Mi Credo

Av. universidad

Creo en el amor, el pegamento que lo une todo, lo que conocemos y lo que no sabemos que existe.

Creo en Dios, o la Diosa, quien me creó, me cuida, y no tiene sexo.

Creo en la tolerancia, el asidero del respeto.

Creo en la amabilidad, fuente de alegría rutinaria.

Creo que el valor de un ser humano, reside en simplemente serlo.

Creo que lo que define a una persona, son sus principios.

Creo que todos tenemos el derecho de vivir en dónde, y cómo, más nos guste.

Creo que ser mamá, es una vocación.

Creo en el poder infinito de las palabras.

Creo en la simplicidad voluntaria, como la ruta para domar la complejidad de mi mente.

Creo que los humanos somos al mismo tiempo, importantes e insignificantes.

Creo que mientras esté respirando, sigo ganando este gran juego que se llama vida.

Creo que cuando mi cuerpo muera, mi alma seguirá viviendo,

y que cuando eso pase, me enteraré del sentido, de todo lo que hoy no entiendo.

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A new meaning for simple pleasures

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“In the west, the daisy is a symbol of simplicity”.

It’s funny how I once  thought that “the West” meant actually the whole West, all the countries in the Americas, Europe and Africa. Sometime in the past, probably at the university, I realized that “the West” is just USA, Canada, Europe, and sometimes, Australia and New Zealand.The East would be Asia and the islands of the Pacific (sometimes known as Oceania) and the South would be the rest: Latin America and Africa. I also realized a long time ago, that in most political or economic articles from the West, the South doesn’t exist, it’s just West and East, and the rest is an addendum.

Anyway (F.Y.I. I’m writing from a city from that addendum, a city called Caracas) it’s a good thing that I changed my life style to a more simple one some time ago, given my present situation. It’s very convenient that I stopped freaking out if my house didn’t look as the picture that I had in my head, and that I stopped obsessing about having a perfectly designed solution for every need in my life. It’s a good thing, too, that we don’t have as many stuff as we used to have, because we’re comfortable now in our small apartment. So in many ways, living in this city fits my life style.

But in many others it doesn’t. This new mind set of having to buy anything basic that you see at any given moment, is driving me crazy. What am I talking about? Well, in Venezuela there’s a shortage of almost every basic item that you can imagine. What’s a basic item? Something that can make your life hard if you don’t have it. For example: soap, detergent, shampoo, deodorant, toilet paper; milk, chicken, fish (in my case, since my kids don’t like meat), eggs, salt, oil, sugar, butter, flour, etc. So what everybody does is that if you find one of these products with the regulated prices of the government, you buy it. It doesn’t matter that you already have lots of the stuff at home. Sometimes you share it with friends and family.

For example, my brother-in-law, looking at my impressed face when I saw that he was bringing yet another 3 kl pack of detergent, felt the need to explain himself: “Now we can find it, but then, Caracas could be months without detergent ; and what do you do if you can’t wash your clothes?” He also bought a shampoo for my sister-in-law, since she was running out of it, and more tooth paste for us.  I’ve been here for almost two weeks and I already feel like we’re preparing for a war. I told my mom, regarding all the milk that we’ve stocked at home: “But what do I do with so much milk? Please, give some to Jane Doe”, “No, no ” she said, “keep it, you have kids and we don’t know what’s coming”.

Anyway, so far, in these 13 days that we’ve been living here, we’ve had everything. Well, not everything, I had to drink my coffee without cinnamon for 11 days!  But I finally found it two days ago! Yeah!  So, in spite of having to hoard a lot of stuff in my house ( which is not minimalistic at all), I get very happy by the simple pleasures of life, like drinking coffee with cinnamon!  Not that bad for someone that wants a simple, minimalist, life style.

Til’ the next post.

@chicadelpanda

Una simple taza de café

“De verdad, algunas cosas son difíciles de hacer sin plástico;  hacer una taza de café no lo es”.

Annie Leonard

Soy de las que se sale de su camino para pedir café en una taza de verdad, pero no siempre fue así. La primera vez que vi a alguien que tuviera esa costumbre fue en Caracas, en la pastelería Danubio. Me encontraba con una amiga, y ella tenía el empeño de que el café se sirviera en una taza. A mí me pareció muy interesante; tomar café debería ser como tomar té en Inglaterra, o en Japón, un momento importante en que detenemos el mundo para disfrutar (tomar el café en un vasito, con una tapa que no te deja ni olerlo, va en contra de ese propósito).

Ahora, si lo que quieres es llevarte el café para otro lado, puedes llevar tu propio vaso de acero inoxidable con tapa (lo cual tampoco es complicado); y si eres fan de Starbucks, y se te olvidó llevar tu vaso reusable, puedes pedir que te lo sirvan en un mug o taza grande (yo lo hice muchas veces y nunca tuve problemas).  Aquí en Panamá, mi sitio favorito para tomar café es Athanasiou: siempre me lo sirven rico, y por supuesto, en tazas de verdad.

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@chicadelpanda

Cómo usar servilletas de tela a diario sin complicarse la vida

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“Ya no se consiguen servilletas,” me dice mi mamá, quien vive en Caracas, “así que le dije a tu papá: haremos como Michelle, usaremos servilletas de tela”. El asunto es que hace unos cuatro años me cambié de usar servilletas de papel (las compraba en Costco al por mayor y necesitaba media alacena para guardarlas) a usar servilletas de tela, las cuales ocupan menos de media gaveta (o cajón) de la cocina. Ya no gastamos dinero en eso, y además, puedo imaginarme a la cantidad de paquetes de servillletas de papel que hubiera usado mi familia de cuatro personas en cuatro años, y me siento bien, no solo por la disminución de basura generada, sino porque también me imagino a todos los árboles que viven felices sin tener que ser cortados para convertirse en servilletas.

Entonces, ¿Cómo hacer tremendo cambio en la rutina de la casa?

1- Busca tus servilletas de tela, esas que te regaló alguien alguna vez y nunca usaste. Si no tienes, compra una docena, por lo menos (saca la cuenta de cuántas usarías según la cantidad de personas vivan contigo y cuántas veces a la semana lavas ropa). Las mejores que yo haya usado son las de la tienda Ama de Casa de los Palos Grandes en Caracas, pues casi ni se arrugan ni si deterioran con el tiempo. No encontré información sobre esas servilletas en internet, así que tomé una foto a algunas de las mías (ver arriba). Las prefiero unicolores porque así son más fácil de combinar con manteles o con los individuales.

2-Dóblalas y guárdalas en su nueva gaveta en la cocina, para tenerlas a mano.

3-Cuando vayas a servir la mesa (dado que estamos hablando de usarlas a diario), te recomiendo ponerlas en el medio  (en un servilletero, o como más te guste), para que así la persona que necesite usar una, la tome. De esa manera no hace lavarlas todas, como sería en el caso de colocar una en cada puesto.

4-Toma las servilletas usadas y lánzalas olímpicamente a la lavadora. Luego, cuando vayas a lavar la ropa, ya ellas estarán allí, y se lavarán sin que te enteres. Al sacar la ropa de la lavadora, sacarás las servilletas también, y seguirán el mismo destino de la ropa, ya sea colgarlas para que sequen, o meterlas en la secadora, para después doblarlas y colocarlas en su respectiva gaveta. (Aunque creo que no hacen falta los siguientes tips, los doy por si acaso: no mezclar la lavada de servilletas con ropa íntima, y si hay alguien enfermo en la casa, lavar las servilletas aparte).

Respecto a planchar las servilletas de tela: yo casi no plancho (lo cual tiene más que ver con que no me gusta hacerlo, que con ninguna consideración ecológica), así que para mí las servilletas que les mencioné antes han sido salvadoras porque no hace falta plancharlas, y salen sin arrugas de la secadora (aunque he disminuido el uso de la secadora a casi la mitad, aun la utilizo). Pero eso depende de los gustos de cada quien.

Espero que este artículo te sea de utilidad. Ojalá te cambies a las servilletas de tela, yo lo hice y jamás me he arrepentido. ¡Que tengas un gran día!

@chicadelpanda

Música mágica

Ayer estaba oyendo en la radio una canción que me encanta que dice así: “If I live to see the Seven Wonders…” Como estaba estacionada escribí la frase en el buscador del Iphone, para averiguar quién la cantaba. No funcionaba el internet, se me había acabado la data. Esta mañana, mientras desayunaba, me acordé y la busqué ¡Fleet Wood Mac 1987! ¡El kilometraje que llevo! ¿Cómo es que a estas alturas en 2014 es que me entero quién canta esta canción? Viajé al pasado en mi mente, y tuve una sensación de que todo iba más lento. Es que en realidad, todo era realmente más lento en aquella época. Se me salió la cédula, como dicen en Venezuela  (¡Apenas 11 millones! ¿Por cuánto irán ya? ¿20?)

¿Cómo hubiera hecho en los ochentas para saber quién cantaba esa canción? Preguntando a alguien, o probablemente averiguando en una disquera. Mi conocimiento musical contemporáneo se limitaba a Mecano, Hombres G, U2, Bangles, Aditus, Madonna, Juan Luis Guerra y 4:40, Soda Stereo y algún que otro cantante o grupo más. De resto, oía las canciones (como la que mencioné) pero no sabía quién las cantaba. Ver un video musical era toda una experiencia, una novedad. Compartíamos cassettes grabados, y por ahí también amplié un poco más el espectro musical.  Todo esto es para recordar que si en aquella época nos hubieran dicho que desde un teléfono móvil (que tampoco existía) íbamos a poder, no solo buscar información de un cantante, sino además oírlo, verlo, y hasta mandarle un mensaje directo de admiración si queríamos, nos hubiera parecido increíble, mentira, magia (¿Tocadiscos, radio, teléfono, televisión, biblioteca, cornetas, correo, periódicos, revistas, Betamax, mapas, parabólica, alarma, reloj, calculadora, fotocopiadora, traductor, walkie talkie, Atari, agenda, libreta de notas, brújula, computadora, walkman, linterna y máquina de escribir en un mismo sitio? Por favor. ¿Y una especie de chismógrafo que se llama “Facebook” con las fotos y videos de tus amigos? ¿También? ¿De qué tamaño me dices que es? Jaja, imposible. Ahora seguro me dices que llamas y le ves la cara a la persona con la que estás hablando también).

He estado utilizando este aparatico mágico que es el Iphone para revivir esos momentos musicales. Ahora que es navidad, también he puesto aguinaldos venezolanos y música navideña en inglés (S, mi hijo de cuatro años se despertó ayer cantando “Niño lindo, ante ti mi lindo, jeje). Cuando oigo la palabra “navidad” siempre la asocio con música. Música que hace que el tiempo vaya más lento, que repare en la armonía de una canción, en su letra. Que trae recuerdos, pero que también hace que el momento presente sea más intenso. Anteayer compramos un arbolito de verdad y lo pusimos en el salón. Pusimos música desde Youtube, y S buscó su almohada y una sábana. Luego se acostó en el sofá, dispuesto a pasar la noche allí. Era un momento mágico y él no lo iba a pasar alto. Y claro está, yo tampoco.

@chicadelpanda

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle! Gratis por 5 días

Con mucha felicidad les anuncio que

¡Ya está disponible “Siete Maletas” en Kindle Amazon!

Estará gratis del 22 al 26 de noviembre

para que lo bajen y compartan con sus amigos

(mientras más downloads tenga el libro, mayor será su ranking).

¡Que tengan un día espectacular!

Para bajar la aplicación gratis de Kindle haz click aquí: http://amzn.to/1tQtMr

Para bajar el libro haz click en la imagen. ¡Gracias infinitas por tu apoyo!

 

Qué esperar cuando estás esperando un libro – bebé

Qué pena con mi vecina. Me turno con ella para llevar a los niñitos al colegio, y no hay manera que abra la puerta de mi casa cuando ella los viene a traer, sin que vea hacia adentro de mi casa. Miren esta foto y cambien los personajes de Winnie the Pooh por Angry Birds, y en vez de juguetes de bebés, son Minions y Equestria Girls. Así más o menos ha estado mi casa los últimos días. El otro día le dije “tú imagínate que nunca viste esto” y ella me responde “sí, como en Men in Black, me imagino que me estás apuntando la pistolita que  le borra la memoria a la gente” y yo “¡exacto!” y me río con ella. Menos mal que hablamos el mismo idioma.

Lo que sucede es que he estado trabajando en el libro y ya ¡por fin hoy lo envié a Amazon! Dicen que se tardan entre 12  y 48 horas para que lo aprueben y esté disponible a la venta (cruzar los dedos por favor). Es entonces cuando seleccionaré la opción de promoción que hará que el libro salga gratis por cinco días.

En Kindle me piden que haga una descripción del libro. Lo que hice fue hacerla, y además, añadir el prólogo de Maria Sofia Hernández Calanche +  unas palabras bonitas que escribí sobre mí :  )  . Aquí les copio lo que envié a Amazon, para que tengan una idea de lo que trae el libro y de quién es la que teclea desde Panamá.

Puedes bajar la aplicación de lectura de libros de Amazon Kindle completamente gratis  (la cual puedes utilizar desde tu computadora, Ipad o Iphone) en este link: Kindle Download

 

 

 

“Este libro será un gran apoyo para todos los que decidan emprender una aventura,

sea emigrar, casarse, tener familia, o simplemente, vivir”.

Prólogo de Maria Sofía Hernández Calanche:
Leer Siete Maletas fue como tener una ventana al hogar de la autora, poder sentirme parte de cada una de sus experiencias y vivir un pedacito de cada una. Es hermoso, muy completo, con anécdotas que revelan las dificultades y maravillas de ser madre y esposa. Leerlo es como descubrir un milagro nuevo a cada instante; hace sentir que los hijos son capaces de crear universos increíbles solo con una pregunta o un pensamiento, y te lleva a ser tolerante con las diferentes nacionalidades y sucesos acontecidos en cada país. Estoy segura que será un gran apoyo para todos los que decidan emprender una aventura, sea emigrar, casarse, tener familia, o simplemente, vivir.

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Descripción:
Siete Maletas, Nuestras Anécdotas en el Exterior, de Michelle L. Hardy, es un libro de memorias que entre risas y lágrimas narra las experiencias de la familia de la autora en cinco países, durante un período de once años, desde 2003 hasta 2014. Comienza con el inicio de su blog personal, poco después del fuerte terremoto de Chile en febrero de 2010, mientras vivía en su cuarto país en el extranjero. Buscando encontrar un sentido a lo que ha vivido, la autora relata sus experiencias presentes y pasadas. Recuerda por ejemplo, el apagón del Noreste de Estados Unidos cuando vivía en New Jersey, los huracanes en Miami, el Cerro Ávila en Caracas, Venezuela, los paseos en Milán, Italia, las jacarandas en Guadalajara, México y los picos nevados de la majestuosa Cordillera Andina en Santiago, Chile. Sin embargo, el sol sobre el cual giran sus planetas son sus dos hijos, y por ello el libro está salpicado, tanto de anécdotas infantiles divertidas, como de las suyas como mamá, a veces haciendo las cosas bien, a veces haciendo las cosas mal.
Posteriormente la escritora se acuerda de su tatuaje, y retoma su significado, para darle un rumbo diferente, tanto a su quehacer diario, como a sus escritos. Comienza así un proceso de cambio de hábitos para tener un estilo de vida más simple (simplicidad voluntaria), amigable con la naturaleza (más verde, o ecológico) y minimalista (reduciendo la cantidad de bienes materiales). Luego deciden mudarse a Panamá solo con las maletas, por lo que pasan varios meses desprendiéndose de sus cosas y obteniendo insospechadas enseñanzas.
Llegan a Panamá en 2012, en donde, a pesar de ser un país tropical muy similar a su país de origen, se llevan shocks culturales de todo tipo. Más adelante, la proximidad de los cuarenta años, y luego la superación de esa fecha, la obligan a reflexionar sobre el paso del tiempo.
Siete Maletas también habla de la fragilidad de la vida y de los diferentes duelos por los que se atraviesan como ser humano en general (los personales) y como emigrante en particular, (el correspondiente a haber dejado un país que aún se ama instintivamente, así como los relacionados con otros países que se ha aprendido amar). Siete maletas es un libro muy humano, que te encantará leer.

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Sobre la autora: Michelle L. Hardy

Es venezolana y vive con su esposo, sus dos hijos y una gata, en una gran torre con vista al océano y sonidos de tambores, en Ciudad Panamá. Hace mucho tiempo se graduó en Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela, y hace no tanto tiempo, obtuvo un Diplomado en Creación Literaria en la Sociedad General de Escritores de México. Actualmente escribe los blogs Chica del Panda y Rayos de Colores, así como colabora con Inspirulina. Le encantan las palabras y le gustaría aprender muchas más, por eso agradece tanto las que le regalas cuando comentas lo que escribe.

http://www.chicadelpanda.com
@chicadelpanda