengo a mi disposición en este espacio de tiempo llamado ahora. Para hacerlo, he tenido que disciplinar mi mente y descartar los pensamientos que se empeñan en hablar del futuro. Sí, también he tenido que ahuyentar los del pasado. Pero en mi caso, me he dado cuenta que se me ha formado un hábito el pensar sobre lo que “voy a hacer”, así que esos son los pensamientos que estoy descartando con más frecuencia.

Estoy haciendo más cosas “porque sí”. Así que “porque sí”  llego hasta aquí con el post de hoy, y los invito a dejar sus comentarios : ) .

Por Michelle Lorena Hardy –  Chicadelpanda.com

El fracaso inteligente

Smart failure for a fast – changing world o fracaso inteligente para un mundo rápidamente cambiante, es el título de la charla de Eddie Obeng que me recordó la película La familia del futuro (Meet the Robinsons) de Disney, en que una familia de genios aplaude a cualquiera de sus miembros cada vez que fallan en un invento. ¡Bravo! ¡Así se falla! Le decían todos a un sorprendido Lewis, el niñito protagonista.

Algo así debería hacerse con los empleados de una compañía que se atreven a hacer algo diferente y fallan. Obeng dice que en vez de despedirlos, debería ser ¡pizza para todos!  En la actualidad, aunque todos los CEOs buscan creatividad, cuando los empleados oyen decir eso a sus jefes,  lo que escuchan es “si haces cosas locas y sale mal, te boto” y  eso hace que no estemos aprendiendo a la misma velocidad en que suceden los cambios. En sus palabras  the pace of change overtakes the pace of learning, la velocidad de los cambios va más rápido que nuestra capacidad de aprendizaje, porque la misma está frenada por el miedo a fallar cuando se buscan soluciones innovadoras.

La charla de Obeng está en sintonía con un documental  argentino  que vi hace poco llamado La educación prohibida, en que se propone que el método tradicional de estar sentado escuchando al profesor está totalmente  desactualizado y desconectado del mundo exterior, ergo, no le da la educación a nuestros hijos que ellos necesitan. ¿Y qué podemos hacer? Pienso que debemos cambiar el paradigma de quién tiene la información, o de que hay solo una manera de hacer las cosas. Nosotros los padres  tenemos algunas respuestas, pero esas podrían ser respuestas correctas para el mundo de antes, no para el de ahora. En caso de certeza, mejor dudemos y escuchemos lo que otros, especialmente los más jóvenes, tienen que decir.

Les recomiendo, tanto la charla de Eddie Obong   Eddie Obeng – Smart failure for a fast changing world  como el documental de la Educación Prohibida que les dejo más abajo.

Por: Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com –