Favor tomar precauciones con estos perros que parecen inofensivos

Mientras estaba en la playa mi mamá me mandó un mensaje terrible: la bebé de una persona conocida, había sido atacada por un  perro salchicha mientras dormía. Era la bebé de una mamá igual que yo, la misma cosa, una persona que ama y se preocupa por sus hijos. Estoy segura que, al igual que yo, ni se imaginaba lo terrible que pueden ser esos perros. ¿Quién se lo hubiera imaginado? Yo no. Ni tampoco ninguna de las personas que conozco que los tienen como mascotas.

Lo que pasó fue tan terrible que hasta pensé que tenía que haber alguien enfermo de la cabeza, un psicópata detrás de ello. Un animal doméstico, juguetón y cariñoso, no podía haber hecho eso. Luego recordé un video* que vi hace poco sobre la compasión en que decía que la lástima está en contra de la compasión. La lástima hace que te conmuevas, pero te inmobiliza. La compasión te conmueve, pero hace que vuelvas a tu estado inicial de una manera rápida, para ver qué se puede hacer.

Así que pensé, calma, deja de llorar. ¿Qué puedes hacer? No tenía la menor idea. Ok, empecemos por averiguar qué es esto. “Sausage dogs” escribí en internet. Poco después conseguí unos artículos. Nótese que no encontré ninguno en español y que estos son de 2008, lo cual podría explicar un poco la desinformación sobre este asunto.

Lista de los perros más peligrosos ( Dachshund es el perro salchicha).

Para más información vayan a los siguientes links:

Sausage dogs are the most aggressive dogs

Why sausage dogs are really just legged fiends

Por Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

* La charla sobre compasión  está en ted.com,  Joan Halifax – Ted talk

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Casa despelote el domingo

Mi casa es un completo despelote los fines de semana. Especifiquemos: es un desorden absoluto, parece que hubiera pasado un terremoto la noche anterior (y lo digo con base, de verdad pasamos uno aquí en Chile en el 2010). Los juguetes van y vienen, se quedan pegados al piso, a los cojines, al sofá y a cualquier mueble. Yo creo que es parte de ser mamá , ¿¡O será que mis hijos son los únicos que arman semejante mayhem?!

Se me ocurrió decirle a mi hija que cada juguete debía tener  un lugar, una casa. Claro que ella no captó que era una metáfora, así que la niña decidió que cada grupo de juguetes (menos mal, ha podido haber sido cada juguete) tenía que tener una casa de verdad, así que lleva como tres días haciendo “casas”, que lo que hace es generar más desorden aún .

Y pues… confieso que soy adicta a mi nana.  De lunes a viernes mi casa está funcionando normalmente y luego el fin de semana ¡Cataplun!  Ya dicha la confesión terrible, les cuento también un diálogo de la película  Sex and city 2: estaban hablando la abogada que tiene un hijo, con la que tiene dos niñitas chiquitas, y la segunda le cuenta a la primera algo así como: dejé a mi esposo con mi nana mientras estoy de viaje, y ella es super atractiva. Me vine pensando que qué pasaría si ellos dos hicieran cosas que no deben… mi primer pensamiento fue … (suspiro) … ¡Que no me podía quedar sin mi nana! Y las dos se mueren de a risa. Para mí, por supuesto, es  la mejor parte de toda la película.

@chicadelpanda

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A ver si adivinas

¿Qué hace una señora con la cabeza metida en la parte de atrás de un auto,  con el resto del cuerpo afuera?

Está esperando a que su hijo de año y medio termine de masajearle el pelo para que se quede dormido en su asiento y no llore más.
¿Qué hace un bebé de año y medio con la mano metida en la boca de su hermana mayor?

Está tratando de sacarle el último Pirulín (chocolate venezolano) que ella se acaba de comer.

… y finalmente

¿Qué hace un bebé feliz con un cuchillo en la mano?

Está disfrutando su triunfo. Su mamá finalmente se lo dio después de unos  larguísimos  minutos tratando de hacerle entender qué era lo que quería: untar Nutella a la panqueca con un cuchillo, igual que su hermana (nada de cucharas, ni similares). Pero no se preocupen, la mamá no está tan loca (todavía). El “cuchillo” es para niños y no corta.

Por Michelle Lorena Hardy  –  Chicadelpanda.com

Esas bicicletas con cuento

A los siete años tuve mi primera bicicleta. Fue muy emocionante, con rueditas. Luego como a los 11  me regalaron la segunda: una herencia de un tío, color negra, que yo, para hacerla más “femenina”, traté de pintar con un spray rojo, lo que resultó en una cosa horrorosa que más bien parecía de un niñito de barrio pobre. Pero yo feliz, tenía una bicicleta pues.

Cuando le  dije a mi mamá y mi papá, hace unos años, que qué horror, que cómo era que mi hermana sí había tenido su flamante bicicleta nueva, con cestita y todo, mientras que yo no, ellos me respondieron:  ¡Pero si tú nunca la pediste!

A todas estas yo, con la boca abierta que me llegaba al piso, no supe qué responder. Tenían razón ¿Cómo es posible que yo pensara que ellos tenían que saber qué era lo que quería yo? No, por Dios, estudio de mercado por delante, es decir, carta al Niño al Jesús: “tú no la pediste”. Creo que si me hubiera puesto a buscar más en los archivos de la casa de mis papás (es decir, un millón de cartas, tarjetas y fotos) seguro la tienen por ahí como evidencia, la  prueba final de que son inocentes.

Estoy segura que tampoco les mortificaba la cosa en lo más mínimo. Yo nunca vi ni a mi mamá ni a mi papá, andar en bicicleta. No, mi familia no era de esas de “vamos a montar bicicleta el domingo” , no no, más bien era  “nos vamos de viaje, cada una con sus pasatiempos y libros pa’ que no fastidien ¿Sí?”  Claro que el “pa’ que no fastidien” lo agrego yo hoy, en esa época yo inocentemente pensaba: tan chéveres mis papás, quieren que sus hijas sean inteligentes, pero ahora sé la verdad. ¡No señores! No era eso, era para que no fastidiáramos y de eso me di cuenta una vez que estaba yo, con mis hijos, desesperada en un aeropuerto esperando un vuelo, cuando me vino el pensamiento “pero qué pilas mi papá que nos ponía a hacer pasatiempos y a leer…”

Volvamos al tema. Hoy mi hija de siete años, sorprendentemente, nos dice que ella quiere aprender a andar en bicicleta sin rueditas. Buscamos su bicicleta – con telarañas casi – y cuando se subió a ella, las rodillas le llegaban a la barbilla. Así que salimos en cambote, todos juntos  a comprarle una bicicleta. Total que la niña hasta lloró porque no había la que ella quería, y de repente vimos una para mujer  y, en vez de comprarle la bicicleta a ella, me la compré  mí. ¡Yuuupiiii!

Regresé a casa bicicleteando, y mis hijos fueron igual de felices con unos peluches de Angry Birds. ¿Qué tal? Después de 30 años  ¡Tengo mi segunda bicicleta nueva!  De verdad que me tengo que tomar en serio eso de no seguir posponiendo las cosas.

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¡A hacer reír a nuestros bebés!

¿Me creerían si les digo que se pueden criar bebés resilientes? Según Boris Cyrulnik,  (libro Los Patitos Feos) sí. Resiliencia es la capacidad de hacer frente a la adversidad, así que  ¿Qué tiene que ver eso con bebés? Primero, el hecho de tener a alguien que los cuide y los ame, hace que sean más resilientes, y supongo que eso no extraña a nadie. Pero aquí viene lo interesante. ¡Resulta que los bebés que se ríen son más resilientes que los que no!

A los bebés lo que les causa risa es algo que los desconcierta de alguien que conocen. Por eso se ríen con las morisquetas hechas por su hermanita, por ejemplo. También se ríen  de algo que primero les da un poquito de miedo, pero luego, al ver que no pasa nada, se relajan y se ríen, como el famoso juego de peek -a-boo!  -¿Dónde está mi mamá?  ¡Ahí está! También levantarlos en brazos, o hacer como si volaran, hace que primero se asusten un poco, pero que luego se rían.  Lo mismo cuando un familiar sale de la nada y les dice ¡Buuu!, se asustan y luego se ríen. Así los bebés aprenden que uno se puede reír de algo que da miedo, al mismo tiempo que hace que se costumbren a  situaciones imprevistas. Pero el autor  dice que debe ser alguien conocido el que trate de hacer que se rían, porque un desconocido puede hacer que se pongan a llorar.

In a nutshell,

si hago reír a mi bebé hoy, él  será una persona más fuerte mañana,

¡Qué chévere! ¿No?

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Surfeando hijos

Cuando tuve  mi primera hija, recuerdo haber pensado que había una conspiración de nuestras mamás y papás, que había mantenido en secreto lo difícil que era tener hijos. Seguro que nunca nos habían dicho cómo  era la situación en realidad, para que no nos acobardáramos, y no los dejáramos sin nietos.

Hoy mi primera hija tiene 5 años, y aunque ya no parece tan difícil, a veces siento que estoy en un mar de muchas olas que se supone que tengo que surfear, pero que no tengo la fuerza, ni el conocimiento, ni las ganas para hacerlo. ¡Y ahora es que te falta! me han dicho muchas veces, y me consuelo pensando que los hijos no nacen crecidos y que uno va creciendo con ellos. (Es decir, de aquí a allá, ya sabré qué hacer).

Creo que ésa es la clave, seguir creciendo. ¿Pero cómo hace uno para seguir creciendo si se le va a uno el día en cotidianidades? Al menos alguien tiene esperanza en mí: mi hija. Ayer me preguntó, de nuevo, que qué quería ser yo cuando fuera grande. Mmmm… a ver, cuando sea grande quiero ser… y le respondí. Disculpen, pero eso queda entre mi hija y yo.

Por Michelle Lorena Hardy – Chicadelpanda.com