La escaladora

Entre las cosas nuevas que he hecho este año ha sido ir a escalar.

En una de esas ocasiones había cuatro grupos de escaladores: el mío, y tres más. Dos de ellos eran de papás con sus niñas.

Uno de los padres estaba con sus tres hijas de 9, 11 y 13 años. Todas escalaban (por turnos) y tenían camaradería, aunque también peleaban un poco. Había una que ya se había fastidiado y estaba con cara de aburrida, sentada en el suelo.

En la pared justo del lado izquierdo de donde escalaba una de ellas, escalé yo. Era la primera vez que lo hacía de verdad-verdad, pues antes había escalado en otro sitio, pero me entró miedo a los pocos metros, y descendí inmediatamente.

El muro que subí esta vez tenía otra pared a la derecha, medio perpendicular, por lo que me sentí más segura. Cuando iba como por la mitad, de repente tuve un recuerdo de cuando tenía 16 años, e iba con mis amigos a la Quebrada Quintero en el cerro Ávila en Caracas (en donde hay un hueco en la roca para seguir subiendo). ‘Pero si yo sé hacer esto!’ pensé (luego me enteré que cuando hay una roca al lado de la que estás subiendo, eso hace que sea considerado un nivel muy fácil, jaja). Seguí subiendo, pero ya casi al final no supe por donde seguir.

En la pared de la derecha (la que sí era difícil), un poquito más arriba que yo, estaba la niña de 13 años del grupo que les comenté antes. Como ella estaba subiendo una ruta de un nivel relativamente fuerte, llevaba en el mismo sitio como media hora, pensando cómo seguir. Sin embargo, al ver que yo estaba medio confundida, se volteó y me dio recomendaciones: “te puedes agarrar de allí, fíjate”, y yo sorprendida, le di las gracias. Funcionó.

Llegué arriba, descendí, y ella todavía seguía allí, suspendida en las alturas. Sus hermanas, otros escaladores, así como su papá, le gritaban de vez en cuando “muy bien! Tú puedes!” Yo no podía creer lo que veía. La niña llevaba allá arriba muchísimo tiempo, con la misma paciencia y la concentración de Yoda.

Luego me enteré que recientemente había llegado a uno de los primeros lugares de competencia nacional en su rango de edad. Decidí que tenía una nueva heroína. Pure girl power! “Literal”, como diría mi hija.

Hasta el próximo post!

En la parte de abajo de la foto pueden ver un sombrero, que es el papá que estaba haciendo de soporte de seguridad a la niña escaladora.

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La búsqueda de sentido en la vida de pareja

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Cuando alguien decide hacer pareja con otro ser humano, usualmente están enamorados, aunque no siempre.

Tarde o temprano va a ser retador ser pareja de esa otra persona, pues la vida es así, nunca es una permanente felicidad.

Si no hay amor, la pareja se disuelve al llegar un momento difícil, ya que esas situaciones se hacen demasiado pesadas. Para qué pasar por ellas? No tiene sentido.

Sin embargo, si hay amor, se puede vivir casi cualquier cosa. Como dijo F. Nietzsche, citado por Viktor Frankl, en su libro Man’s search for meaning:

He who has a why to live can bear almost any how.

(Aquél que tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo).

Ese porqué, en el caso de las relaciones de pareja, es el amor. Si no hay amor, entonces no hay un por qué, y cualquier situación incómoda se hace insoportable.

No creo que all you need is love, como decía John Lennon. Pero sí creo que, sin amor, la vida de pareja no tiene ningún sentido.

Mi primer viaje sola en diecinueve años (Segunda parte)

Llegamos al Airbnb y me despedí de la conductora de Lyft. Los dueños me habían estado esperando y me invitaron a pasar.

Era una pareja de unos setenta años, con un espíritu muy jovial. Su casa, muy acogedora, no se veía abarrotada, ni tampoco vacía. Tenían un perro y un gato, que también me dieron la bienvenida (el perro, en realidad). Les conté lo que me había pasado con el carro y se mostraron muy empáticos, prometiendo ayudarme con el asunto.

Me ofrecieron algo de tomar, decliné (porque estaba agotada) y me llevaron a mis aposentos por los próximos cinco días: un trailer vintage, que tenían estacionado en el jardín de su casa. Como estábamos en las afueras de Oakhurst, lo que rodeaba el trailer eran árboles y arbustos. Perfecto.

Aunque el trailer era estilo retro, no era viejo. Todo era nuevecito, y decorado con muy buen gusto. Me sentí niña, como si estuviera a punto de entrar a jugar en una casa de juguete, y en cierta manera, así lo fue. Todos los detallitos prácticos, como por ejemplo, una puerta que servía a la vez como puerta del cuarto y del baño (los marcos estaban uno al lado del otro, de forma perpendicular), o la bañera miniatura, me encantaron. Un cartel estilo años setenta que decía: “Roots retro retreat welcomes Michelle”, me hizo sonreír y sentirme en casa.

A la mañana siguiente los dueños me invitaron a pasar a su sala para saludarme. Cuando entré, la señora me presentó a un amigo de ellos que los estaba visitando y quien estaba tocando guitarra con su esposo. Estuvimos hablando de mi situación sin carro, y el amigo de ellos se ofreció para ser mi guía turístico ese día. Acepté, y así fue cómo mi viaje se salvó, ya que mi objetivo principal era ir a ver los milenarios secuoyas, y sin auto no iba a poder llegar.

Primero fuimos a desayunar a Bass Lake, el cual tenía un restaurante a la orilla del lago. Luego comenzamos nuestra aventura a Yosemite.

Las carreteras bordeadas de pinos Redwoods, eran sencillamente, mágicas. Fuimos a ver los puntos turísticos más importantes, como el gran monolito de El Capitán y Glacier Point, y por supuesto, fuimos a ver los secuoyas milenarios, para lo que tuvimos que hacer una corta caminata de aproximadamente una hora. Nos detuvimos en muchos sitios a tomar fotos, y dado el buen humor de mi guía, tuve también muy buena conversación. Me encantó tener la oportunidad de hablar tanto en inglés con un adulto, lo extrañaba.

Sin embargo, no todo fue paisajes de postal. Cerca de Yosemite había un incendio enorme que incluso había hecho que cerraran la carretera a Mariposa, que es el principal sitio turístico para visitar los secuoyas (nosotros fuimos a Tuolumne). También había un espeso humo que cubría casi todo Yosemite, y que impidió que viéramos el paisaje de Glacier Point en su máximo esplendor, por ejemplo. De vez en cuando la capa de humo se levantaba y allí aprovechaba a tomar fotos.

Por otro lado, muchas zonas del parque se habían visto afectadas por incendios en años recientes. Áreas de esplendor verde, que me transmitían una alegría infinita, eran sucedidas por áreas desoladas, totalmente devastadas.

‘Es curioso’, pensé. ‘Si pudiera pintar mi alma en este período de separación y divorcio, plasmaría estos paisajes, uno detrás de otro’. Yosemite se parecía a mí.

La naturaleza tiene peculiaridades muy interesantes. Los árboles milenarios, los gigantescos al secuoyas, necesitan de los incendios para reproducirse, pues solo el fuego es capaz de romper la dura cáscara de sus semillas. Como desafiando la destrucción, no solo le ganan, sino que sacan ventaja de ella.

Yo solo visité Yosemite ese día, pues al día siguiente el humo estaba igual o peor. Poco después cerraron la entrada al parque nacional por veinte días, pues el incendio de Ferguson estaba llegando demasiado cerca.

Continuará…

Nadando soy feliz

Hace un poco más de año y medio, comencé a nadar en las mañanas. Eso me ayudó a bajar unos kilos extra que tenía encima y me motivó a mantenerme en forma.

Sin embargo, luego de varios meses, tuve que suspender la natación por un tiempo porque tuve un esguince en un tobillo.

Luego la retomé, y ya llevo 10 meses nadando de lunes a viernes.

La natación se ha convertido poco a poco en una parte muy importante de mi vida. Ya no son solo las ganas de estar en forma físicamente. Ahora son las ganas de estar psicológicamente en forma también. La natación se ha convertido en mi terapia, en mi antiansiolítico, en mi antidepresivo, y en mi pastilla para dormir.

Al principio hacía tímidamente veinte minutos. Luego media hora. Un día me atreví a hacer una piscina en estilo mariposa. Luego me extendí a nadar una hora entera, bien despacito (no me fuera a cansar demasiado y terminara desmotivándome). Luego un día hice dos piscinas enteras estilo mariposa.

De repente hoy, sin darme mucha cuenta, hice una hora entera, no despacito, sino a buena marcha, y también, como para ver qué pasaba, hice tres piscinas estilo mariposa (el cual es más difícil y agotador que los otros tres estilos, que son los que hago usualmente).

Puede que mis avances no parezcan gran cosa, pero para mí son enormes. Todavía recuerdo lo cansada que me sentía después de veinte minutos de natación, hace apenas unos pocos meses. Es realmente increíble. La verdad es que nadando, me siento muy feliz.

Corazonadas

A veces algo sucede, como un evento o comentario inesperado, y se me acelera el corazón. Me cambia el humor, y me encuentro con un torbellino de emociones incómodas.

En el pasado, mi primera respuesta era ignorar lo que estaba pasando y seguir con mi día, ya que no le encontraba una razón lógica a todo aquello. Como no había manera de explicar lo que me pasaba racionalmente, lo ignoraba, dejando que el cerebro tomara las decisiones.

Yo no lo sabía, pero esa taquicardia, ese dolor en el pecho, era mi corazón reaccionando a algo que no le gustaba.

Era una corazonada.

Fue un error no prestarle atención.

Ahora me detengo, tan pronto como pueda, en lo que sea que esté haciendo, para escuchar a mi corazón. Qué me dice? Cómo se siente? Es irracional?

Usualmente la respuesta es sí, es irracional. En el pasado, como no lo entendía, me “tragaba” el sentimiento y lo hacía desaparecer.

Lo que yo no sabía es que los sentimientos tragados no desaparecen. Lo único que se hace es pasarlos de un lugar consciente a otro inconsciente. Lo único que uno hace es moverlos de un lugar a otro.

Ya no me trago más mis sentimientos. Ahora lo que hago es callar a mi cerebro por un rato para dejar que mi corazón hable…

Ilógicamente. Estúpidamente. Débilmente. Cobardemente.

Sea lo que sea que tenga que decir, así sea que a mi cerebro no le guste, lo oigo.

Los sentimientos no tienen lógica.

A veces no entiendo a mi corazón, pero aun así, lo escucho y le hago caso. Prestarle atención a mi corazón, es lo mismo que prestarme atención a mí misma… y vaya que me hace falta.

En bikini en mi casa

En un grupo de Whatsapp dejaron un mensaje esta mañana:

Que tengas un excelente día.

Mmmm… a ver cómo le hago porque …

ya no tengo señora de servicio!!

… y ya hay que limpiar porque ya no puedo seguir caminando por la casa tapándome los ojos para no ver, porque un día de estos me tropiezo y me caigo. Y la técnica de apagar la luz de la cocina para que desaparezca mágicamente el desastre, así como la de cerrar los cuartos de los niñitos para imaginarme que adentro todo está ordenado, ya no está sirviendo tampoco.

Hay que limpiar y además tengo que tener un excelente día. He aquí el problema.

Así que me puse un bikini, le eché agua a esos baños como una loca, me puse oír un libro que me recomendó una amiga mientras limpiaba, y les dejé un mensaje sorpresa a los niñitos para cuando entraran al baño.

Misión lograda! Porque sí tuve un excelente día, ya que después estuve de buen humor hasta la noche, recordándome de la loquera de limpiar en bikini.

Ahora a ver qué hago con el dolor de espalda y de rodillas que me quedó. Menos mal que tengo ibuprofen.

Hasta el próximo post!

Llorar está permitido

Sin sombra no hay luz

Sentimiento Muerto

Muchos de nosotros crecemos sin saber decir que no, o diciéndolo mucho menos de lo que deberíamos. “No” es una palabra antipática, difícil de poner en un contexto bonito o agradable.

He estado pensado en los suicidios de Anthony Bourdain y Avicii. Me pregunto si ellos sabían decir que no, o si lo dijeron cada vez que querían hacerlo.

Yo sospecho que no lo hicieron. Si a mí, que no tengo millones de fans, me cuesta tomar una decisión que me haga impopular, me puedo imaginar que para ellos era titánico hacerlo.

Yo idealicé mucho a ambos, especialmente a Anthony Bourdain. Me pregunto si yo, al igual que todos sus fans, puse un granito de arena para que se suicidara. Porque yo tampoco quería verlo triste, o decaído, o deprimido. Yo quería que siguiera siendo esa luz de alegría que siempre fue en todos sus programas. Me gustaba que fuera sincero con sus opiniones… o al menos, eso creía. En realidad no quería que fuera sincero y dejara de hacer sus programas para dedicarse a tratar su depresión.

Esa actitud, multiplicada por millones de personas que lo admiraban, añadido a toda la gente que tenía trabajo por él, ha debido ser una olla de presión demasiado grande.

Los que se permiten sentir tristeza, no son valorados, se les ve como personas que no aportan, sino que restan. A los deprimidos se les ve como un estorbo.

Creo que debemos despertar ante estos sucesos. Creo que debemos darle permiso a la gente, empezando por nosotros mismos, a ser imperfectos, a ser impopulares, a llorar, a decir que no. En otras palabras, debemos darnos permiso a quitarnos tantas máscaras que nos ponemos encima para que los demás nos quieran, pero que hacen que no nos queramos a nosotros mismos.

Mostrarse débil o triste, es recibido la mayoría de las veces con rechazo, como si nos estuviéramos desnudando delante de alguien, y la persona que nos ve, presurosa, sale a darte su abrigo, diciendo, “ponte esto, rápido, antes de que nadie te vea”. Así reaccionamos muchas veces cuando alguien nos cuenta que está triste o deprimido: “pero mírale el lado positivo, olvídate de eso”, como diciendo, “no quiero ver tu emoción negativa desnuda, ven, ponte esta emoción positiva encima”.

La persona a quien le tengo que caer bien, con la que tengo que quedar bien, a la que tengo que agradar a toda costa, a la que tengo que decir que “sí”, con la que tengo que ser popular, soy yo, porque tengo que vivir conmigo toda la vida. No quiero que algún día, no pueda seguir viviendo conmigo misma y decida acabar con mi propia vida. Si le pasó a Anthony Bourdain, si le pasó a Avicii, me puede pasar a mí también.

Cuando la casa del vecino arde, pon tus barbas en remojo, dicen. Para mí, poner mis barbas en remojo quiere decir cuidar mucho de mi salud mental, dándome la prioridad que me debo. Quiere decir que a quien tengo que aportar primero, antes que a la sociedad, es a mí misma.

Creo que todos deberíamos poner nuestras barbas en remojo, porque esa casa que ardió no es un show de televisión. Fueron las vidas de dos personas reales, que tocaron muchas vidas, inspirándonos. Ojalá que sus muertes hagan que nos demos cuenta de que la depresión es un sufrimiento real, tan real, que la única vía de escape puede llegar a ser la muerte.

Ojalá no sigamos disfrazando nuestras tristezas, ni sigamos esperando que los demás lo hagan. Ojalá aceptemos que las emociones negativas son tan parte esencial de nuestra vida como los son las positivas. Sin sombra no hay luz.