Nadando soy feliz

Hace un poco más de año y medio, comencé a nadar en las mañanas. Eso me ayudó a bajar unos kilos extra que tenía encima y me motivó a mantenerme en forma.

Sin embargo, luego de varios meses, tuve que suspender la natación por un tiempo porque tuve un esguince en un tobillo.

Luego la retomé, y ya llevo 10 meses nadando de lunes a viernes.

La natación se ha convertido poco a poco en una parte muy importante de mi vida. Ya no son solo las ganas de estar en forma físicamente. Ahora son las ganas de estar psicológicamente en forma también. La natación se ha convertido en mi terapia, en mi antiansiolítico, en mi antidepresivo, y en mi pastilla para dormir.

Al principio hacía tímidamente veinte minutos. Luego media hora. Un día me atreví a hacer una piscina en estilo mariposa. Luego me extendí a nadar una hora entera, bien despacito (no me fuera a cansar demasiado y terminara desmotivándome). Luego un día hice dos piscinas enteras estilo mariposa.

De repente hoy, sin darme mucha cuenta, hice una hora entera, no despacito, sino a buena marcha, y también, como para ver qué pasaba, hice tres piscinas estilo mariposa (el cual es más difícil y agotador que los otros tres estilos, que son los que hago usualmente).

Puede que mis avances no parezcan gran cosa, pero para mí son enormes. Todavía recuerdo lo cansada que me sentía después de veinte minutos de natación, hace apenas unos pocos meses. Es realmente increíble. La verdad que nadando, me siento muy feliz.

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Corazonadas

A veces algo sucede, como un evento o comentario inesperado, y se me acelera el corazón. Me cambia el humor, y me encuentro con un torbellino de emociones incómodas.

En el pasado, mi primera respuesta era ignorar lo que estaba pasando y seguir con mi día, ya que no le encontraba una razón lógica a todo aquello. Como no había manera de explicar lo que me pasaba racionalmente, lo ignoraba, dejando que el cerebro tomara las decisiones.

Yo no lo sabía, pero esa taquicardia, ese dolor en el pecho, era mi corazón reaccionando a algo que no le gustaba.

Era una corazonada.

Fue un error no prestarle atención.

Ahora me detengo, tan pronto como pueda, en lo que sea que esté haciendo, para escuchar a mi corazón. Qué me dice? Cómo se siente? Es irracional?

Usualmente la respuesta es sí, es irracional. En el pasado, como no lo entendía, me “tragaba” el sentimiento y lo hacía desaparecer.

Lo que yo no sabía es que los sentimientos tragados no desaparecen. Lo único que se hace es pasarlos de un lugar consciente a otro inconsciente. Lo único que uno hace es moverlos de un lugar a otro.

Ya no me trago más mis sentimientos. Ahora lo que hago es callar a mi cerebro por un rato para dejar que mi corazón hable…

Ilógicamente. Estúpidamente. Débilmente. Cobardemente.

Sea lo que sea que tenga que decir, así sea que a mi cerebro no le guste, lo oigo.

Los sentimientos no tienen lógica.

A veces no entiendo a mi corazón, pero aun así, lo escucho y le hago caso. Prestarle atención a mi corazón, es lo mismo que prestarme atención a mí misma… y vaya que me hace falta.

En bikini en mi casa

En un grupo de Whatsapp dejaron un mensaje esta mañana:

Que tengas un excelente día.

Mmmm… a ver cómo le hago porque …

ya no tengo señora de servicio!!

… y ya hay que limpiar porque ya no puedo seguir caminando por la casa tapándome los ojos para no ver, porque un día de estos me tropiezo y me caigo. Y la técnica de apagar la luz de la cocina para que desaparezca mágicamente el desastre, así como la de cerrar los cuartos de los niñitos para imaginarme que adentro todo está ordenado, ya no está sirviendo tampoco.

Hay que limpiar y además tengo que tener un excelente día. He aquí el problema.

Así que me puse un bikini, le eché agua a esos baños como una loca, me puse oír un libro que me recomendó una amiga mientras limpiaba, y les dejé un mensaje sorpresa a los niñitos para cuando entraran al baño.

Misión lograda! Porque sí tuve un excelente día, ya que después estuve de buen humor hasta la noche, recordándome de la loquera de limpiar en bikini.

Ahora a ver qué hago con el dolor de espalda y de rodillas que me quedó. Menos mal que tengo ibuprofen.

Hasta el próximo post!

Llorar está permitido

Sin sombra no hay luz

Sentimiento Muerto

Muchos de nosotros crecemos sin saber decir que no, o diciéndolo mucho menos de lo que deberíamos. “No” es una palabra antipática, difícil de poner en un contexto bonito o agradable.

He estado pensado en los suicidios de Anthony Bourdain y Avicii. Me pregunto si ellos sabían decir que no, o si lo dijeron cada vez que querían hacerlo.

Yo sospecho que no lo hicieron. Si a mí, que no tengo millones de fans, me cuesta tomar una decisión que me haga impopular, me puedo imaginar que para ellos era titánico hacerlo.

Yo idealicé mucho a ambos, especialmente a Anthony Bourdain. Me pregunto si yo, al igual que todos sus fans, puse un granito de arena para que se suicidara. Porque yo tampoco quería verlo triste, o decaído, o deprimido. Yo quería que siguiera siendo esa luz de alegría que siempre fue en todos sus programas. Me gustaba que fuera sincero con sus opiniones… o al menos, eso creía. En realidad no quería que fuera sincero y dejara de hacer sus programas para dedicarse a tratar su depresión.

Esa actitud, multiplicada por millones de personas que lo admiraban, añadido a toda la gente que tenía trabajo por él, ha debido ser una olla de presión demasiado grande.

Los que se permiten sentir tristeza, no son valorados, se les ve como personas que no aportan, sino que restan. A los deprimidos se les ve como un estorbo.

Creo que debemos despertar ante estos sucesos. Creo que debemos darle permiso a la gente, empezando por nosotros mismos, a ser imperfectos, a ser impopulares, a llorar, a decir que no. En otras palabras, debemos darnos permiso a quitarnos tantas máscaras que nos ponemos encima para que los demás nos quieran, pero que hacen que no nos queramos a nosotros mismos.

Mostrarse débil o triste, es recibido la mayoría de las veces con rechazo, como si nos estuviéramos desnudando delante de alguien, y la persona que nos ve, presurosa, sale a darte su abrigo, diciendo, “ponte esto, rápido, antes de que nadie te vea”. Así reaccionamos muchas veces cuando alguien nos cuenta que está triste o deprimido: “pero mírale el lado positivo, olvídate de eso”, como diciendo, “no quiero ver tu emoción negativa desnuda, ven, ponte esta emoción positiva encima”.

La persona a quien le tengo que caer bien, con la que tengo que quedar bien, a la que tengo que agradar a toda costa, a la que tengo que decir que “sí”, con la que tengo que ser popular, soy yo, porque tengo que vivir conmigo toda la vida. No quiero que algún día, no pueda seguir viviendo conmigo misma y decida acabar con mi propia vida. Si le pasó a Anthony Bourdain, si le pasó a Avicii, me puede pasar a mí también.

Cuando la casa del vecino arde, pon tus barbas en remojo, dicen. Para mí, poner mis barbas en remojo quiere decir cuidar mucho de mi salud mental, dándome la prioridad que me debo. Quiere decir que a quien tengo que aportar primero, antes que a la sociedad, es a mí misma.

Creo que todos deberíamos poner nuestras barbas en remojo, porque esa casa que ardió no es un show de televisión. Fueron las vidas de dos personas reales, que tocaron muchas vidas, inspirándonos. Ojalá que sus muertes hagan que nos demos cuenta de que la depresión es un sufrimiento real, tan real, que la única vía de escape puede llegar a ser la muerte.

Ojalá no sigamos disfrazando nuestras tristezas, ni sigamos esperando que los demás lo hagan. Ojalá aceptemos que las emociones negativas son tan parte esencial de nuestra vida como los son las positivas. Sin sombra no hay luz.

El dolor es lo opuesto al lenguaje

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En una parte de la novela Turtles all the way down de John Green, la psicóloga que atiende a la protagonista (quien sufre de obsesión compulsiva), dice:

Uno de los retos del dolor -físico o psíquico- es que solo podemos acercarnos a éste a través de la metáfora. No puede ser representado como una mesa o un cuerpo. En cierta manera, el dolor es lo opuesto al lenguaje.

Quiero compartir algo que Virginia Wolf escribió: “El inglés, el cual puede expresar los pensamientos de Hamlet y la tragedia de Lear, no tiene palabras para el estremecimiento y el dolor de cabeza … cualquier muchacha que se enamora , tiene a Shakespeare o a Keats para expresar lo que ella siente; pero deja a una persona que sufre que trate de describir el dolor en su mente a un doctor y el lenguaje de inmediato se seca”. Y somos unas criaturas tan basadas en el lenguaje, que hasta cierto punto, no podemos conocer lo que no podemos nombrar. Y así asumimos que no es real.

De allí viene, en mi opinión, tanta incomprensión hacia el sufrimiento ajeno, especialmente, el psíquico, como la depresión, por ejemplo. Como no podemos conocer lo que no podemos nombrar, asumimos que el dolor del otro, no es real.

Hay otra manera para expresar el sufrimiento, aparte de la metáfora: el arte. Recientemente vi una charla en Ted.com en la cual la presentadora, Melissa Walker, explica que las heridas invisibles de la guerra, conocidas en inglés como PTSD, Post Traumatic Stress Dissorder, o Desorden de Stress Post Traumático, pueden ser curadas a través de terapia de arte.

Ella explica que su motivación comenzó al ver cómo su abuelo sufría después de haber regresado de la guerra. Ya en medio de su carrera, ella decidió dedicar su trabajo a ayudar a los veteranos a “hablar” sobre sus experiencias. Cómo iba a convencer a hombres y mujeres duros, militares, a intentar terapia de arte?  Pues sí lo logró, y los veteranos pudieron, por primera vez, expresar sus heridas invisibles.

Intentaron varias técnicas, pero la que más funcionó fue la creación de máscaras. Con la creación de las mismas, el  dolor ya no solo tenía un nombre, sino que tenía una cara.

Aunque no hayamos sido militares en el medio de una guerra, todos llevamos heridas invisibles, algunas más traumáticas que otras. Como otras personas no las ven, podemos caer en la tentación de ignorarlas. Pero las heridas emocionales, así como las heridas físicas, hay que curarlas. Algunas necesitan cirugía y una recuperación larga, otras solo unos primeros auxilios rápidos, pero usualmente no se curan solas.

No poder expresar lo que uno siente hace que uno se quede solo en el dolor. Para que esto no suceda, tenemos el arte y la metáfora. Con cualquiera de ellas nos conectamos con nosotros mismos y con los demás, dándonos la oportunidad de sanar. Cualquier forma creativa se convierte así, para el que pasa el duelo de una pérdida, o ha tenido un trauma, en un verdadero bote salvavidas.

Aquí les dejo la charla de Melissa Walker. Abajo, a la derecha, puedes escoger subtítulos en español.

El paquete del presente

Febrero 2018

Mayo 2018

El concepto del tiempo en ficción siempre me ha fascinado porque es símbolo de lo que es el tiempo en la realidad.

Como en la historia de Momo, de Michael Ende, en que los hombres grises quieren que la gente ahorre tiempo en sus bancos, o como en la película In Time, en donde los millonarios viven casi para siempre, mientras los obreros siempre tienen que trabajar para ganar tiempo.

O como en la película The Time Traveler’s Wife, en la que el hombre de la pareja desaparece repentinamente y sin control, para reaparecer en el pasado o futuro, por lo que la esposa siempre tiene que relacionarse con un mismo esposo, pero de diferente edad, dependiendo de la época en la vida en la que él reaparezca. O como en la fenomenal película The Curious Case of Benjamin Button, en que el protagonista, en vez de envejecer, se hace más joven (mientras que el resto de la gente sigue envejeciendo).

Tendemos inconscientemente a pensar que nuestra actual situación es permanente, a pesar de tener toda la experiencia que dice lo contrario. A veces desaprovechamos oportunidades, pensando que estarán allí siempre, y a veces nos dejamos llevar por sentimientos negativos, en la creencia de que una mala situación por la que pasamos, durará para siempre.

Pero todo cambia, para bien o para mal.

Y además, toda situación presente, viene empaquetada con otras situaciones, como un paquete de frutas que compras, en donde casi todas las manzanas están en su punto, pero hay un par podridas…. y viceversa (un paquete en que muchas manzanas están podridas, pero hay un par buenas).

Todo viene en paquete. Cuando uno acepta un cambio, digamos, mudarse de país, uno acepta la emoción de empezar en un nuevo lugar, pero también la nostalgia del sitio anterior.

Cuando uno le da la bienvenida a un cambio, hay que aceptar que aunque el paquete se vea hermoso, va a haber algunas manzanas que no nos gusten.

Perderle el miedo a la parte negativa del paquete es la única manera que tenemos de comenzar algo nuevo.

Al fin y al cabo, todo cambia, sencillamente porque el tiempo existe. No es mejor que uno sea el que escoge el paquete que uno quiere, en vez de dejar que la vida, por inercia, decida por uno?

Día de las Madres

Mi hijo de ocho años me dio una carta de Feliz Día de las Madres ayer (en México es el 10 de Mayo) que dice:

Te quiero porque:

Eres la mejor.

Me ayudas con cosas.

Me cuidas.

Eres la mejor mamá.

Me enseñas cosas.

También me regaló una taza en la que imprimieron un dibujo suyo, y mi hija mayor, quien ya está en secundaria, me regaló un llavero hecho por ella. En el colegio no hubo celebración, pues hacen una sola en junio, familiar.

Así que ayer no hice nada más que estar en pijama todo el día, viendo Netflix (y preparando comida, etc, el “no hacer nada de las mamás” nunca es literal). Me relajé y compartí con mis hijos.

Hoy, todavía estoy con la sonrisa que apareció en mi cara ayer, después de leer que soy la mejor mamá. Sí soy la mejor mamá! (En que parte del curriculum se pone eso?)

Que tengas un lindo día!