Busco voluntarios para corregir el borrador de OTRA MALETA

El libro digital OTRA MALETA

está en construcción y estoy buscando voluntarios que me ayuden a corregirlo!

Si te interesa, escríbeme a michelle_hardy13@yahoo.com

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Dejar a un país solo

La paz puede ser fea cuando supone el silencio, la opresión y el sufrimiento. Es la paz que le encanta a los dictadores: te callas, te someto.

Si la paz puede ser fea, puede la guerra ser bonita?

Recientemente vi la película histórica “The Darkest Hour”, sobre la participación de Winston Churchill en la Segunda Mundial.

Cuando Hitler aun no había invadido el Gran Bretaña, el gobierno británico tuvo que decidir si negociar con Hitler o no.

Hoy día esa decisión parece fácil, pero en el momento no lo fue. Negociar con Hitler traía la ilusión de la paz. No hacerlo era guerra segura.

En la película, Churchill, siempre tan decidido en todo, dudó ante esta diatriba. El rey le dice que piense en qué haría el pueblo, y Churchill decide tomar el metro de Londres por primera vez en su vida, sin séquito, solo (esta parte del metro es ficción).

Cuando los pasajeros lo reconocen, lo saludan con respeto y él se pone a hablar con ellos. Les pregunta qué harían ellos. Negociarían con Hitler?

Lo que escuchó fue a un pueblo que no tenía ninguna duda: NO. Lucharían en las calles ellos mismos, así fuera necesario. Después de ese encuentro, Churchill no dudó más, y luego dijo una frase en la película (no sé si es históricamente cierta) que me heló los huesos: “Uno no negocia con un tigre cuando tiene tu cabeza en su boca”.

Más adelante, Estados Unidos, quien había permanecido neutral, entró en la Segunda Guerra. Sin la participación de este país, el Reino Unido también hubiera sucumbido ante Hitler, no importa cuán heroicos hubieran sido sus ciudadanos.

Algo que no sale en la película es que para vencer a Hitler, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, tuvieron que aliarse con Stalin. En otras palabras, dadas las circunstancias extremas, tuvieron que unirse con Rusia, un país con el cual jamás se hubieran aliado, de no haber estado en guerra.

A mí todo esto me recuerda tanto a la situación venezolana de 2019. Tanto se critica la intervención de Estados Unidos en Venezuela, y no se dan cuenta que el país está en circunstancias extremas, y que aunque Estados Unidos quiera “hacer negocio” con su petróleo (seguir haciendo, en realidad, ya que es una relación de necesidad y ganancia mutua), la alternativa a no recibir ayuda extranjera (la que sea necesaria, ya sea humanitaria o militar) es la muerte de miles de venezolanos.

Puede la guerra ser bonita? No lo creo; pero a veces las opción es entre morir peleando, o morir de hambre y mengua. La situación de Venezuela es desesperada, y causa gran indignación ver cómo tanta gente cae en el simplismo de pensar que “hay que dejar que los venezolanos solucionen sus problemas ellos mismos”. Sé que es difícil enfrentarse con la realidad de que las ideas de uno sobre cómo debe ser el mundo (en este caso, el socialismo) no son sino una fantasía creada por ciertas personas con sed de poder. Es más difícil aun renunciar a esas utopías cuando vives en un país que escogió a un presidente socialista, como lo es México. Nadie quiere que le quiten la ilusión de un futuro mejor, y aceptar que el socialismo es una desgracia en Venezuela, quiere decir que el socialismo también será una desgracia en México. Entiendo que es más cómodo creer la fantasía, que enfrentar la realidad; pero la realidad va a tocar la puerta tarde o temprano, y taparse los ojos ante ésta, no va a hacer que se vaya para otro lado.

https://www.cinemablend.com/news/1731500/did-that-pivotal-darkest-hour-scene-really-happen-joe-wright-fills-us-in

El significado de la palabra lujo en Venezuela

 

El tigre Tony de Zucaritas es símbolo de ganas, positivismo, optimismo y energía. Por lo menos, así parece a primera vista. En una segunda vista, cualquier venezolano puede testificar que es también símbolo de que aún algo que es muy fuerte, puede caer. En una tercera vista, es símbolo de lo que se da por sentado en muchos países, pero que en Venezuela puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Yo, en este mismo blog, hace años, llamé la atención sobre la inutilidad de las cajas de cartón en que vienen estos cereales, las cuales no tienen ninguna otra función que hacer el producto más mercadeable. Asimismo, señalé su exceso de azúcar y maíz transgénico. En otra palabras, criticaba el exceso de consumo capitalista, el cual lleva a contaminación ambiental, obesidad, diabetes, etc. El capitalismo enferma, sí, sobre todo si no eres consciente de lo que consumes.

Pero el socialismo, en contraste, no enferma, sino que mata impunemente, y no hay conciencia ecológica, o educación en materia de salud, que valga.

El gigante Kellogg’s cayó bajo el machete del socialismo bolivariano, al igual que lo hizo la gran mayoría de la industria alimenticia venezolana. Ya Venezuela no puede producir lo que come, y tampoco puede comprarlo a otros países, porque la narco-revolución también atacó a la industria petrolera (la cual es prácticamente la única industria que trae dólares al país, mediante la venta de petróleo y derivados).

Cuántos niños venezolanos no estarían vivos hoy, si hubieran podido desayunar con Zucaritas y leche todos los días. Cuántos niños no estarían vivos con apenas una arepa con huevo al día, o con apenas un plato de arroz con caraotas (frijoles negros).

En la Venezuela de 2019 es un lujo capitalista un plato de cereal con leche. Es eso un lujo en México? No. Es por eso que no se puede comparar, ni de cerca, la situación actual de Venezuela con la de México.

Los venezolanos son fuertes, pero aun el más fuerte necesita ayuda en situaciones extremas. Sin comida y sin  medicinas, así seas el tigre Tony, te caes, y si pasas mucho tiempo así, te mueres.

La maldad de los criminales que están aun en el poder en Venezuela es tan grande, que están poniendo a los cuerpos armados que les son fieles, como obstáculos a la ayuda humanitaria que está llegando desde el exterior. Bloquear ayuda humanitaria es un acto de guerra, y al pueblo venezolano no le va a quedar otra, sino defenderse. Pero, cómo te defiendes si no tienes armas? Tienes que pedir ayuda a quien sí las tenga, o implorar al enemigo a que no dispare.

Ojalá Venezuela pueda levantarse, fuerte, algún día, pero hoy lo que necesita es una mano amiga para que no termine de sucumbir.

 

Para más información :

https://www.google.com.pa/amp/amp.noticias.caracoltv.com/mundo/en-venezuela-hay-productos-que-suben-de-precio-hasta-dos-veces-en-el-dia-segun-ciudadanos

Kelloggs se va de Venezuela después de medio siglo: https://elpais.com/internacional/2018/05/15/actualidad/1526419600_916808.html

https://www.forbes.com.mx/maduro-bloquea-ayuda-humanitaria-a-venezuela-guaido-pide-a-militares-que-la-liberen/

Un pequeño ciudadano global

De nuevo mi hijo tiene un acto de fin de curso en su colegio.

De nuevo, una situación incómoda.

Sé que a la mayoría de la gente le gustan estos actos, pero no son mis favoritos, ni para mí, ni para S, mi hijo de ocho años.

Esto tiene que ver con dos cosas: primero, S, odia disfrazarse. Solo logré hacer que lo hiciera sin problemas hasta los tres años, pero después, cada vez que hay un evento en que hay que ponerse así sea un sombrero, es un drama. No lo disfruta nada, sino todo lo contrario. Pasa un mal momento y hace que los que estén alrededor tampoco la pasen bien. Si disfrazarse ayuda al niño a socializar y a divertirse le veo el sentido, pero si no, no.

Por otro lado está el asunto de la identidad. Como él mismo dijo (dado que el acto es folclórico), “yo ni siquiera soy mexicano”.

No es que no le guste México, a él le encanta estar aquí, sobretodo después de haber pasado un año en Caracas, en que casi no salíamos a ninguna parte por la inseguridad. Pero él está bien claro de que este tipo de actos no fueron planeados con él en mente.

Él también recuerda sus actos patrióticos en Panamá, disfrazado de panameño, y de paso, sabe que oficialmente es chileno (pues nació en Chile), que es venezolano por sus padres, y que además es italiano por su familia paterna. El niño tiene oficialmente tres nacionalidades, ninguna de las cuales es mexicana. Y, por si fuera poco, sus primeras memorias no son de ninguna de ellas sino de Panamá, donde vivió desde los dos hasta los cinco años.

Yo no le veo ningún sentido a obligarlo a presentarse al acto de fin de curso. Si le sirviera de algo lo haría, pero no veo cómo puede ayudarle el acto de fin de curso a convivir en comunidad. Obligarlo a sentirse parte de algo de lo cual no se siente parte, no logra nada.

Es posible que él en el futuro se entusiasme por participar en actos culturales por su propia iniciativa. Pero uno no se identifica con un país porque se lo imponen. Es un proceso que a veces lleva años y que quizás nunca se complete.

Es posible que S siempre se sienta ciudadano global, o puede ser que se identifique con algún sitio o varios. Pero no es algo que sucede rápidamente. Ser paciente con él y darle el tiempo que necesita es lo mejor que puedo hacer ahora.

Foto: mural en frente del restaurant venezolano Guayoyo en Querétaro.

Estoy afuera

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Del otro lado de la muerte,

sabré si he sido una palabra o alguien.

Jorge Luis Borges

“Del otro lado de la muerte, ya no sabremos nada! No será necesario,” me responde rápidamente la persona a quien le leí esos versos. Yo le repliqué:

-No sabes, ¿O es que ya estuviste ahí?

-Me he asomado tantito.

-¿Cómo es eso?

-En los momentos malos.

-?

-Sí, cuando te sientes mal, cuando te sientes en crisis, cuando sientes que te mueres, es un poco como si te asomaras a un más allá en el que no hay vida física. ¿No?

-No se, creo que nunca me he sentido “como si me muero”.

-Nunca la has pasado tan mal, que podrías usar la expresión “como que me muero”.

-Como que me quiero morir, o como que me muero, no.

Esa conversación me hizo sentir extraña. Por un lado, me sentí culpable por no haber pasado nunca por un momento tan extremo. Pero por otro lado, me sentí muy afortunada. A lo mejor soy de las pocas personas que nunca se ha sentido así. No lo sé.

Sin  embargo, sí he pasado muchas veces por momentos en que he estado convencida de que me iba a morir. El primero fue en 1986, cuando tenía doce años (aclaratoria: no teníamos computadoras, ni internet, ni celulares… pero sí teníamos electricidad, no crean. Es que el otro día se fue la luz, y mi hijo de ocho años dijo, pensando en voz alta, mirando hacia la ventana, con cara de seriedad: “así es que tenía que vivir la gente en los ochentas …).

Sigamos con el cuento. Yo estaba en un grupo scout, y nos fuimos como treinta chamos con sus guías a una cueva llamada Alfredo Jahn. La idea era explorarla en dos horas y quedarnos a pasar la noche afuera, en carpas.

Entramos a la cueva al mediodía, como si estuviéramos en una de esas cavernas de cuentos y epopeyas. Era una entrada de varios metros de alto, grande. Poco después nos adentramos a un túnel que tenía un río en el medio, también de varios metros de alto y ancho. Nosotros íbamos bordeándolo, siguiendo los  pasos de los que teníamos en frente.

Llegamos a una zona de pequeñas cascadas con vegetación, en donde había un gran hueco por donde pasaba luz. Todos nos metimos al agua, vestidos por supuesto, a pasar por detrás de ellas, disfrutando del pequeño paraíso. Más adelante llegamos a una estancia llena de murciélagos dormidos, que se despertaron volando por todas parte cuando nos vieron llegar. Un poco después llegamos al arrastradero.

El arrastradero era un túnel bajísimo de varios metros de largo, por el que teníamos que pasar arrastrándonos, ya que ni gateando pasábamos. Por allí nos metimos y llegamos a un laberinto de túneles en donde podíamos estar parados, pero que no eran más anchos que un metro y medio. Por allí llegamos a salas de estalactitas y estalagmitas que parecían sacadas de una película de Indiana Jones, y luego tuvimos que adentrarnos a una parte en donde el túnel se ensanchaba, y por donde pasaba un río tan profundo que a mí me llegaba por el hombro (en esa época mediría 1.50 m). Así llegamos a lo que supuestamente iba a ser la salida, para encontrarnos con la sorpresa de que había tanta agua que ésta estaba bloqueada.

Así que nos dispusimos a devolvernos, para salir por donde habíamos entrado.

Pues nos perdimos regresando. Primero en los laberintos de túneles estrechos y cuando por fin encontramos el arrastradero, seguimos perdidos en los túneles grandes. Recuerdo un agotamiento gigante, que probablemente tenía fiebre y que tenía mucha hambre. Después de mucho tiempo, por fin llegamos a un claro, en la cueva, desde donde podíamos ver el cielo (pero no podíamos salir). Allí nos sentamos a descansar y algunos designados fueron a buscar una salida.

Recuerdo ese momento como una pintura. La luz de la luna entrando por el gran hueco de varios metros, todos agotados, callados. Yo pensando en la ironía de ver el cielo, pero no poder salir. ¿Sería que no íbamos a salir jamás? Ya llevábamos muchas horas caminando. Más adelante supe que estuvimos doce horas perdidos dentro de la cueva.

Al rato llegaron los que estaban explorando diciendo que habían encontrado una salida, diferente a por donde habíamos entrado. Así que nos dirigimos hacia allá: era un pequeño hueco de no más de medio metro de alto.

Por allí me metí, y cuando salí de ese hueco, sentí lo que era la libertad por primera vez en mi vida. Era medianoche y lo primero que hice fue alzar los ojos para ver el cielo infinito y estrellado, que se apreciaba a través del denso foliage tropical.

Estábamos vivos y afuera. Qué felicidad.

A veces, cuando comienzo a angustiarme en un día cualquiera, cierro los ojos, y me imagino saliendo por aquel hueco de nuevo, y vuelvo a sentir esa felicidad infinita de saber que estoy viva. Vuelvo a ver el cielo estrellado entre los árboles. Sonrío y me acuerdo que estoy afuera … y viva.

Foto de: https://www.tripadvisor.com.ve/LocationPhotoDirectLink-g1050304-d6731709-i100972741-Alfredo_Jahn_Cave-Higuerote_Capital_Region.html

“Cada quien debería comprar lo que quiera y ya”

Desde que nos mudamos a Caracas, mis hijos me han repetido varias veces que no les gustan los carteles publicitarios gigantescos (muy capitalistas) que hay por toda la ciudad (dizque socialista). Ayer S, de 5 años, me pregunta que para qué los ponen, y yo le digo que es porque hay mucha gente que quiere que compres cosas, como en la tele cuando te dicen que vayas a comprar un juguete. Entonces me responde: “pues no deberían ponerlos, cada quien debería comprar lo que quiera y ya”. Él no sabe que su afirmación, tan inocente y sencilla tiene una gran profundidad.

El capitalismo quiere que compres cada vez más y el socialismo quiere que compres cada vez menos. El socialismo quiere hacerte creer que serás feliz siendo pobre, mientras que el capitalismo quiere hacerte creer que serás feliz siendo rico. Ambos paradigmas son falacias, pero el socialismo es peor porque te obliga a ser pobre o a tener mentalidad de pobre (que es la manera de pensar cuando hay escasez de algo esencial, como dinero, comida o medicinas). Es por eso que la escasez es un arma de control: porque le quita poder al individuo sobre su propia vida. Todo el poder sobre su bienestar lo tiene el Estado.

El 6 de diciembre voy a votar. Pero si me pusieran una pistola en la cabeza, votaría por el gobierno, pues mi sobrevivencia, y sobre todo la de mis hijos, están primero. Esa realidad  duele, da rabia, pero es la situación de muchos venezolanos, quienes  votan por el chavismo porque de no hacerlo, su sobrevivencia, o la de sus seres queridos, estaría comprometida. Muchos venezolanos, aunque quieran votar por la oposición, sencillamente, no pueden. Es por eso que, como dicen los americanos, “el juego no está ganado hasta que termina” y no debería darse por sentado que la oposición vaya a ganar  las próximas elecciones legislativas. El miedo y la necesidad podrían cambiar el final del juego.

La humillación de ser mujer en Venezuela

a poceta

Ayer leí en Facebook este post:

Hace un par de días en el Farmatodo de Los Palos Grandes, una niña de 13 años hacía su cola para comprar toallas sanitarias. Cuando le toca pagar, la cajera le dice que no puede comprarlas. La razón? Es menor de edad. La niña insiste en que las necesita y la cajera también insiste en la imposibilidad de adquirirlas. Luego de un par de minutos la niña se arma de valor, se sube el suéter y le muestra el pantalón ensangrentado en la entrepierna y le ruega se las venda. La indignación y protesta del resto de los clientes hace que finalmente la cajera se las venda. La niña abandona el Farmamierda, humillada entre lágrimas.

Es humillante incluso escribir este post, porque la menstruación de una mujer es lo más íntimo de uno, pero alguien tiene q levantar la voz (sé que es particularmente desagradable para los hombres este asunto; pero si es “desagradable” para los hombres, es mil veces peor las mujeres: es HUMILLANTE. Respecto al caso en q una niña de trece años tuvo q enseñar su entrepierna ensangrentada para q le vendieran unas toallas sanitarias (porq los menores de edad no pueden comprar productos regulados en Venezuela): lo peor es que yo estoy sorprendida de q había toallas sanitarias en esa farmacia. Desde que llegué a Caracas hace dos meses y medio, yo personalmente solo he visto una vez toallas sanitarias. Esa vez , apenas me di cuenta, hice una cola de unas cinco personas, y cuando llegué a donde estaba el tipo repartiéndolas, ya la última se la habían dado a la persona antes de mí. Yo tengo toallas sanitarias porq aun me quedan de las q traje de Panamá y porq otras personas me las han conseguido (familiares o bachaqueros, o “contactos” … piensen en lo terrible q esto: hace falta tener contactos o caridad de familiares o amigos para tener unas toallas sanitarias tipo regular, que además, no le sirven a las personas de flujo abundante -como yo- …y los tampones simplemente no existen) Cuando oigo decir “hay que adaptarse a lo que hay”, yo quisiera saber cómo se adapta cualquier mujer, niña o adolescente a no tener toallas sanitarias. Yo quisiera saber qué están haciendo las niñas y adolescentes q no tienen contactos ; dejan de ir al colegio? Qué hace una mujer trabajadora? Deja de ir al trabajo? Qué hace una mamá con una , dos, tres o más hijas q ya se desarrollaron?

Publiqué lo anterior en Facebook y una amiga respondió a mi pregunta: Tienes razón en todo lo que dices, y a pesar de que lo estás viviendo hace relativamente poco, te voy a contar mi experiencia al respecto…. Antes de irme de Venezuela hace ya tal vez unos 3 años tuvimos crisis de escasez de toallas sanitarias y me di cuenta en ese momento porque al igual que tu siempre tenía reserva de los viajes, y digo me di cuenta porque cuando comencé a indagar me di cuenta de que no era la primera crisis de escasez, para mi pesar descubrí que la situación llevaba tiempo, fue entonces cuando decidí preguntarle a la gente de limpieza de la oficina en la cual trabajaba para entonces y a la secretaria que eran de recursos más restringidos como hacían con esa situación, pues porque uno puede dejar de comer cosas con repercusiones en la salud claro, pero es que no podemos dejar de ser mujeres todos los meses de nuestras vidas… y fue entonces cuando comencé a entender porque Venezuela está como está y porque yo era parte de una minoría que nunca iba a llegar a ser mayoría… y ahí va respuesta de dicho personal de la oficina en un tono súper relajado y más bien de como si yo estuviera haciendo una pregunta idiota… “pues obvio… nos reportamos enfermas al trabajo y nos quedamos en la pocera todo el día… por el tiempo que le dure a cada quien”…. así que si piensas que lo habías oído y visto todo te dejo mi cuento, por lo cual, aunque lo lamente mucho, no me extraña el tuyo… Saludos.